30 de septiembre de 2014

Locales

Locales. Olavarría: Se realizó ayer la cuarta jornada del juicio de Monte Peloni





Araceli Gutiérrez comenzó a declarar cerca de las 14.30. El ex general Aníbal Ignacio Verdura, principal imputado en la causa Monte Peloni, no estuvo para escucharla: lo internaron por una descompensación severa. Tampoco el ex sargento Omar “El Pájaro” Ferreyra, que está en el hospital con un diagnóstico grave desde el miércoles. Así, a una semana de haber comenzado el juicio en Olavarría, de los cuatro imputados solo dos están hoy en la sala. La audiencia comenzó con el relato de Araceli sobre su cautiverio. Después de ella declararán otros tres testigos.
Araceli llegó maquillada, abrigada con un chal violeta. El juez le preguntó su nombre y profesión: “Soy empleada pública y estoy como casera en el ex centro clandestino de detención Monte Peloni”. Así arrancó el relato de su cautiverio. En la sala había un silencio respetuoso. Afuera del SUM, en los pasillos de la facultad, hubo mucha gente que se quedó sin lugar. Las remeras de la multisectorial dicen “Olavarría despierta”, y están desperdigadas por todo el auditorio. Abajo, las consignas: memoria, verdad, justicia, y una más: alegría. Los estudiantes de una escuela secundaria, uniformados de naranja y negro, tienen una foto de algunas de las víctimas del juicio colgando del cuello. La semana anterior no fue tanta la expectativa. “Es porque hoy declara Araceli”, dice la hermana de un desaparecido que también ocupa su lugar en la sala.
El relato de la única mujer que pasó por Monte Peloni es espeluznante. En un tono firme y con el pedido de que la sala no sea desalojada de público contó las vejaciones a las que fue sometida en el centro clandestino de detención. La violaron y la torturaron. También contó lo que tuvo que vivir su padre: “A mi papá le dieron a elegir entre las dos hijas: mi hermana y yo. Bueno, yo estoy acá y mi hermana no. Mi padre me contó que cuando la mataron, ya estaba muriéndose. Son los pesos que uno tiene que cargar”, contó Araceli sobre uno de los momentos más duros del cautiverio de su padre.
Para Araceli todo comenzó en noviembre de 1976 en La Plata. “Hay un enfrentamiento en la casa de mi hermana, Amelia y su marido, Juan Carlos Ledesma”. Araceli contó que los vecinos les avisaron que no volvieran. Después de deambular por diferentes casas de compañeros, el matrimonio y su hijo de 3 meses viajaron a Olavarría para protegerse. Cuando llegan, Araceli los presenta como si fueran sus primos. Ella llevaba tres años viviendo en la ciudad del cemento.
“El 13 de septiembre del 77 en Tandil secuestraron a mi padre”, declaró Araceli. Francisco Nicolás Gutiérrez era subcomisario de la Bonaerense. Apenas lo secuestraron fue torturado para que dijera dónde estaban sus hijas y su yerno. Él se negó a dar esa información. Una tía de Araceli fue la que dio las coordenadas”.
“Entró mucha gente de civil, disfrazados con capucha y armas largas”, relató Araceli y siguió: “Me asusto y grito por la ventana que eran extremistas, que eran Montoneros, que nos querían matar. Eso los desconcierta”. La patota buscaba a su cuñado, no a su hermana. Esa vez se fueron rápido, pero antes robaron una billetera. Araceli fue hasta la Comisaría de Olavarría para hacer la denuncia pero la trataron cortante y no se la tomaron.
El 16 de septiembre la patota volvió a la casa de Araceli. Tiraron la puerta abajo la golpean y le preguntaron si se creía “viva”. Entonces, la envolvieron en una frazada, la esposaron y la subieron a un coche. La manosearon. Después de un tiempo de viaje, la bajaron junto con otros. Reconoció a Oscar y Cacho Fernández, Cassano, Elizari. Después le vendan los ojos y la pusieron mirando a la pared. De los pelos la arrastraron hacia la tortura. Araceli escuchó que uno de sus captores dijo: “A esta la máquina no”, entonces la llevaron directamente a una celda, la tiraron en una colchoneta. Ahí se encontró con Graciela Follini de Villeres. “Estaba muy torturada, y nos encontramos en la celda. No nos sacaron más salvo para ir al baño”, contó Araceli.
La declaración de Araceli duró cuatro largas horas y tuvo que terminar a puertas cerradas, sin la presencia del público ni los medios de prensa. Entre los recuerdos del horror vivido, Araceli también contó una violación en el centro clandestino. Una de las abogadas defensoras volvió sobre el tema. “Eso no es materia de este juicio (la imputación por la violación está en el segundo tramo del juicio, aún en instrucción)”, dijo Roberto Falcone. Y le dijo que reformule la pregunta. Castaño, el abogado defensor de Rubén Leites, la interrogó con un tono policial, como si en lugar de víctima la mujer fuera una sospechosa. “Y la picana también la supone, porque no la vio, imagino”, le preguntó. El juez dijo que la pregunta era improcedente e irrespetuosa. “Entonces a Leites lo tiene que defender Dios”, insistió. Falcone le señaló que cambiara el tono. “Si usted no tiene la sensibilidad necesaria para preguntar en este tipo de juicios, va a tener que hacer un curso”, le dijo. Hubo aplausos. “Mi silencio es mi respuesta a su consejo, señor”, lo desafió.
El abogado querellante César Sivo pidió que se hiciera un cuarto intermedio para que Araceli se entrevistara con los psicólogos del Codesedh, el organismo que acompaña emocionalmente a víctimas y testigos. Araceli pidió un calmante. Después de deliberar, el tribunal decidió que la declaración siguiera con la sala vacía. Cuando salió por el pasillo el público la aplaudió. Hubo un abrazo profundo con Carmelo Vinci. Ahora faltan otros tres testigos.

La salud de los represores
Según confirmaron desde el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata a Infojus Noticias la situación procesal de Verdura y de Ferreyra no se modificará. Podrán no asistir a las audiencias, en las que serán representados por la defensora oficial Marisa Labattaglia. El proceso seguirá normalmente y de ser necesaria la presencia de alguno de los dos en la sala de audiencias se evaluará en ese momento la situación de salud.
En la audiencia del miércoles –la primera en la que se pudieron escuchar los testimonios de víctimas y familiares– Ferreyra se descompuso y tuvo que ser internado en el Hospital Municipal de Olavarría, donde se le diagnosticó una grave enfermedad.
A lo largo de las tres primeras audiencias, Verdura se mostró parco, encorvado, siempre cerca de su bastón por si tenía que levantarse para ir al baño. Su andar cansino, de sus 82 años, contrastaban con la historia de terror que carga sobre las espaldas. Verdura llegó a juicio por ser el hombre que jugó a ser Dios en Olavarría. Más allá de su cargo como jefe del área 124, desde octubre de 1975 su verdadero poder residía en el apoyo social y político que supo construir entre los representantes de las “fuerzas vivas” de la zona. Para los olavarrienses, Verdura era algo así como un el dueño de la comarca. El hombre con el poder suficiente como para definir sobre la vida y la muerte de aquellos que el poder consideraba “subversivos”.
En las declaraciones del último miércoles su apellido sonó tantas veces que difícilmente su defensora pueda despegarlo de lo que se le imputa. Él es el único de los cuatro exmilitares sentados en el banquillo que imputado por los asesinatos de Jorge Oscar “Bombita” Fernández y Alfredo Maccarini. También deberá responder por los secuestros y torturas de las otras víctimas que se ventilan en este juicio histórico para Olavarría.
Verdura egresó del Colegio Militar en 1952, y la dictadura lo encontró teniente coronel en la Guarnición Olavarría, compuesta por el Regimiento de Caballería de Tanques 2 y el Escuadrón de Ingenieros Blindados 1. A fines de 1977 fue ascendido a coronel por su compromiso con la “lucha contra la subversión”. “Vayan a reunirse con Verdura”: dicen era la frase de cabecera de algunos empresarios cuando los trabajadores intentaban organizarse.

Fuente: Infojusnoticias.gov.ar

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