7 de abril de 2010
En el mediodía de ayer el Tribunal Criminal Nº 1 ventiló su veredicto acerca de la responsabilidad penal de un hombre acusado de abusar en reiteradas oportunidades de sus dos hijastras entre los años 1999 a 2004.
Como se había informado, el fiscal Gustavo Morey había solicitado la pena de 15 años de prisión, mientras que la Defensa del acusado, a cargo del doctor Claudio Castaño, había exigido su absolución, o subsidiariamente que los delitos que se le endilgan fuesen modificados en su calificación.
En la sentencia, los jueces Gustavo Echeverría, Guillermo Arecha y Pablo Galli, condenaron al hombre de 46 años (actualmente alojado en la Unidad 37), a la pena de nueve años de prisión, como autor penalmente responsable del delito de “Abuso sexual abuso sexual gravemente ultrajante agravado y abuso sexual agravado en concurso real, hechos cometidos en Tandil en el período que va entre 1998 y 2004, en perjuicio de las dos menores.
Para los jueces tras el debate se contó con un pilar constituido por las dos declaraciones base de ambas hermanas víctimas, y las mismas reunieron todos los requisitos exigidos por la doctrina especializada en el análisis de testimonios de menores abusados: consistencia lógica y coherencia en los relatos, engranaje contextual; clara definición y descripción de las interacciones; y una total verosimilitud en sus dichos.
A ello, se le sumaron los testimonios de la progenitora y de la perito psicóloga María Eugenia Navarro, por lo que todo ello conduce a una “única conclusión posible que es la absoluta veracidad de los relatos efectuados por ambas víctimas”.
Por todo, el Tribunal dio por plenamente probada la autoría y responsabilidad del acusado en los hechos.
FUNDAMENTOS
Ya abordando los fundamentos, el juez Echeverría junto a sus pares afirmó que quedó acreditado que en al menos cinco oportunidades en el período que va entre el 98 y 2004, en ocasiones en horas de la siesta y otras veces en horas de la noche, el hombre que estaba a cargo de la educación y la guarda y aprovechando la convivencia preexistente, con significación sexual y para desahogar su sexualidad efectuó tocamientos en distintas partes pudendas del cuerpo –incluyendo la vagina- de las menores (una nacida el 24 de mayo de 1988 y la otra el 6 de febrero de 1995), y en oportunidades también se hizo tocar su pene con las manos de las mencionadas, y en al menos tres de estas oportunidades introdujo sus dedos en la vagina, le tocó la cola, además de otros actos aberrantes descriptos, todo esto ocurrido en distintos domicilios de esta ciudad.
Se añadió que para cometer los hechos, el sujeto aprovechó la relación de concubinato que sostuvo con la madre de las chicas, en el intervalo que transcurrió entre los años 1997 y 2002 -fruto de esa unión nació otra niña-, como consecuencia de lo cual convivieron también en ese grupo familiar los hijos anteriores de la mujer, razón por la cual a lo largo de ese lapso este sujeto ejerció la guarda sobre todos los menores junto a su concubina y fue el encargado de brindar la educación a los mismos, inclusive con posterioridad a la separación de ambos concubinos, cuando se mantuvo el trato y cuidado sobre los hijos por un tiempo más, y entre los meses de julio y septiembre de 2004 ante la internación de la madre en el Centro de Salud Mental de Tandil, se hizo cargo del cuidado de una de las víctimas.
EL APORTE DE LA PERITO
La declaración testimonial de la Licenciada María Eugenia Navarro –perito psicóloga- prestada en la sala de audiencias, fue muy tomada en cuenta por el Tribunal.
Se tomó nota de los dichos de la especialista, cuando dijo que los relatos fueron coincidentes con lo que habían relatado en la causa. Que los dichos de la mayor era más inhibido con mucha angustia, mientras que la menor llegó a relatar los hechos de violencia y de abuso espontáneamente. En las dos se reflejaron hechos de contenido sexual y de violencia física. Que no aparecía la culpa en las dos pero si la angustia.
Sobre los test, indicó que la víctima solo dibujaba contornos en las figuras, que generalmente en los niños de esa edad siempre hay mas detalles, mientras que aquí los cuerpos aparecían mutilados compatible con un indicio de victimización.
“No hay en las figuras diferenciación de sexo, niños y niñas todos igual, hay un rechazo a plantear la diferenciación sexual en un gráfico. Que en todas las historias que construye el tema es el desamparo, la tristeza, el abandono, algo totalmente inusual”.
Un relato desgarrador
Del fallo se transcribe uno de los relatos de las víctimas escuchados durante la entrevista en la Cámara Gesell, que no hace otra cosa que darle un contenido desgarrador a lo que padecieron durante años y ahora, en su caso, ya mayor de edad (hoy 21 años), puede contarlo, ni sin angustia, según el aporte que supo dar también la perito psicóloga que intervino.
La joven relató que actualmente tiene 21 años de edad. Que el acusado empezó a vivir con el grupo familiar cuando vivían en calle Alsina entre Uriburu y Pellegrini. Allí ella apenas tenía ocho años.
Recordó que las cosas empezaron a pasar por primera vez, el jugaba con “nosotras”, que jugaban al “don pirulero”. Que en esas circunstancias les tocaba “la pochola”, que así fue como empezó todo, las tocaba a su hermana y a ella, que para esa época su otra hermana era chiquita.
Que esto de “la pochola” era un juego para ellas, que en ese juego les tocaba por debajo de la bombacha. Luego ya a partir de los diez años, le empezaron a pasar mas cosas, la mayoría de las veces de noche
Reseñó que el padrastro aprovechaba los viajes que su mamá realizaba a La Plata, y allí él la hacía acostar en la cama de su mamá. Así, cuando llegaba la noche el acusado la tocaba “toda”. Admitió que en un principio la testigo no sabía que eso estaba mal.
Que en una de estas oportunidades le hizo tocarle con su mano el pene. Que otra noche también, sintió que el le pasó un trapo por atrás de la cola. Que en la oportunidad antes referida “por la tarde” también, le metió la mano por debajo de la bombacha y la manoseó toda. Que en dicha oportunidad luego le dijo “vamos”, porque “si tu mama nos ve nos va a matar”.
“Yo le contaba a mi mamá y cuando el no estaba yo decía que era verdad, pero estando él yo decía que era mentira, porque le tenía miedo porque nos golpeaba mucho”, dijo en su testimonio frente al fiscal.
Sobre los malos tratos, detalló que una vez los agarró con una varita finita “nos bajaba los pantalones y nos dejaba el c... a la miseria”.
También señaló que hacia afuera parecían una familia sin problemas, que él cambiaba afuera, tal es así que su abuela no le creía el relato de los abusos.
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