14 de septiembre de 2008
Por Guillermo Liggerini
Por éstos días y los que vienen la política local se verá signada por los avatares de lo que resulte la elección en la Universidad Nacional del Centro, donde pareciera ser –al menos así lo presentan sendos candidatos- que está en juego dos modelos diferentes de conducción universitaria, y algo más.
Tanto el radicalismo como el justicialismo, que internamente padece sus propias vicisitudes de cara a las ambiciones de sus circunstanciales actores, siguen atentamente lo que se vaya transitando desde la Unicen, sin exponerse demasiado, no sea cosa que se endilgue alguna derrota y deba asumirse semejante costo político.
Ya no hay “miguelitos” repartiendo panfletos difamatorios contra el ex rector. Ni tampoco se escuchan los bombos que hace apenas meses copaban las asambleas del Consejo Superior, pero los intereses con sus promesas de prebendas a cuestas están, a flor de piel.
Es que a priori, se especula con una elección pareja. Más allá del optimismo de Marcelo Spina y Roberto Tassara (candidatos ellos) evidentemente no hay un liderazgo abrumador como otrora ocupada otros referentes, incluso el veterinario devenido en senador Néstor Auza, quien en verdad si bien ha puesto sus fichas y está jugando en la escena electoral universitaria, tampoco expone demasiado su respaldo al contador. La duda es si por propia decisión o porque el mismísimo decano de Económicas lo prefiere así. Algunos sostienen que la mejor estrategia resulta mostrarse como la continuidad del auzismo, pero con una formula superadora.
El spinismo en tanto, se ha encargado de diferenciarse hasta el exacerbación de lo que resultó la conducción auzista, sin detenerse a pensar que para la comunidad académica, pero especialmente para el resto de los mortales que siguen desde afuera la vida universitaria, a pesar de las expuestas discrepancias, formaron parte de una formula que condujo, para bien o para mal, más de cuatro años la casa de altos estudios. Deberían hacerse cargo, entonces, de los logros pero también de las frustraciones que aquel paso dejó.
LA DISPUTA DEL PODER
Pero se insiste, hay algo más en juego que el mero modelo de conducción. El lunghismo y el auzismo saben que es uno de los polos de poder que cualquier sector político ambiciona. Del 2003 a la fecha, la UCR, de la mano del lunghismo, ha venido ocupando espacios de poder sin solución de continuidad. Los botines políticos que se ostentan todos quedaron en sus manos, salvo la Unicen, por esa incómoda piedra en el zapato llamada Auza.
El apoyo a Spina es más por el espanto que produce la otra oferta electoral que la convicción de estar frente al mejor candidato. Ni Spina ni mucho menos Dillon, forman parte del ideario radical imaginado para estos menesteres. Sin embargo, resulta más llevadero que un Tassara estrechamente ligado al rival político más incómodo que le toca convivir al lunghismo.
Con todos sus yerros y contracciones a cuestas, el veterinario sigue siendo la cara más nítida de una alternativa al lunghismo, y la Unicen le sigue recreando el escenario más cómodo a sus pretensiones políticas.
Al hombre del azote se le podrá criticar muchas cuestiones y acciones, sin embargo nadie negaría que si hoy la Unicen está en boca de todos, si hoy se escriben estas líneas por lo que resulta una elección, es por la irrupción de aquel sujeto, que luego tropezó una y otra vez con sus propias debilidades y torpezas, pero dejó a una Unicen desnuda, que permite ver sus hasta ayer disimuladas miserias. La casa está en carne viva , como parecen resultar las horas de la elección que comienza.
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