19 de julio de 2009

Locales

Locales. PALPITAR COMUNAL: Claroscuros de una realidad difícil

Por Guillermo Liggerini
El vértigo dispuesto para marcar la agenda mediática resulta tan llamativo como complejo a la hora de encontrar un eje. Se ha cumplido un año de la histórica sesión por la 125 en el Senado, y en ese año el kirchnerismo ha dilapidado todo el poder que supo cosechar como abusar, a diestra y siniestra. Lejos de la bonanza económica, surgen como hormigas incómodas situaciones que hacen a funcionarios seriamente cuestionados por corrupción cual era menemista. Para colmo de males, ahora resulta que el matrimonio presidencial tiene más dinero (en sus cuentas personales) que cualquier argentino pudiera imaginar cosechar en tan breve lapso tiempo.
Ante el debilitamiento político, se convoca a un diálogo que al parecer no muchos quieren responder más por mezquindades políticas que por convencimientos en que la convocatoria carece de sustento.
Detrás de ese telón decorativo, los bolsillos de los argentinos vuelven a enflaquecer por una contracción económica delicada y una pandemia de aún indescifrables consecuencias sanitarias.
En el pago chico, afortunadamente, las prioridades de la agenda pública va por otros carriles más afines a la inquietud vecinal, más allá de cuestiones puntuales que hacen a una discusión concejalicia repetida como estéril a la hora de debatir sobre la administración de los recursos municipales.
Precisamente el debate volvió ante el pedido formal del sindicato de los municipales por un incremento en sus haberes, a modo de represalia por el escenario que había trazado el Ejecutivo cual paraguas para contener lo que se vendrá y anticipar el rechazo a una pretensión de naturaleza salarial.
Allí algunos estoicos concejales de la desdibujada oposición recordaron su alerta sobre este reclamo y exigieron públicamente que se priorice la mejora de haberes por sobre otros gastos "superfluos" que encontraron. Al menos débil resulta la insistente postura, apenas a horas de un resultado electoral que no precisamente demostró que una gran mayoría ciudadana se haya convencido de las prioridades que pretende imponer -sin suerte- el justicialismo.

EMERGENCIA
Sobre la emergencia sanitaria, poco clara resultó nuevamente la decisión oficialista. Primero dejando pasar las elecciones y su respectiva campaña para dar el puntapié inicial a una emergencia sanitaria que hasta ese entonces se negaba, no sólo en Nación y Provincia, sino en el municipio también.
Desde éstas páginas se advirtió en cuanto a la sobredemanda y consecuente saturación de las guardias, y la respuesta que se eligió en suerte fue que se estaba frente a una situación estacional. Pasaron las horas -y los comicios- y aceptaron una pandemia inusitada.
Tras la acertada declaración de emergencia, se impuso algunas restricciones clave a la hora de especular en cómo cortar la cadena de contagio. Se advirtió una leve mejora en cuanto a una tendencia decreciente en materia de consultas e internaciones, pero siempre subrayando sobre la necesidad de evitar aglomeraciones. Fue así que exclusivamente los boliches perdieron ganancias durante un par de fines de semana.
En medio de ese llamado de atención y necesidad de imponer que la pandemia no se había ido (anunciando incluso que se aguarda por un nuevo pico), resulta que ahora, por las horas que pasaron, se levantaron las restricciones y con ello la multitud ávida por juntarse copó boliches y bares, sin distinción ni preocupación por lo que sigue estando latente como era entonces.

LA OTRA PANDEMIA
La otra emergencia, la económica, parece también expandirse como pandemia. Sin necesidad de ahondar en diagnósticos ya reflejados en los medios por sus distintos actores, bien vale la pena resaltar lo positivo, una especie de Tamiflu para los desánimos sociales que se viven por estas horas.
El Comité de Monitoreo de Crisis, ha sabido sobrepasar su mayor desafío: su continuidad, y hoy goza de buena salud en pos de juntar a todos los sectores del quehacer productivo y gubernamental para atender con las herramientas disponibles las demandas incesantes de sectores diversos. No sólo se hace catarsis, sino también se han realizado gestiones imprescindibles para la subsistencia de centenares de trabajadores que dejaron de trabajar.
Pero como eso claramente no alcanza, también finalmente se conformó un consejo social para atender la asistencia crítica. Municipio junto a iglesias de los principales cleros mancomunaron esfuerzos para atender una demanda creciente.
Tandil ha sido pionero en estas conformaciones y en cierto modo ha demostrado un avance significativo que hace a una madurez dirigencial que no se condice con lo que se ve, se escucha y se lee, desde el poder central, donde deben surgir las soluciones de fondo.

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