11 de septiembre de 2009
Una importante cantidad de trabajadores, alrededor de 700, marcharon ayer desde el Hospital Santamarina hacia el palacio comunal, donde protagonizaron una ruidosa protesta que culminó en una breve audiencia con el Ejecutivo, donde se programó la próxima reunión para el martes venidero.
La nutrida movilización comenzó a las 10, y tal lo previsto, los agentes, pertrechados con banderas, bombos y cánticos, así como estruendosos petardos, interrumpieron el tránsito en pleno centro, al tiempo que la Policía custodió la protesta al garantizar el corte de la calle Rodríguez.
“Es impresionante”, evaluó orgulloso el secretario general del Sindicato de Trabajadores Municipales al liderar la convocatoria. Eran los momentos de unidad que antecedieron a las discusiones internas que terminaron dividiendo aguas políticas en las propias filas reclamantes.
Unas simpáticas bolsitas con ñoquis multicolores, bajo la leyenda “Ñoquis Soñados”, arrancaron sonrisas en los empleados. Precisamente, el personal político del intendente Miguel Lunghi, que “cobra y no trabaja”, es uno de los puntos que más indigna al gremio.
Poco antes de las 11, y sin barrera de funcionarios en la entrada (como ocurriera el año pasado, donde todo terminó a las piñas), los municipales ingresaron con el ímpetu propio del malestar. “Lunghi tenemos hambre”, gritaban. Una saga ensordecedora de petardos, bombo y sirena, se apoderó del edificio central ubicado en Belgrano al 400. Hasta ese momento, ninguna cabeza oficialista asomaba. Los manifestantes se hicieron sentir con fuerza, y cuando el clamor estaba a punto de ebullición, la escalinata que da al Concejo Deliberante se transformó en el “atril” de los encendidos discursos. Lastra tomó el altavoz y leyó un petitorio dirigido al jefe comunal. Le pidieron “mayor equidad en la distribución del presupuesto” y “sensibilidad” con respecto a la situación social y económica del personal. “Nuestro salarios fueron ignorados”, denunció. “Usted nos pide prudencia y razonabilidad, no le parece prudente que a esta altura del año aún no hemos acordado la pauta salarial anual. No le parece razonable que estemos solicitando casi 1.000 pesos de básico, en una ciudad tan cara como Tandil”, dijo el sindicalista, para recibir la contundente aprobación del auditorio. Pero el aplauso fue aún más fuerte cuando solicitaron la derogación de la ordenanza 10823/07: “así no seguiremos denunciando a funcionarios, coordinadores o asesores de los que no sabemos ni función, ni horarios que cumplen y no tendremos que andar mirando de reojo quien es el que cobra tanto, quien es el nuevo que entra, que tarea hace y que cargo ocupa”. La frase arrancó una abierta ovación.
PELEA INTESTINA
Hasta ese momento, todo caminaba en los carriles tradicionales de una manifestación municipal tipo. De repente, salieron del despacho oficial el jefe de gabinete, Carlos Fernández, y el secretario de Gobierno, Marcos Nicolini. Entre la masa de agentes se abrieron paso los funcionarios lunghistas, para invitar a Lastra y al doctor Pablo Díaz Cisneros (Cicop) a que pasen a dialogar. El barbado sindicalista lo anunció. Fue allí cuando pasó lo inesperado. Un disidente con pasado en ATE, agente del Hospital de Niños, Claudio Angerami, pidió la palabra. Y “le puso gente en contra” a Lastra, al solicitar que el encuentro tenía que ser a puertas abiertas. El opositor a la lista “Blanca Unidad” hasta logró que se levanten manos a favor de la moción. Un puñado de voluntades apoyó, y Martínez Lastra enfureció, abandonó el megáfono y entregó el liderazgo de la concentración. Hasta se rehusó a entrar al cónclave con el Gobierno. Allí, el desconcertante entredicho descolocó a muchos trabajadores, que descontentos con las rencillas internas, se fueron del palacio.
El martes se debaten los números
Fernández y Nicolini, por espacio de 20 minutos, conversaron a puertas cerradas con delegados afines a Lastra y el doctor Díaz Cisneros. Del encuentro, se resolvió retomar las conversaciones el próximo martes a las 10. Las partes pondrán sobre la mesa los números que justifican sus posiciones. El Ejecutivo, calificó de “imposible” la posibilidad de otorgar un 15 %. La caída de la coparticipación y las dificultades para pagar los sueldos al día serán sus caballitos de batalla. Los gremios abrirán sus argumentos.
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