4 de enero de 2009
Por Guillermo Liggerini
Pocas veces reciben halagos, sufren los costos de pertenecer a un oficialismo que incluso pareciera menospreciar la tarea legislativa. Siempre viven eclipsados por la propia acción ejecutiva que les resta protagonismo, y encima son poco proclives a contar con su propia impronta. Se trata de los 12 ediles radicales, que como nunca hoy transitan su omnipotente mayoría y la destilan en oportunidad que se les presenta. Tras padecer lo que consideraban una mayoría ilegítima, en el año que fue aprobaron sistemáticamente uno y cada uno de los proyectos que el ejecutivo supo elevar.
Disciplinados, cual apostolado jamás contrariaron la voluntad del pediatra. Quien alguna vez osó intervenir y/o intercambiar una opinión distinta, fue “operado” por cirujanos que amenazaron con extirparle la banca.
En la última sesión de 2008, en medio de las fiestas, como quien no quiere la cosa aprobaron el venidero presupuesto, sin contemplaciones ni reparos para aquellos que insisten en la inequidad de los números proyectados, y que incluso desde la oposición legislativa se animan a desafiar la lógica del sistema que dice que quien gobierna ejecuta los recursos y los legisladores legislan y controlan.
“Se trata de un equipo, nosotros formamos parte de un proyecto de gobierno”, se defienden los concejales cuando se le endilga resultar meros “levantamanos” o una escribanía. Críticas que, en verdad, no le resultan ajenas a todos los legisladores provinciales y nacionales.
Para mayor sinceridad, lo que se endosa en el pago chico, se repite más allá de las fronteras serranas, con la curiosidad de que los opositores de aquí sin los oficialista de allá, y viceversa.
La particularidad de este legislativo con mayoría oficialista versa sobre el abuso y manoseo que ha padecido por un radicalismo que, se insiste, carece de cuadros más allá de las paredes del palacio comunal. En consecuencia, en cada urgencia o accidente político, el Ejecutivo metió mano en el bloque y sacó a quienes presentó en las respectivas listas para ocupar un rol en una banca.
También resulta llamativo la repetida dialéctica utilizada en cada debate propiciado desde las bancas. La última sesión, con el presupuesto como eje de discusión, fue un claro ejemplo de la estrategia oficialista a la hora de defender a capa y espada lo que resulta al menos poco convincente acerca de las razones de cómo se incrementan las tasas y quién resultará el sector que más tendrá que costear lo aumentado.
DEBATE Y ELECCIONES
Resulta limitado el mensaje que desde las bancas se emitió a la hora de defender el presupuesto, con aquello de que la crisis externa como la inventada por el kirchnerismo con su disputa chacarera, no deja margen a opciones más creativas que la de un incremento. Nada de autocrítica y consecuentes correcciones sobre a lo que a todas luces ocurrió con la modificación de los tributos hace un año (no pagan más los que más tienen), ni sobre la escasa participación que se da a distintos actores a la hora de confeccionar las prioridades de un ejercicio.
La receta es echarle la culpa a la Provincia y la Nación, según el tema que se aborde. Si se habla de la crisis, recesión, inflación, canteras, seguridad, radicación de fábricas, empleo, a la hora de encontrar culpables hay que mirar más allá de Belgrano al 500. Ahora si sobre esas mismas temáticas se alude a logros, ahí sí la intervención comunal estuvo de la mano de buenas gestiones realizadas a través de la mancomunadas relaciones institucionales.
Poco creativa también resulta la oposición, que achaca sobre formalismos y usos y costumbres que el gobierno provincial y nacional (del mismo color político) promueve sin distinción.
Siete de la docena de bancas pondrá en juego el corriente año electoral, será nuevamente y unicamente en las urnas donde la ciudadanía tendrá en sus manos aplaudir o rechazar cómo se ha manejado el cuerpo legislativo con la actual conformación. Sería un escándalo político que el oficialismo pierda la mayoría que supo conseguir sobre el peso de una gestión exitosa, aunque a nadie le resulta ajeno que las legislativas son otra historia, que entran en juego otras aristas más allá de lo que puede contagiar una gestión con un intendente impoluto en materia de adhesión popular.
Será el voto quien resuelva el acertijo que oficialistas y opositores impondrán en la campaña, con aquello de buscar un equilibrio o avalar cual plebiscito para no perturbar la marcha de una gestión.
Ambos tendrán que saber explicar que en cualquiera de los casos no se cometerán los mismos abusos que ayer y hoy, cuando una oposición logró mayoría y acotaba el margen de la voluntad de gobierno, o el oficialismo hizo gala de su cantidad de votos para imponer sin tapujos lo que quiso y como quiso.
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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