20 de septiembre de 2009
Por Guillermo Liggerini
Mientras algún que otro sociólogo se haría la cabeza tratando de entender qué pasó en la ciudad que, de buenas a primeras, salió eufórica a la calle a recibir al héroe deportivo Juan Martín Del Potro, cuando otros sacan números para intentar sortear la demanda salarial de los municipales, el lunghismo ya empieza a elocubrar como a definir el venidero gabinete que acompañará al hombre que hacía falta, que luego continúo entusiasmando y que en el 2011, para muchos, seguirá.
Sobre la efusiva como masiva bienvenida de la torre de Tandil, caprichosamente podría sintetizarse en que más allá del notable logro deportivo, el pibe goza de una personalidad tan sencilla que gusta como personaje. Si a ello se le suma la necesidad popular de contar con alguna alegría en medio de frustraciones políticas, económicas como también deportivas, y el inusitado interés mediático por difundir el suceso, resultó un combo explosivo para una identidad tandilenses poco proclive a las demostraciones.
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Para con el reclamo municipal, no causó sorpresa que la oferta salarial del Ejecutivo entusiasmara demasiado a los trabajadores. Sí vale la pena destacarlo: la conducción gremial estaba dispuesta a aceptar, pero las bases mayoritariamente votaron por la negativa.
Claro está que un porcentaje importante de esas bases no están afiliado al sindicato, quien ahora, en asamblea, deberá resolver cómo seguir la protesta. El entuerto está en la mesa del gremio, cuya conducción y, especialmente los respectivos delegados, afrontarán el desafío de sostener en la venidera asamblea (sólo participarán afiliados) aquel rechazo que ganó la mayoría consultada, caso contrario devendría un vuelco en la decisión adoptada habida cuenta que otra buena parte de los afiliados consultados querían no estirar el conflicto y reconociendo que, por ahora, el municipio no puede dar más de lo que Provincia no concede.
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Ya inmiscuidos en las entrañas del lunghismo, y despojados de aquella euforia deportiva como el acecho sindical, todo se especula frente a lo que depararán los cambios obligados que el gabinete lunghiano imprimirá desde diciembre.
Todo parece encaminado a que el presidente del HCD y el hombre de mayor confianza del pediatra, el doctor Juan Pablo Frolik, no cumplirá con su mandato de concejal y ocupará la jefatura de gabinete que el senador electo Carlos Fernández deja.
Precisamente la elección del jefe de gabinete no resulta casual. Dicen, incluso otros laderos del jefe comunal, que por el único que pondría las manos en el fuego sin dudarlo sería precisamente por el abogado. El lunghista de pura cepa, conceden otros en reseña al acompañamiento del letrado mucho antes del municipio, allá en los tiempos de la Nueva Clínica Chacabuco.
Si persiste alguna duda en su nombramiento no es otra cosa que ver que desde diciembre prácticamente todo el arco opositor estaría contenida en el Concejo Deliberante. Auza, Pizzorno, Bracciale y compañía, conforman el tibio acecho político que podría generar algún escozor a la exitosa vida lunghista. Que Frolik deje la presidencia del cuerpo colegiado para darle lugar a los jóvenes lunghianos, entre ellos el prometedor Marcos Nicolini, podría implicar un riesgo innecesario que, por ahora, pareciera animarse a afrontar.
También la ida de Nicolini traería aparejado otros corrimientos. Resulta a la fecha el mejor interlocutor para con el gremio municipal. Y su reemplazante natural en estos escenarios no sería otro que el actual secretario de Salud y ex jefe de personal, Oscar Teruggi. Además, y por más disimulo que se ensaye, que un ingeniero esté el frente de Salud provoca cierta debilidad.
Retomando sobre el futuro de la jefatura, otros radicales desconfiados dejaron trascender que en verdad el intendente prefería volver a la vieja estructura, habida cuenta que entendía que no hay reemplazantes para el rol que supo imprimir Fernández. En consecuencia, habría ofrecido la secretaría a Mario Civalleri y a Matías Civale, pero estos rechazaron el convite. Gustosos habrían aceptado la jefatura, pero la secretaría no,. Entonces Lunghi entendió que como respuesta nada mejor que imponer y dejar en claro quien es su hombre, Juan Pablo Frolik.
Los más benévolos se quedan con la idea que el mandamás prefiere que tanto Civalleri como Civale sigan al frente de dos secretarías sensibles en tiempos de crisis y, sobre todo, cuando no hay reemplazantes a la vista (los siguen personal de carrera).
El gran acertijo resulta ser el futuro de la secretaría de Desarrollo Local. Allí, Pedro Espondaburu estaría pasando sus peores días, a partir de una insistente queja de sectores de poder dentro y fuera de la estructura gubernamental.
El rauchense no supo integrarse con la simpatía esperada en instituciones nada dóciles a la hora de la convivencia. Se alude a un perfil diametralmente opuesto al que supo imprimir al ahora presidente de la Usina, Oscar Maggiori.
A pesar de resultar todo un escándalo su exposición, con anuncios frustrados y polémicas poco felices, se lo rescata en el debate interno. Una voz muy escuchada en el seno del gabinete, se subraya, y tal vez ahí esté la respuesta del premio recibido, designándolo al frente de la sociedad de economía mixta.
Pero Espondaburu eligió colocarse en el otro extremo, cuyo bajo perfil deja la sensación que se está frente a una inacción que exacerba los ánimos empresariales. El ejemplo claro se demostró en el debate por el conflicto canteril y el consiguiente proyecto de ley acordado. El funcionario que precisamente contiene el área de producción y medio ambiente, ni opinó sobre el asunto, menos aún estuvo en las fotos de rigor para anunciar lo acordado. Su voz no se escucha en el gabinete, su futuro es incierto, como la mismísima política de Desarrollo Local que la administración lunghista, independientemente de los nombres, quiere imponer.
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