25 de abril de 2010

Locales

Locales. Palpitar comunal: Feos, Sucios y Malos

Por Guillermo Liggerini


Hay un clásico film del reconocido Etor Scola que supo describir con una sórdida ironía humorística la marginalidad en Roma, que busca subrayar con nitidez la parábola del reverso de la sociedad opulenta italiana.
Los críticos cinéfilos reconocen en la película que el director logra mostrar el anverso de aquella sociedad italiana que muchos se esmeran por demostrar. En donde en uno de los países mas desarrollados del mundo también existen la pobreza, la miseria humana,la degradación moral y ética.
La crítica redunda en que la película fue un golpe tanto a la idea de derecha de "los pobres son pobres porque quieren", como a las concepciones de izquierda de una pobreza noble, digna, y políticamente consciente.
Ni más ni menos se trata de una mirada sobre la exclusión social que, en síntesis, sus componentes no cumplen con las normas, preceptos, mandatos, que la sociedad plantea como situaciones idílicas. Aquellos que aceptan y cumplen aquello que propone la sociedad pasan, justamente, a ser considerados parte de esa misma sociedad. En cambio los excluidos son aquellos que se ven obligados a vivir (o eligen vivir) con pautas distintas a las que la sociedad propone o impone.
Algo de esto ocurre por éstas horas en Tandil. Una ciudad que por más intentos propagandísticos por marcar una agenda política afín a una ciudad privilegiada, convive con una marginalidad creciente, que ahora se hace notar aún más por cruzar una línea que hasta ayer no se conocía. Ocupar viviendas a medio construir y terrenos porque no tienen un techo propio.
Los ocupas de Smata se han transformado en una especie rara para el tandilense medio, que prefiere mirar para otro lado cuando se expone esta cruda, controvertida realidad por la que atraviesa un sector que hasta aquí se optó por estigmatizar más que por incluirlos.
Allí, convive desde el trabajador con familia numerosa que no le alcanza para costear un alquiler, desocupados, madres solteras, travestidos, hasta oportunistas con un prontuarios delictivos.
Aquella delicada línea atravesada -ocupar un barrio con otros presuntos destinatarios- sirvió como estandarte para ningunearlos, discriminarlos al punto de sugerir lisa y llanamente su extinción.
Fiel a una estrategia que le trajo sus réditos, el lunghismo frente al conflicto apostó al desgaste. Rechazar uno y cada uno de los planteos. No se debe legitimar la toma, fue la excusa elegida, sin medir en las consecuencias frente a vecinos que no tienen nada por perder.
Se costean obras para hacerles más difícil su vida allí. No pasa el aguatero, suben las torres de luz y colocan un cableado más grueso como si ello haría desistir de la clandestinidad que se han acostumbrado a vivir. Emplazan dotaciones de policías y realizan allanamientos con dudosos resultados. De soluciones, ninguna.
Resulta aceptable entender la lógica radical de no sentar precedentes. “La ocupación es ilegal y no lo vamos a avalar de ninguna manera. Mientras yo esté en el gobierno en Tandil no se van a usurpar casas”, les dijo Lunghi en pleno cruce con los demandantes, sin detenerse en reflexionar que ya las viviendas fueron ocupadas hace rato.
Las declamaciones del intendente frente a los micrófonos fueron para el mayoritario electorado que lo sigue respaldando. Después, por lo bajo, le impartiría directivas a su secretario de Desarrollo Social, Oscar Teruggi, para que se acerque a los ocupas e intente negociar.
ソPorqué ahora y no antes? Por aquella estrategia del desgaste, sin medir que al no ir hacia el conflicto, el conflicto viene hacia ellos y las estalla en la cara, como en el propio hall municipal y en la narices de un intendente que ya no cuenta con delfines que le cuiden la espalda, terminando en una exposición a un costo innecesario.
Ahora todo quedó supeditado a una medida cautelar. Un juez deberá resolver lo que la política no sabe, no quiere, definir.
De todas formas, lo que decida la Justicia no cambiará mucho el escenario. El problema, aquella incomodidad de los feos, sucios y malos seguirá estando, porque más que apelar a la justicia ordinaria debería pensarse en la justicia social, algo que hace rato no se resuelve por estos pagos.

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