5 de julio de 2009

Locales

Locales. PALPITAR COMUNAL: Mitos electorales

Por Guillermo Liggerini
Una semana extremadamente delicada atravesó el país y el pago chico, con una emergencia sanitaria que hace estragos y una emergencia política que retuerce las entrañas.
Claramente la tardía declaración de emergencia sanitaria tapó las lógicas repercusiones que generó un domingo eleccionario, en el que Tandil reiteró su inclinación mayoritaria hacia un oficialismo que volvió a sacar varios cuerpos de ventaja por sobre los que ostentan encabezar la oposición.
Si bien está más que claro que el privilegio por la vida merece más espacio que cualquier lectura política, no debiera obviarse la curiosa postura de un gobierno nacional, en contraposición con la seriedad demostrada desde el propio terruño tandilense.
Desde el poder central ahora, tras empujar a las apuradas a ir a las urnas, se pide responsabilidad social e individual para intentar cortar la cadena de contagio, cuando aquellos que ostentan la representación ciudadana no tuvieron el mínimo criterio responsable para alertar sobre lo que estaba escrito (literalmente escrito por los especialistas) que iba a padecer el país en materia epidemiológica.
Se está frente a una pandemia de indescifrables consecuencias. Hay muertos por miles y sólo queda rezar para que la sabiduría de un pueblo, una sociedad, revea sus costumbres cotidianas, modifique sus quehaceres rutinarios, en pos de un aislamiento que permita una meseta. No hay todavía otra receta salvadora, no hay milagro ni medicamento más eficaz que la propia responsabilidad vecinal, todo un desafío para una sociedad con sus valores trastocados a partir de aquella irresponsabilidad que se emana del poder.

ELECCIONES
Pero si de lecturas políticas se alude, vale también la pena al menos por éstas horas detenerse unos renglones para echar a desandar algo de lo que depararon las urnas en la ciudad.
Claramente se rompió un mito llamado Auza. Ese mito, en verdad montado bajo la impronta mediática pero también política, incluso de quienes lo consideraban el enemigo a vencer, léase el lunghismo.
Se trató de una bofetada contundente en las urnas que si bien responde en parte a los propios yerros del veterinario, no deben de dejar de subrayarse los méritos de un oficialismo que como insiste el pediatra, vinieron para quedarse.
Se han preparado para gobernar y contrarrestar los contratiempos que implica una gestión, a partir de un liderazgo aún impoluto y un equipo que supo concebir una mística envidiable para el resto de las fuerzas políticas.
Resulta evidente que desde el poder comunal se facilitan las cosas. Empero, no se relajaron, caminaron la calle como si fuera la primera campaña, poniendo el cuerpo en cada recorrida y así hoy algunos de ellos, incluso el propio jefe comunal, debió bajar la guardia y reposar con cuadros gripales una vez concebido el histórico triunfo.
El justicialismo, una vez más, autoflagelado por sus miserias intestinas. El buen candidato ahora devenido en un mito, repitió los errores que los anteriores postulantes osaron. Armar una lista sin el consentimiento de al menos las principales líneas internas. Se dejó de lado nuevamente a los llamados piantavotos, pero que en cualquier armado de estrategia proselitista sirven y mucho.
Para colmo de males, con la fragilidad interna a cuestas se impuso una campaña tan timorata como inapropiada para los tiempos que corrieron. Ante un oficialismo fuerte, recostarse en la presunta buena imagen de un candidato no alcanza. Hace falta militancia y propuestas tentadoras, de lo contrario para qué cambiar lo que ya está instalado se preguntará el electorado.
El ejemplo más claro de cómo se puede revertir un escenario hostil electoral podría ser Pino Solanas en Capital. Salvando las distancias de lo que representa el volátil voto porteño, el cineasta le agregó a su buena imagen ideas concisas pero contundentes, sensibles al paladar de cualquier argentino.
Hablar sobre el recupero del servicio ferroviario como el resto del transporte urbano y con números creíbles sobre lo que es posible, apelar a una férrea defensa de los recursos naturales, no son otra cosa que asuntos muy caros al sentimiento del ciudadano, que incluso lo despoja de cualquier viciado debate político partidario.
Auza y compañía, desde aquí, carecieron de dicha penetración. Tal vez no porque no tenga qué proponer, pero evidentemente no lo supieron comunicar, y eso estuvo más que claro en el coloquio que permitió que los candidatos se vieran las caras en una misma mesa.

ZANATELLI Y KIPLING
El otrora líder serrano, Julio José Zanatelli, sabía citar a Rudyard Kipling
para hablar de vencedores y vencidos en cada contienda electoral que transitó. El autor elegido por el ex intendente alude a que la victoria y el fracaso son dos imposibles, y hay que recibirlos con idéntica serenidad y con saludable punto de desdén.
El lunghismo ha hecho lo suyo. Al conocerse el holgado triunfo habló de mayor responsabilidad a la hora de gobernar y al día siguiente ya estaba declarando la emergencia sanitaria ante la indefinición de los perdedores electorales de arriba. Para el justicialismo y el mito auzista en particular, sólo resta saber cómo digiere el nuevo revés. Un reconocido gurú vernáculo refiere que no se puede hablar de cadáveres políticos tras una derrota en las urnas. Hay que esperar para ver qué hace con ese fracaso y cómo lo lleva de aquí en adelante. Si corrige sus errores, y la coyuntura se lo permite, podrá volver el ruedo, pero todo dependerá de cómo se asuma el tránsito de ser ahora la cara de la derrota. Si aquel mito se transforma en realidad.

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