28 de noviembre de 2010

Locales

Locales. PALPITAR COMUNAL: La suma de todos los miedos

Por Guillermo Liggerini

Dicen que el llamado le había resultado extraño, le hacía presumir algo malo. En dirección a la casa ya se le cruzaba lo peor. Llegó y se encontró con lo que no quería ver. Había fallecido su hermano...
Dicen que se quedó parado como detenido en un instante eterno viendo a la humanidad de su hermano allí tendido en el sillón ya sin vida. Llevó sus manos a la nuca, sacudió su escasa cabellera y expresó algo así como que había que seguir trabajando, como aquel querido difunto se lo habría ordenado.
Dicen que además del dolor por la partida de “Josefa”, aquellos que lo acompañaban empezaron a respirar con algo más de alivio por aquel acto reflejo de Miguel. Si bien compartían aquella penosa noticia, había entremedio otra cuestión que incluso para muchos radicales resultaba una situación escalofriante. Un frío polar cruzaba sus espaldas. No era el frío de la impotencia por la inevitable muerte, era el gélido interrogantes sobre la continuidad de Miguel Lunghi. Sus ganas de seguir más allá del 2011.
Quienes conocen a la familia, saben de la singular relación que une a los hermanos Lunghi, y que aquella noticia inesperada, dolorosa, podía hacer cambiar los planes políticos de un partido que a pesar de los años transcurridos en el poder, no conoce aún futuro sin el pediatra que trabaja de intendente.
Sabedores también de una familia que sigue lidiando con la exposición de su esposo-padre-abuelo, que sufre sus berrinches, y demanda una “vida normal” a la que durante estos siete años el hombre que hacía falta para la cuidad privó.
El alivio de los correligionarios volvió a inquietarse cuando en la misma escena, en aquel silencio sepulcral, el jefe comunal se encerró en una habitación y quedó sólo con su alma.
Dicen que fue apenas un instante, pero otra vez el tiempo allí parecía no transcurrir y los minutos se transformaron en horas para los ánimos consternados pero también preocupados de los radicales.
Todo se disipó cuando de allí el Intendente salió con su mochila cargada de angustia, pero con la convicción de seguir al frente del municipio, sin siquiera respetarse el merecido duelo y exponiéndose ante los medios nacionales para responder sobre sus requisitorias periodísticas que hacen al atractivo que representa el Tandil turístico.

LA INCOGNITA SIGUE

Hasta allí el capítulo de un hombre que afrontó la pérdida de un ser querido y se ve en el compromiso de seguir igual o con más pasión al frente de su gobierno, incluso desoyendo la voluntad familiar de al menos aflojar en su vorágine.
Lo de su hermano, un hombre más manso y sin tantos achaques de salud, fue un alerta para su entorno e incluso seguramente para el propio jefe comunal. Sin embargo, dejaría bien en claro, a penas despedir los restos de Josefa que habrá Miguel para más.
La escena, de todas formas y más allá del aliviado y doloroso desenlace para los muchos correligionarios, no hizo otra cosa que volver a poner las barbas en remojo a un radicalismo cómodo, recostado sobre la imagen de un intendente que en el venidero escenario electoral tiene todas las de ganar.
Poco se ha hecho -incluso por el propio Lunghi- para hacer florecer cuadros internos que permitan avizorar un radicalismo más allá del pediatra. Y allí parece estar la idea, el convencimiento de muchos en los próximos meses.
Se entiende que no es descabellado en pensar que algunos instalen que Lunghi no pueda o no deba cumplir cuatro años más al frente del municipio. Por el propio desgaste físico o bien porque podría dedicarse a otros menesteres que el partido demande (léase la fantasía de más allá de Tandil).
Así surge entonces la necesidad de instalar potables candidatos que representen la sucesión. El proyecto político ya está maduro, el líder está intacto, pero aquella virtud en poco tiempo se podría transformar en una debilidad.
Algunos pícaros, ni lerdos ni perezosos comienzan a esbozar nombres. A la espera que los jóvenes lunghistas digieran que más allá de su vocación por la función pública deben asumir los costos de ser verdaderos políticos (salpicarse de aplausos pero más de reproches), sobresalen dos dirigentes como los más potables a enarbolar la idea de la mencionada sucesión.
Descartado Carlos Fernández, quien reconoce que ya está jugando en otras ligas y su aspiraciones locales tuvieron su tiempo -y el tiempo pasó-, las miradas posan sobre Julio Elichiribehety y Mario Civalleri.
Todo, claro está, sujeto a la unción que los sondeos de opinión definan sobre la imagen que ambos tengan en el ciudadano, los caminos parecen desembocar en sendos radicales, quienes para afrontar el desafío incluso podrán ser motivados, sino empujados, a encabezar la lista de concejales que acompañen la candidatura reeleccionista de Lunghi.

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