28 de septiembre de 2008

Locales

Locales. PALPITAR COMUNAL: La representación perdida


Por Guillermo Liggerini
Desde este espacio se ha hablado insistentemente sobre la crisis de representatividad, poniendo el acento en la clase política, aunque en verdad el flagelo lo padece toda la dirigencia en general. Hay excepciones que escapan una regla implícita provocada por crudos tiempos de crisis que motivaron exasperantes actitudes individualistas, con escuálida participación social.
La representación empresarial como la gremial, también ha dado muestras de su fragilidad, y en estos tiempos se expone a un escenario complejo, delicado, que se la llevará puesta sino se encuentran rápidamente reacomodamientos y renovadas participaciones.
El conflicto rural, ayer y hoy, los docentes en el territorio bonaerense por estas horas, y aquí nomás, los municipales, resultaron actores en escenarios con similares guiones: legítimos reclamos bajo consignas claras, empero, la falta de representatividad promovió metodologías incómodas, para algunos saludablemente democráticas. Complejas y obstruccionistas para otros.
A nadie escapa que al Estado, en estos casos ocupando un rol patronal, no le debe resultar fácil lidiar con interlocutores que a simple vista no se ven lo más representativos del sector que ostentan precisamente representar.
Las negociaciones y primeros acercamientos entre la circunstancial conducción gremial y los funcionarios, luego deben pasar por la zaranda de las bases, que por éstos tiempos difícilmente respondan disciplinadamente a sus representantes, menos cuando una buena parte incluso ni siquiera está afiliada.

LOS SECTORES Y SUS REPRESENTACIONES
Ayer el campo encontró un nuevo fenómeno social: el autoconvocado. Aquel productor despojado de cualquier rótulo institucional, vía asamblea terminó resolviendo hacia dónde debían conducirse precisamente los que fueron elegidos por los institucionalizados para conducir.
Al sector docente ahora le sucede algo similar. Salvando las lecturas de porqué se frustraron los acuerdos anunciados entre las partes, no resultó ajeno entender que, al menos desde Suteba, las bases –vía asamblea- terminaron contradiciendo lo que la conducción sindical había considerado posible. La FEB, en cambio, mantiene otro mecanismo de resoluciones, vía delegación de sus congresales.
En recientes declaraciones, desde el propio frente gremial se admitió la complejidad del asunto, teniendo en cuenta que la mitad de los docentes no está afiliado a ningún sindicato.
Por estos pagos, los municipales desnudaron un capítulo parecido en el conflicto por la mejora salarial finalmente sellada. Tampoco aquí nadie se podrá animar a cuestionar la legitimidad de conducción que mantiene Roberto Martínez Lastra, como los logros obtenidos para el sector al frente del gremio. Sin embargo, en la reciente negociación acudió al método de las asambleas en los respectivos sectores para decidir. El resultado terminó siendo el que votó una mayoría que no precisamente responde siempre a la conducción gremial y una buena parte no es tampoco afiliada.
Un dirigente conocedor de estos menesteres confiaba sobre el asunto que esto no ocurre en la actividad privada. En este sector los sindicatos prácticamente no se manejan por asamblea. En la UOM, se citaba como ejemplo, no se hace consultas en asamblea. Sí se genera un debate en su congreso de delegados, se saca una posición, que es la que se tendrá en la negociación.
Está en crisis la calidad de dirigentes. No está demás propiciar una discusión sobre el tema, cuando hay miradas tan opuestas sobre un mismo fenómeno. Lo que para unos es un proceso más participativo, para otros no hace más que entorpecer una negociación y vapulear la vida institucional de los sindicatos.
Se entiende que la modalidad del autoconvocado es un invento, que desde el punto de vista de le ley laboral no se registra. Podría presenciar, discutir. Tener voz, pero no el voto. El espíritu de la ley entiende que las negociaciones se hacen con las representaciones genuinas, que las da el ministerio de Trabajo, quien convalida cuando un gremio está en condiciones de negociar. Lo demás, se afirma, es un invento criollo producto de la no conducción.

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