19 de noviembre de 2008
Al finalizar la audiencia, Yeffal accedió a un breve diálogo con La Voz sobre sus sensaciones tras recibir la condena.
“Es todo tan reciente que tengo que analizarlo. Por supuesto que me sorprende porque me considero inocente. Ahora aguardaré la apelación de mi defensor. El hará su evaluación jurídica, el es el profesional del derecho, yo no conozco de esos trámites”, ensayó.
Sobre su futuro en la Fuerza, dijo que “tengo que esperar la resolución que tome el Ministerio (de Seguridad), lo voy a averiguar, yo estaba cumpliendo funciones en la dirección de Repar de la cartera”.
El policía evitó referirse a la familia Sotes. “No es mala voluntad –aclaró-, pero todo es muy reciente y por ahí no quiero decir algo que pueda herir a nadie, al contrario, solamente respeto para todos”.
Sobre sus dichos al finalizar el debate que mereció el enojo de los abogados particulares, el capitán aclaró que quería “salvaguardar el buen nombre y honor de los abogados Cesar Sivo y Manuel Marañón, que esas palabras no fueron dirigidas a ellos”.
SU VERSION
A pesar de su escueto relato, en el fallo del juez se transcribe su declaración en la Instrucción Penal sobre la causa ventilada. Allí el capitán dio su versión de los hechos ocurridos en la comisaría la cual él estaba a cargo.
A continuación la reseña sobre la situación de Sotes en la dependencia según Yeffal: “desde el momento que lo alojé en la comisaría se mostró como un detenido problemático. De acuerdo a lo que me interioricé, su excitación, su mal humor y su mal comportamiento estimo que eran producto de la abstinencia.
Me informaron que Sotes se estaba golpeando. Al rato de esto, de la guardia me manifiestan que Sotes había hecho saltar el candado y pasados unos instantes vino Gutiérrez y me dijo muy alterado que Sotes había pasado al patio y que tenía un “filo”. Que también me mencionó que Sotes refería que si entraban al patio los iba a cortar. Ante esta situación llamé a infantería. Cuando llegó el personal de Infantería con el oficial Capeletti a cargo, quienes avanzaron con los escudos sobre Sotes y lo pudieron reducir contra el piso. Sotes gritaba con un tono de voz muy alto “Me van a matar, me quieren prender fuego” y tenía los ojos enrojecidos, estaba muy alterado. Por este motivo yo me le acerqué a Sotes, me agaché y le hablé como a un hijo, recuerdo que le dije unas palabras similares a “quedate tranquilo, acá nadie te va a pegar, nadie te va a hacer nada, estamos para cuidarte, estamos para ayudarte”, aclarando que estas palabras no son textuales. ... luego el personal de infantería lo hizo arrodillar a Sotes en el medio del patio y allí convocaron al doctor Leitao, quien procedió a examinar a Sotes(...)
En ningún momento tomé contacto físico con Sotes y no vi que algún efectivo policial le pegara a Sotes.
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