24 de mayo de 2009

Locales

Locales. PALPITAR COMUNAL: La piedra en el zapato

Por Guillermo Liggerini

Arrancó la campaña con grandes expectativas rumbo a las urnas del 28 de junio. El lunghismo reeditó su folclore con un mecanismo aceitado que alude a una fuerte inversión de imagen, mucha gestión y organizados actos proselitistas para generar una mística en la militancia. El auzismo, por su lado, buscando aplacar a las fieras heridas tras el armado de la lista e imponiendo la liturgia peronista, con el doble desafío de representar al kirchnerismo sin auténticamente serlo, e intentar destronar al poder lunghista en las urnas. Unión Pro, en tanto, capitalizando a sus referentes nacionales, recostados en lo que presuponen un voto arrastre importante, más allá de las potencialidades de la propia lista ofrecida al electorado local.
En medio de un microclima que de a poco irá generando sensaciones como convicciones en la ciudadanía, se instaló como asunto de campaña lo que largamente espera por definiciones, las sierras de Tandil. El patrimonio serrano ha perdido tanta piedra como promesas ensayadas, por lo que naturalmente resulta lógico entender porqué nuevamente el asunto está en la agenda política, y ahora electoral.
La pasiva perseverancia de los preservacionistas terminó marcando de algún modo el termómetro mediático, a partir de una curiosa dilación que la casta política supo imponer a la hora de definir sobre sus requerimientos.
Específicamente la propuesta de la Consulta Popular es lo que obligó a expedirse a la dirigencia política que, parada en el nuevo escenario electoral se ve obligada a resolver, con el costo que implica aprobar o rechazar la propuesta.
Una vez más los zapatos de uno y cada uno de los candidatos que caminan las calles tandilenses tiene la piedra incómoda de tener que hacer pie sobre un asunto que quema, y que cualquier amago o distracción a la hora de coquetear con el asunto puede generar adhesiones como rechazos a la hora de depositar un voto.
Dicen que la contradicción canteras-sierras no está en el ranking de las prioridades del electorado, aunque se admite -por haber sido medido- que hay un mayoritario pensamiento ciudadano en la necesidad de preservar su patrimonio natural.
Con la astucia que marca la experiencia en política, fue el candidato a senador Carlos Fernández quien rompió el molde y descolocando a propios y extraños aceptó -sin aceptar- la presión de la Asamblea Ciudadana.
Desde el atril del acto proselitista habló de llamar a la pretendida consulta, pero más luego de la elección legislativa, y con los parámetros que los designios radicales impongan. Más precisamente consultar al vecino si está de acuerdo o no con el proyecto que selló el municipio con la Provincia, a pesar que ahora el Gobernador se haga el distraído de lo se comprometió a emprender.
Desde aquí no se puede negar que Fernández ha sido un militante incansable de la causa que pretende terminar con la explotación minera dentro de la poligonal, pero queda un tufillo extraño a su alrededor, un halo de oportunismo electoral en su anuncio.
Como el famoso como controvertido decreto del jefe comunal que declaraba el cese de la actividad -precisamente también en tiempos de campaña,- otra vez el radicalismo promete jugar fuerte sobre el asunto, a sabiendas que su suerte siempre estará estrechamente ligada a la voluntad política provincial, la más responsable del zafarrancho que hoy lucen nuestras sierras.
Empero hay datos, situaciones paralelas a la problemática que permiten especular en que hay mucho de demagogia y pocas convicciones a la hora de querer desalentar la actividad minera.
Si bien puede considerarse al proyecto que Fernández llevará al Senado -si asume- como la solución de fondo, en lo cotidiano poco y nada se hace desde el municipio para atemperar las consecuencias canteriles.
Mientras se aguarda nuevamente por una definición de la Provincia (una más y van…) el Ejecutivo no controla lo que podría controlar sin necesidad de padrinazgos.
Se alude específicamente al descontrol del transporte de piedra, que ya ha montado impunemente todo un circuito clandestino de depósitos de piedra molida detrás de la Ruta 226 para cargar sobrepeso y así redituarse con el negocio minero, no sin antes destrozar las calles de los barrios periféricos y la mismísima remozada ruta provincial Nº 30.
También está pendiente de tratamiento el proyecto de senderos turísticos que pacientemente se había confeccionado en pos de desalentar la actividad a partir de limitantes geográficos para el transporte, sin embargo, siempre a la espera de una responsabilidad provincial, todo sigue como era entonces, sin más.
En este dejar hacer, la oposición también aportará lo suyo. Auza prometió llevar su propio proyecto antes de culminar su mandato como senador. La iniciativa (que no se conoce en profundidad más que por las declaraciones mediáticas) alude a una mayor flexibilidad canteril a la hora de su reconversión que la otrora prometida por el Gobernador. Los detractores consideran que está escrita con letra minera, casi cargando sobre sus espaldas el mismo espíritu que impuso el nunca cumplido Acuerdo Marco. Precisamente el controvertido acuerdo de la era zanatelliana, contó con una autora intelectual como Beatriz Fernández, hoy candidata por Unión Pro, quien debería rendir cuentas si aquello era el mal menor, como oportunamente se pregonó, y de qué sirvió según hoy demuestra la realidad.
Las sierras y sus canteras se metieron en la campaña. Mejor dicho aún: la campaña se metió con la contradicción minería-sierras, porque ella siempre estuvo presente, por más distracciones que ostente la clase política encargada de resolver el entuerto.

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