6 de marzo de 2011
Por Guillermo Liggerini
Cuando en la superficie la casta política parece abocarse de lleno al acto político que representará el centenario del populoso barrio de Villa Italia, especialmente a partir de la venida del mismísimo gobernador Daniel Scioli, por lo bajo se entretejen las estrategias partidarias rumbo a un escenario electoral tan vertiginoso como incierto, a partir de posicionamientos que inevitablemente quedarán atados a las pujas intestinas que florecen arriba y se derrama por las sierras.
Está claro que al radicalismo se le simplifican las cosas, desde un liderazgo prácticamente inalterable que sólo se ve incomodado por un detalle que, dependiendo del resultado, podría trastocar la obediencia debida que implica estar frente al hombre que le recuperó la vida radical por estos lares.
Se trata de la interna más allá de las fronteras serranas que, sin quererlo, colocó a los correligionarios tandilenses en posturas incómodas. Sólo eso - vale destacarlo- porque la sangre no llegará al río ni mucho menos.
Empero, permite especular a algunos sectores no lunghistas en que no se está lejos de aspirar a un posicionamiento más interesante que al que aquí tuvieron en el armado vernáculo.
Para más datos, según los sondeos resultaría un escándalo que Alfonsín sea derrotado frente a Sanz, pero una derrota digna de éste último, léase lograr la minoría, podría promover a ejercer cierto derecho a quienes se alistaron en esta “aventura” a la hora de ser tenidos en cuenta en un nuevo armado alrededor de la candidatura del pediatra para que siga trabajando de intendente.
Son apenas ensayos, especulaciones sobre lo que podría deparar una contienda que el radicalismo lugareño se animó a jugar tras años de aislamiento de la estructura partidaria, tal vez de aburridos que estaban porque enfrente, desde la oposición, no se ofrecía demasiada resistencia.
ENFRENTE
Precisamente enfrente, el justicialismo y sus inalterables diferencias intestinas parecen entrar en un estado de ebullición a medida de empieza a transitarse tiempos de definiciones.
También la imagen que supo mantener Néstor Auza parece conducirlo a ser ungido y/o empujado para presentarse como candidato, especialmente porque los demás no miden para aspirar siquiera a una derrota digna. De todas maneras, y más allá de no estar demasiado en discusión que el veterinario es el que mejor mide, no se escatima en aspiraciones y mezquindades de otros aspirantes rumbo al armado electoral que, trascendió, ha puesto los pelos de punta el mismísimo Diego Bossio, quien, a la altura de los acontecimientos estará reflexionando cuánto bien hizo en contener a la difícil “tropa” tandilense cargos estratégicos mediante.
Es que una vez más (las lecciones parece que nunca alcanzan) algunos dirigentes empiezan a mostrar sus garras frente a un armado que les resultaría esquivo.
Casi en una réplica de la puja nacional, los ultra k y la juventud van copando vertiginosamente todos los espacios que el poder ofrece, en detrimento de los dirigentes de siempre, y ello lleva a tensiones naturales que sólo ellos sabrán cómo resolver.
En el pago varios dirigentes comienzan a olfatear una movida similar. Con un Bossio (mejor dicho dos, por Pablo) digitalizando el armado vernáculo y ninguneando a los compañeros de siempre que, deberían reconocerlo, han sabido demostrar más capacidad de daño que de construcción.
El que evidenció los primeros enconos resultó el díscolo Raúl Escudero, que paradojicamente conduce el partido que no contiene a nadie. El que sin sonrojarse se dijo afín el duhaldismo y sin pedir permiso volvió a las filas k, parece representar el enfado generalizado que habría en varios sectores que más allá de sus diferencias profundas con el mutualista, por éstas horas los une esas coincidencias. Cayendo en un lugar común: no los une el amor, sino el espanto.
?Serán capaces de guardar sus miserias?. ?Aceptarán el tiempo de los que ostentan representar una renovación aunque en el camino evidencien los mismos vicios de los que renegaron?. Todos acertijos para un justicialismo acostumbrado arrebatarse oportunidades de mostrarse como alternativa, acostumbrado a perder.
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