6 de abril de 2008
Por Guillermo Liggerini
Finalizado el lock out agrario, con las connotaciones políticas y sociales que deparó, bien vale la pena repasar algunas reflexiones. Interrogantes como certezas de una movilización sin precedentes que signó la agenda nacional y local, y por obvia consecuencia la periodística.
A todas luces la veintena de días que deparó la abrumadora como desmesurada medida de fuerza tiene una responsabilidad de origen, en los yerros de diagnóstico de la dirigencia gubernamental como sectorial, que a todas luces se vieron sacudidas, desbordadas por las bases que, con legítimo derecho, salieron a reclamar por lo que creen justo. Más que piquetes en las rutas, debiera aludirse a piqueteros que volvieron a atentar contra la política, si de ella se entiende a la ciencia que busca a través del debate de ideas, el diálogo, el consenso en pos del bien común.
Interrogantes, a la hora de intentar encontrarle razones a tamaña torpeza, terquedad del Gobierno nacional, que claramente se equivocó, especialmente en las formas más allá del fondo, que también resulta debatible.
A no ser que todo tenga o persiga una estrategia aún indescifrable, más allá del costo coyuntural. Tal vez, el pensamiento profundo versa sobre la búsqueda de una división de la sociedad, y así reinar. De lo contrario no se encuentra razones (más allá de las factiblemente económicas) para transformar lo que era una pelea sectorial en una causa nacional, dilapidando en apenas un centenar de días de gestión una porción de la imagen positiva que supieron conseguir y que se vio plasmada en las urnas.
Para con la dirigencia rural, mucho por revisar y acomodar, teniendo en cuenta que no estuvieron a la altura de las circunstancias. Afortunadamente contaron con la buena predisposición de quienes saludablemente integran las bases, con el lógico emergente de líderes carismáticos, practicando asambleas populares y sin dar el menor atisbo de generar la violencia que se intentó instalar desde los discursos y el accionar de mercenarios del poder.
De todas formas, también resulta necesario repensar en otras creativas medidas de reclamo que no impliquen semejante desatino. No se pueden seguir avasallando los derechos de terceros. Cortar rutas, provocar el desabastecimiento de alimentos a la población no resultan herramientas válidas para la convivencia democrática, sobre todo cuando viene de una buena parte de aquellos que despotricaron cuando otros piqueteros interrumpían sus pasos pidiendo trabajo y comida.
COMPARACIONES
En tren certezas y porqué no comparaciones, desde el poder político local, el radicalismo pareció sentirse ciertamente cómodo ante lo que padecía el justicialismo nacional. Fue así que por lo bajo se escucharon voces que no se condicen con lo que luego se escucha en la tribuna política gubernamental, pero sí en los nostalgiosos pasillos del centenario comité.
Con sutil delicadeza el jefe comunal, Miguel Lunghi, bregó por el diálogo, mostrándose cerca del reclamo y diferenciándose de las recientes políticas k. Si bien es innegable que mantienen levantadas sus banderas de autonomía y la pretensión de un mayor federalismo, tampoco pueden criticar demasiado a un modelo centralista del que se han nutrido descaradamente. Todavía se guardan en las retinas aquellas pancartas electorales que lucían el embelesamiento para con el poder k, que había otorgado un derrotero de obras millonarias para el pago, incluso satisfaciendo caprichos tales como el de la réplica de la Piedra Movediza.
Salvando las enormes distancias, también el lunghismo demostró escasa voluntad dialoguista a la hora de sellar impuestazos inconsultos y ante el menor atisbo de resistencia por parte de un sector se salió a acusarlos de evasores.
Y si de torpezas se habla, aunque con otra suerte, no olvidar aquel también inconsulto decreto que prohibía realizar explotaciones canteriles, sin previsión alguna sobre lo que se venía (el lock out de los corralones), judicializando un conflicto netamente político con destino aún incierto.
Para fortuna del lunghismo, apareció Scioli asumiendo la responsabilidad de hablar de expropiación (ayer había aparecido Blanco Villegas para donar el hospital de niños) y salvaron las vestiduras.
Se trata de lecciones que van dejando los conflictos, las crisis. Dependerá de sus protagonistas y quienes circunstancialmente la sufren aprenderlas para crecer. Que aquello que se proclama en la retórica discursiva se plasme en los hechos, en cada uno de los pasos de la gestión.
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