14 de marzo de 2010
Por Guillermo Liggerini Cuando arriba se pelean por asuntos que el común de los mortales poco le interesa y nada resuelven sobre lo que sí incide en la cotidianidad del ciudadana, fagocitando una brecha cada vez más distante entre representantes y representados, aquí abajo hubo señales de un grupo de dirigentes sentados en sus respectivas bancas que pareció acercarse a lo que se supone debe representar a lo que promueve el sistema democrático. Hubo una legítima demanda de comerciantes minoristas por las consecuencias de las indiscriminadas radicaciones de supermercados y los concejales aceptaron el convite. Se estudió, consultó, trabajó y se plasmó en un proyecto de ordenanza, con el nada anecdotario apunte que se arribó a un consenso y se votó por unanimidad. Hasta aquí debiera significar lo más parecido a un orgullo para los tandilenses. Despojados de los intereses particulares, los ediles primero aceptaron la necesidad de legislar por lo que a todas luces resultaba un bache normativo y luego elaboraron una ordenanza que ayude a regular las radicaciones en cuestión. Sin embargo, aquellos demandantes no les resultó suficiente. Fueron por más y cual estilo furia chacarera en tiempos de la resolución 125, mostraron toda su intolerancia para aquellos que piensan distinto. Nadie puede prohibir que se siga peticionando frente a lo que cree insuficiente para su intereses, pero de allí a prepotear, escrachar y amenazar con represalias poco felices hay un largo trecho, equidistante a la matriz del planteo, cuando en verdad sólo se exigía por el cierre de supermercados de capitales orientales. Dos de los blancos de la ira mercantilista precisamente apuntó a productores rurales devenidos en concejales, estratégica como oportunistamente presentados como candidatos por aquella efervescencia rural frente al poder kirchnerista. Seguramente Atilio Magnasco y Claudio Ersinger estarán bebiendo de las mieles que sus pares supieron escupir en la cara de aquellos legisladores que apoyaban los designios k. DIPUTADOS La comunión que gravitó en el deliberativo vernáculo no coincidió con los legisladores provinciales. En efecto, los diputados bonaerenses volvieron a mofarse de las expectativas, intereses tandilenses frente al trillado problema que representan las canteras enclavadas en la ciudad. El proyecto de ley que declara Paisaje Protegido a las sierras contenidas por la Poligonal, sigue naufragando en las bancas de legisladores que ni siquiera parecieron conmoverse por la presencia del jefe comunal Miguel Lunghi (mantuvo una reunión con los presidentes de bloque) y la propia exaltación del gobernador Daniel Scioli en la apertura de sesiones, pidiendo por celeridad en el tratamiento del asunto. En coincidencia con los dichos del ex senador y actual concejal Néstor Auza, las palabras y gestos denotados por los legisladores consultados dejan un claro margen para pensar que no leyeron el proyecto. Frente al desconocimiento, cualquier atisbo de conflictividad como puede representar la latente amenaza de litigio de las empresas mineras, reculan sin más. Algunos ensayan discursos que aluden a la responsabilidad a emprender, de la prudencia que amerita el tema, actitud que no se condice con el bochorno que hicieron antes de despedir el año, votando por unanimidad un proyecto en paralelo de una ignota diputada de la Coalición Cívica que nada aportaba - al contrario-, a lo que se había acordado entre Provincia y municipio.
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