29 de marzo de 2012
BUENOS AIRES.- La postura argentina frente a las Malvinas debe persistir sólida en torno a tres ejes: el reclamo de nuestros derechos de soberanía imprescriptibles, la negociación constante con el Reino Unido y un compromiso serio para fomentar nuestra empatía con los isleños.
Nuestra soberanía se funda en los argumentos geográficos, históricos y jurídicos que la República Argentina ha esgrimido y perfeccionado a lo largo del tiempo.
La resolución de la Asamblea General, 2065, de 1965, durante la presidencia de Arturo Illia, es un hito en la historia del diferendo, como lo marcó asimismo en 1964, el representante ante las Naciones Unidas de ese gobierno, José María Ruda, al sostener ante el Comité de Descolonización que Malvinas no debía encuadrarse dentro de las pautas clásicas de descolonización, lo que trajo así una precisión ignorada hasta entonces respecto de la situación en territorios ocupados.
Sencillamente, el principio de autodeterminación no corresponde si quienes se arrogan ejercerlo son ciudadanos británicos injertados por la fuerza en 1833, tras desalojar a los argentinos del lugar.
La soberanía, además, debe ejercerse activamente, respecto del territorio y de todas la actividades desplegadas en la región, a través de la regulación y el control activos de los recursos naturales, condiciones laborales, sanitarias, y ambientales, tanto frente a actos de agentes estatales extranjeros como de particulares, cualquiera sea su nacionalidad.
Los intentos de negociación con Londres deben ser incesantes. Debemos proseguir presionando a Gran Bretaña a discutir razonablemente lo que más le interesa, la explotación de los recursos naturales pesqueros e hidrocarburíferos a descubrir y la proyección sobre la Antártida.
En estas áreas existen márgenes no despreciables que nos habilitan a desplegar estrategias políticas, que no impliquen ni ganancias o pérdidas absolutas.
La voluntad política que emana del apoyo indiscutido que la región otorga a nuestro reclamo puede brindar en este momento una excelente oportunidad para ello y debe cultivarse con esmero. En estas discusiones, tampoco debemos renunciar al sustento moral de nuestra posición.
El colonialismo es hoy, para todos, una rémora de otros tiempos, y la conciencia jurídica y política contemporánea no lo admite. Finalmente, y como he mencionado en otras oportunidades, la Argentina debe implementar políticas capaces de suscitar un acercamiento a los habitantes de las islas.
Entre ellas proponemos la creación de medios de comunicación bilingues y de gestión plural, un plan que facilite e incentive el empleo de argentinos continentales en las Islas y de isleños en nuestro país, la posibilidad de participar en nuestras elecciones, un centro de documentación para que puedan acceder a su documento y pasaporte argentinos, la puesta en marcha de una casa de la cultura argentina en las islas, el lanzamiento de programas de intercambio académicos y culturales y el fomento del transporte y el comercio, incluso mucho más allá de los vuelos regulares con bandera nacional anunciados por la Presidenta.
El reclamo sobre las Islas Malvinas y la zona circundante es una política de Estado y la "Declaración de Ushuaia" que aprobamos en el Congreso de la Nación durante la última sesión renueva este compromiso.
Sin embargo, las estrategias para conducir esta política han variado significativamente de gobierno a gobierno, desde la cuidada labor diplomática de Illia, pasando por la estupidez bélica de la dictadura, las remesas de osos de peluche del menemismo y las recientes presiones a empresas para que no importen productos de origen británico. El espectro de estrategias es inmenso y si damos una discusión seria y razonable, las oportunidades abiertas aún son muchas.
Nuestra apuesta es un camino soberano de activa participación democrática y respeto irrestricto de los derechos humanos.
* Por Ricardo Gil Lavedra, Presidente del bloque de diputados nacionales de la UCR.
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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