3 de agosto de 2008
Por Guillermo Liggerini
Se está saldando el primer semestre de la nueva gestión lunghista al frente de la comuna, por lo que se puede ya realizar a grosso modo un balance sobre esta nueva era.
Se podría sintetizar en que en verdad se cumplió con el eslogan de campaña. Hubo más Lunghi, empero, la oxigenación prometida no fue la esperada, y el tránsito de las nuevas caras aún no lograron cambiar el timón de las áreas que les fueron encomendadas.
Se trató sin dudas de un semestre particular, signado por la suerte que deparó el conflicto torpemente emprendido por el gobierno nacional con el sector rural.
De los seis meses, cuatro se vivieron en un clima de extrema tensión política y social, y las respectivas gestiones prácticamente estuvieron sujetas a aquellos vaivenes. Unos y otros dirigentes, se vieron obligados a inmiscuirse en la belicosa escena, dejando a sus respectivas gestiones incluso atadas a las resultantes de aquellas pujas.
Sin embargo, si se cotejara entre las distancias que separan los respectivos ejecutivos, bien podría leerse que mientras el kirchnerismo lució un desgaste inusitado, el sciolismo padeció una parálisis escalofriante, en tanto el lunghismo, teniendo en cuenta el contexto, salió con relativo aire. No sólo en la estrategia política al pararse en el escabroso escenario, sino también la gestión, que igual pudo caminar, concretando algunas obras de trascendencia.
Los trazos más gruesos del haber destacaría como logros de la nueva era la histórica apertura del Hospital de Niños, sin dudas una obra venida de la mano privada pero que la gestión logró -con algo de suerte y obstinación- persuadir para que se concrete.
También la decisión del gobernador Scioli, por entender la problemática canteril y comprometerse en la resolución de cuajo del problema, al menos de las mineras más controvertidas (léase las emplazadas dentro de la poligonal), debe figurar también en el haber del semestre. La puesta en marcha de la Comisaría de la Mujer, y el plan de repavimentación, no resultan asuntos menores siendo que tiende a contener una demanda sensible.
EN EL DEBE
En este pretendido balance podría mencionarse en el debe la escasa oxigenación que el lunghismo supo concebir para la nueva era, que no es más que la continuidad de los cuatro años transitados, con el desgaste que ello podría implicar para varios de sus actores.
Quienes ensayan una argumentación sobre este “detalle”, aluden que en verdad no se trató de un Lunghi negado al recambio, sino que en verdad no se encontraron las voluntades necesarias. “No hay mayores ganas para involucrarse en el proyecto, en política”, refieren, a pesar que en la actualidad ya no debería ser excusa los haberes (unos 6 mil pesos mensuales para un secretario y cuatro mil para un director).
Vale como ejemplo que una de las prioridades de gobierno, la política de Salud, no cuenta con secretario. Quien era subsecretario, doctor Héctor Equiza, fue destinado al flamante Hospital de Niños, y el área quedó preventivamente a cargo del subsecretario de Gobierno, Oscar Teruggi (alguna vez se criticó desde la UCR que el técnico municipal Luis Jensen fuese el secretario de Desarrollo Social).
A pesar de estas excusas, tampoco debiera omitirse que a la fecha quienes finalmente gozaron de la oxigenación poco y nada han cambiado la realidad que le toca al área en cuestión. Simplemente matices de perfiles, unos más prudentes, más técnicos y/o burócratas que políticos, otros con cierto feeling mediático, y no mucho más.
La secretaría de Desarrollo Local es un ejemplo. Si bien se acallaron las voces belicosas que ayer sucumbían al séquito lunghista, el nuevo perfil es sólo eso, pues se sigue con el karma de no poder celebrar una radicación industrial de envergadura. Conformarse con regularizar al PIT y dotarlo de mayor infraestructura en materia de alambrado perimetral y más potencia de energía eléctrica, no se condice con los pretenciosos sueños que el intendente inculcó.
A propósito de energía, la Usina y su diversificación sigue siendo una de las grandes deudas pendientes. Si bien se avizoran anuncios optimistas, los primeros seis meses el poder público estuvo signado por el escándalo Favoretti primero y la promoción de entrega de focos de bajo consumo más luego.
Tal vez el cambio del gabinete más prometedor redunde en el secretario de Gobierno, Marcos Nicolini, colocando en un escalafón más poderoso a Carlos Fernández. El novel lunghista ungido recientemente como presidente del Comité (otra muestra más de la falta de nombres), presenta todas las cualidades para ejercer lo que le tocó en suerte, empero no logra posicionarse más allá del ala omnipresente de Fernández.
Filas más abajo, las modificaciones con las respectivas caras nuevas nada han mejorado. La dirección de Tránsito, por caso, está en manos de un voluntarioso director que ensaya excusas a diario y cuando no encuentra respuestas nada mejor que responsabilizar a todos, y así a nadie.
OTRAS OBRAS
También cuando el jefe comunal fue convalidado nuevamente en las urnas habló de una mayor inyección en obras públicas, trazando la pavimentación y la red de gas como prioridades de gobierno. A la fecha, los avances son minúsculos comparado con la demanda. Tampoco debiera omitirse que en dicha secretaría aún sobrevuelan causas administrativas y penales que no se condicen con la mayor transparencia promocionada.
Las iniciativas tienden a conformar un fondo permanente, la única salida que se vislumbra para paliar una sensible falta de equidad entre vecinos, especialmente en lo que hace al servicio de gas.
A modo de conclusión, los lunghistas podrían aludir a un balance positivo de los seis meses primeros de la nueva era, en medio de la tensa situación política que reinó. Hubo más Lunghi, lo que motivó seguir en la cima de las predilecciones del electorado lugareño. No hubo mayor oxigenación y los pocos nuevos no supieron cambiar las historias ya escritas. No es un mero detalle, si se pretende contar con un proyecto político más allá del pediatra, que en algún momento dejará de trabajar de intendente.
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