8 de octubre de 2023
En sus variados poemas relativos al viejo Buenos Aires, Jorge Luis Borges pinta con maestría las situaciones sociales de los suburbios. En "Milonga de dos hermanos" describe cómo Juan Iberra mató a su hermano menor, porque no podía admitir que el más chico lo aventajara a la hora de contar muertos, en los arrabales de entonces. Si hoy retornaran los Iberra, hijos de la "cultura del cuchillo", sin escuelas ni pizarrón, se asombrarían de vivir un mundo con universidades, música y poesía, pero con más odios, hambre y muertes que el que ellos transitaron. Se mata en las guerras con armas y se mata sin ellas. Comprobarían que sus muertos fueron una gota en el mar. No entenderían cómo hoy roban los asaltantes pero también los que "manejan los piolines de la marioneta universal", que son los que matan por hambre, sin armas.
"Suelen al hombre perder
la soberbia y la codicia.
También el coraje envicia
al que le da noche y día;
el que era menor debía
más muertes a la justicia".
(Borges)
Los hermanos Iberra, por ejemplo, no llegaron a conocer el
automóvil. Y quedarían absortos al comprobar que se mata impunemente en las
rutas y luego la presunta justicia deja en libertad a los asesinos al volante
alegando que "nadie sale con su auto con intención de matar", sin tener en
cuenta que la irresponsabilidad es hermana gemela del crimen.
Por eso, son miles las personas que "deben muertes a la
justicia", como en el poema de Borges.
¿TANDIL, CIUDAD DE INSENSIBLES?
Para el miércoles próximo está previsto el debate público de
los cuatro candidatos a Intendentes del Tandil, de cara a las elecciones del
domingo 22. Es un acontecimiento tan importante o más, que el nacional, porque quienes
gobiernan los municipios del país, tienen buenas posibilidades de mejorar la
calidad de vida de los habitantes de sus respectivos pueblos o ciudades.
En cambio, el accionar de quien resulte electo Presidente, depende
mucho del margen de maniobra que le permita el poder hegemónico global.
El tránsito es un problema serio, como en tantos lugares.
Pero aquí se agrava por el trayecto de la ruta 226 que hoy en día debemos
convenir en que atraviesa el centro de la ciudad. Y sin embargo, hasta el
momento los candidatos están hablando del problema de la inseguridad en Tandil,
pero de "la otra". Es decir, la de la delincuencia. Tal vez no saben que está
comprobado que la inseguridad del tránsito provoca muchas más víctimas fatales.
Y que en la mayor parte de los casos no se trata de "accidentes" sino de
crímenes por conducir de manera irresponsable.
La solución no pasa por un simple curso de educación vial,
ni por las leyes de alcoholemia cero. Pasa por una legislación que condene con
cárcel efectiva a los asesinos al volante.
En el caso de Tandil se suma la insensibilidad, porque se
piensa en el automovilista y en el tiempo que perdería y no en las vidas
humanas. Ya poco y nada se habla del tema de la "avenida 226", pese a la proliferación
de muertes y de peatones que sí pierden su tiempo "estudiando" por dónde
cruzar. Aquí se trata de actuar ya, poniendo lo que hay que poner. Son muchas
las ciudades del país en las que se ha actuado directamente, en los casos en
que Vialidad Nacional no interviene rápida y eficazmente. La única solución es la
de convertir en avenida, con veredas y cordón cuneta, el tramo que va desde la
intersección de las rutas 30 y 226 hasta el acceso al Campus. Y después habrá
que continuar hasta El Paraíso, por lo menos. Pensar en otras "soluciones"
sería, por lo menos, insensible, o casi criminal. Ni puentes, ni rotondas. La
ciudad no puede ni debe seguir "cortada al medio". Ese tramo debe ser transferido
ya mismo al municipio, como acertadamente señalan los miembros de la
organización "Estrellas amarillas".
Quien escribe estas líneas viene publicando la propuesta de
semaforización desde el año 1998. O sea, un cuarto de siglo atrás. Hasta ahora,
nada se ha hecho, más que un par de colectoras y de rotondas que nada solucionan
y mucho entorpecen. De sur a norte del país, las rutas nacionales y
provinciales están llenas de sectores urbanizados y con semáforos, para impedir
que las ciudades queden divididas.
Pero, sobre todo, para evitar un sinfín de muertes anunciadas.
Apelamos, una vez más, al sentido común y a la sensibilidad de funcionarios
locales, provinciales y nacionales.
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