24 de octubre de 2010
Por Guillermo Liggerini
Como no podía ser de otra manera, nuevamente la demanda social por la falta de viviendas cruzó la semana que se fue. Una cruzada plagada de densas historias de familias carenciadas, desesperadas y jugadas, hasta el oportunismo cruel de una clase dirigente que hasta en los casos más delicados entiende que es pasible de consecuencias electorales y bajo esa premisa se paran.
Así, cada uno de los sectores políticos se maneja, se coloca interesadamente, sin fijarse demasiado en los que están demandando, sino más bien posicionándose de cara a un escenario político electoral.
De ser así, está claro que el lunghismo sabe que frente a este tipo de manifestaciones y actores que la encarnan, tienen todo para ganar. Los que votan al pediatra no comulgan con aquellos que por razones tan diversas como complejas de asumir, tomaron un terreno, una casa, sin avisar, aunque hace rato que el aviso sobre la necesidad insatisfecha está en carne viva y el municipio no quiso o no supo ver.
Lunghi y compañía optó por otras prioridades y -una y otra vez- electoralmente mal no le fue ni le irá. También saben, que aquellos vecinos “intrusos” que incomodan al Tandil soñado propagandeado, nunca los votará.
El escenario de conflicto es repetitivo, recurrente, porque no hay salidas a la vista frente una demanda de miles de tandilenses. Más tarde que temprano, el Ejecutivo lanzó algunas anodinas medidas sobre la temática cual parches, excusas para mostrar que algo están haciendo. Que el registro de demanda única, una cuadrilla con flacos recursos para refaccionar, ampliar, viviendas en situación de hacinamiento, una bloquera y organizar el sorteo de las viviendas federales y terrenos.
Tampoco mucho se avizora de Provincia y más allá. En cuenta gotas bajan recursos para un municipio que no comparte sus intereses políticos partidarios. Desde la Anses, por caso, se habían comprometido 22 viviendas industrializadas para auxiliar el conflicto Smata. Apenas los recursos que llegaron alcanzan para 14. El propio Bossio anunció otras 50 casas de las características del Plan Federal. Aún se aguardan con paciencia...
JUEGO DE INTERESES
Dentro de este paradójico escenario, desde el radicalismo se brega por la autonomía, pero poco hace para demostrar que puede vivir sin los salvavidas que bajan de arriba (debieran al menos sonrojarse por lo que hoy resulta una herramienta clave como la Usicom).
Desde el justicialismo, por su lado, se le exige al administración local lo que a todas luces no cumplen quienes gobiernan la economía bonaerense y nacional. Piden que el lunghismo administre los recursos y atienda las demandas expuestas, sin detenerse que aquellos del propio palo partidario poco hacen para descentralizar y así cristalizar por la requerida autonomía.
En ese tren de chicanas y mezquindades, el bloque radical con una legítima estrategia empujó a sus pares opositores que se expidan al respecto.
Las bancas de Unión Pro fueron más o menos claras: no a la metodología -léase ocupación del CIC, etc.- pero exigen que Lunghi se haga cargo de la situación habitacional. La receta se supone que la guardan para la plataforma 2011.
Desde el FpV, una postura algo ambigua como timorata. Sí, pero no. No quieren quedar “pegados” a los dirigentes que motorizan la toma -saben que son piantavotos- pero tampoco se animan a negarlos. Y dicen preferir hablar del tema de fondo: un presupuesto local para paliar la demanda.
En ese “juego” de posiciones, los delfines lunghistas sacan pecho desde las bancas cuestionan la representatividad de un trío de dirigentes que han motorizado la toma. Independientemente de los legítimos planteos, al menos en sus oficinas debieran preguntarse qué hicieron o dejaron de hacer para que aquellos que se consideran como “impresentables” hoy copen la agenda pública. Deberían sincerarse y admitir que la última vez que estuvieron por el lugar de los hechos fue cuando el pediatra los convocó para celebrar algún aniversario de la puesta de la réplica de la Piedra Movediza que, vale reseñarlo, iba a cambiar la historia de la populosa barriada.
Algo parecido habría pasado con buena parte de los colaboradores directos de Lunghi, quienes a estas alturas se asemejan y mucho a los funcionarios que acompañaron al otrora liderazgo serrano, Julio José Zanatelli (f). Con escasa o nula impronta, todo queda supeditado a los humores del pediatra bajo un verticalismo casi ortodoxo. Y así lo advierte cada uno de los sectores sociales demandantes que sólo ven en Lunghi la única figura representativa y con capacidad de decisión.
Un botón para la muestra. Trascendió durante la semana que frente a la ausencia del jefe comunal (en un acto con el gobernador Scioli) alguno se le ocurrió consultar telefónicamente a un correligionario y ex secretario para saber qué paso dar: “Hola, Julito...¿qué hacemos?”.
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