21 de marzo de 2010
Por Guillermo Liggerini
Peronistas y radicales, a sus modos y sus formas, conviven por éstas horas en climas donde reina el malhumor y la desconfianza. Una guerra de egos y recelos que los lleva a exponerse a una sensación térmica que no se condice con la temperatura del vecino de a pié.
El recurrente lacrimógeno escenario que se empecina a protagonizar el justicialismo tuvo su nuevo punto de ebullición en un acto en la sede partidaria, cuando el presidente, Raúl Escudero, tuvo la feliz idea de congregar a todos, sin distinción. Lo que en la foto parecía la utópica panacea (todos unidos triunfaremos...) se diluyó apenas las primeras retiradas del local de calle Pinto. Puras desconfianzas y trillados pases de factura que transforman al peronismo vernáculo en un adicto a la equivocación permanente.
El radicalismo, en tanto, favorecido por lo que su contrincante político carece (un liderazgo sólido) disimula con mayor cadencia sus diferencias intestinas, aunque las hay y cargadas de intensidad, a partir de algunas apariciones espasmódicas que no hacen otra cosa que denotar los complejos de algunos componentes lunghistas.
Para el peronismo, nada nuevo bajo el sol. Apenas la aparición de Diego Bossio, cual tío Rico para las huestes kirchneristas, parecía encarrilar un interesante abanico de voluntades locales. Fiel al estilo k, se fueron acomodando algunas piezas al son de una caja que además de administrar nacionalmente la seguridad social de los argentinos parece asegurar la economía doméstica de algunos militantes tandilenses.
Empero, la incertidumbre de arriba hace que aquí abajo empiecen a coquetear, reacomodarse a los nuevos tiempos que algunos vislumbran, apostando al ocaso del matrimonio patagónico.
Para algunos, demasiado rápido para saltar el charco, como insinuó el propio Escudero, que seguramente no será el único de aquí al año que viene, pero sin entender que ser el primero no garantiza nada para cumplir con su obstinación (sólo a él y algunas amebas que lo regodean se le ocurre), ser candidato a intendente.
PANIC ATTACK
Pero se dijo, el radicalismo también tiene de las suyas. Con cada vez menos disimulo subyacen recelos para quienes a todas luces se extraña y, tal vez por eso, se apela a la hora de explicar las propias debilidades de la administración.
Específicamente las recelosas miradas apuntan al senador Carlos Fernández y Julio Elichiribehety, ayer pilares de la gestión lunghista. Hoy, para los que quedaron, dichos pilares resultan un estorbo para el paso de la gestión.
Para con el senador, concretamente se le critica su sugestiva presencia mediática para marcar la cancha. Qué hacer con las ocupaciones (si yo fuera...) o con el proyecto Paisaje Protegido (el intendente tendría que...) se lo toma como intromisiones de alguien que descoloca a aquellos que necesitan todavía hacer pie en el gobierno.
Vale aclararlo, haber pensado que Fernández iba a retirarse del ruedo es de una ingenuidad pavorosa. Se trata de un animal político, que lo hizo cuando era concejal, secretario y más aún hoy, como senador. Hace su juego, en un juego que sabe jugar.
Para con Elichiribehety el recelo aún resultaría más denso. Lisa y llanamente se le endilga una gran cuota de responsabilidad de los avatares sociales que han detonado una vez retirado.
Las masivas ocupaciones lo colocan en el blanco de todas las desconfianzas de los papistas del papa, entendiendo que dejó una especie de zona liberada para algo que él mismo había pronosticado. Si hasta incluso el conflicto con las trabajadores sociales se lo responsabilizaría por sus compromisos no cumplidos.
En todo caso, debiera asumirse como una preocupante debilidad de los actuales actores, que seguramente no han estado en el terreno, ni vivenciaron lo que estaba -está- pasando más allá de sus ojos y, en consecuencia, resulta una virtud del que se fue haberlo visto y contenido.
Tampoco debiera obviarse que también la cuestión pasa por la caja. Ya no es el mismo presupuesto el que maneja la Secretaría de Desarrollo Social.
Hasta tal punto llegaría el encono de algunos, que mandan a mensajeros (periodistas rentados por la administración lunghista) que promueven ensayos sobre las consecuencias frente a una eventual derrota o victoria en la elección de Pinamar, donde Elichiribehety trabaja la campaña de la candidata radical.
Forzar una comparación con lo hecho en Tandil y quitarle o agregarle valor a su papel frente al devenir del resultado electoral pinamarense es con el sólo propósito de esmerilar su presencia frente a los complejos de inferioridad de quienes quedaron.
Según relatan en tono aclaratorio, las desconfianzas denotadas para con los que se fueron pero están, resultan del entorno, no tanto del propio Miguel Lunghi, quien incluso ha compartido viajes y encuentros pautados con ambos dirigentes que, ahora desde afuera, ven cosas que tal vez antes no, e incomodan.
Consecuentemente, algunos ya le han aconsejado al pediatra que trabaja de intendente que recete algún antídoto para atemperar la fiebre y panic attack de los papistas que pululan a su alrededor, de lo contrario podría propagarse en un enfisema que perturbe la anhelada oxigenación para la vida lunghiana en el poder comunal más allá de 2011.
Lo elaboró el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa) y fue financiado por el BID. Sobre 31 distritos, Tres de Febrero fue el municipio mejor ubicado, seguido por las ciudades de Córdoba y Santa Fe.
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