10 de enero de 2010
Por Guillermo Liggerini
Se había anticipado que dentro de los desafíos lunghistas por emprender en éste último tramo de gestión estaba el gran interrogante sobre cómo se iba a cubrir, disimular, dos notables ausencias en lo que se basó el liderazgo lunghista. Sin Carlos Fernández y Julio Elichiribehety, dos hombres con vuelo propio y peso específico para incluso decirle no al pediatra, resultaría toda una curiosidad cómo se daría la transición.
Al estar de los acontecimientos y el advenimiento de 2010, los primeros pasos del flamante gabinete, con aquellas ausencias, al menos no hacen otra cosa que acrecentar las especulaciones y/o interrogantes sobre el potencial que hasta ayer se supo ostentar.
A ser claros, tampoco es que enfrente haya una amenaza que siquiera logre inquietar al liderazgo radical, pero lo cierto es que los primeros pasos de los nuevos actores que el pediatra dispuso que jueguen no han dado demasiadas garantías.
Ya antes del 10 de diciembre se interrogaba desde éstas páginas quiénes serían los encargados de recibir cachetazos y responder hasta lo imposible de sostener. Si hasta la propia bohonomía del cara de bueno Marcos Nicolini se transformó cuando se supo sólo frente al último conflicto municipal, con un Elichiribehety ya fuera del ruedo y un Fernández pensando en otra cosa.
Sumado a Nicolini al Concejo Deliberante, entonces, todas las miradas acechan sobre los nuevos protagonistas políticos que Lunghi impuso por convicción como por poca apertura a otros sectores. Se dijo: el nuevo gabinete es más Lunghi, casi sólo Lunghi. A las pruebas se remite. Explotado el conflicto en La Movediza, con ocupaciones masivas, el Ejecutivo careció de una rápida reacción. Fue así que el propio Lunghi bajó al terreno a enfrentarlos, exponiéndose peligrosamente.
Apenas en las últimas horas el flamante jefe de Gabinete, Juan Pablo Frolik, parece colocarse en el centro de la escena. Seguramente Lunghi siempre quiso y quiere exponerse a costas de un desgaste innecesario. El hombre se maneja mucho por instinto y mal no le ha ido. Pero antes alguien le decía que no era conveniente y si era necesario se lo encerraba en el despacho. Ahora se duda que alguien le ponga un freno, que alguien se anime a ponerle llave a su puerta.
A favor de los flamantes delfines, se dirá que tienen otra personalidad, menos personalismos y más trabajo en equipo. Horizontalidad, subrayarán. Pero dicha característica puede generar confusiones, incluso en el discurso a imponer. Si no, resulta al menos curioso que frente a la problemática detonada debajo de la réplica de la Movediza que supieron levantar, ni concejales ni el sinnúmero de colaborares haya salido al ruedo a replicar y dejaran el campo liberado para que se animara el hasta ayer censurado presidente de la empresa mixta de energía. Flaco favor al gobierno si se retoma la costumbre...
Dos sucesos colocaron al gobierno –al menos esa fue la sensación percibida- en una situación incómoda, vulnerable, lo que provocó incluso que se filtraran tantas contradicciones como reproches intestinos poco comunes a ventilarse en otros tiempos.
Es que parece que ahora todos se animan a imponerse, desde un nimio director hasta el más encumbrado cargo debaten como si fueran pares y así la convivencia por momentos se transforma en belicosa. Salvando las distancias, desde la fiesta privada para recibir el año nuevo, a la densa demanda vecinal por obras varias (viviendas, agua, etc.), hubo fuertes diferencias internas. No es que ayer no existieran, pero se disimulaban. Hoy las disidencias se filtran por los egos en juego, y eso genera debilidad frente a la opinión pública.
Las miradas optimistas dirán que se trata de los primeros pasos en el escenario de los nuevos protagonistas. Algunos tiran de la cuerda hasta ver hasta dónde pueden llegar y otros buscan acomodarse a sus nuevos roles. Como una nueva criatura, las primeros pasos resultan ingenuamente torpes, hasta que levantan cabeza y se creen que por su juventud se pueden llevar al mundo por delante con una soberbia poco conveniente para el camino que les toca en suerte transitar.
También es dable señalar que los tiempos (económicos, políticos y sociales) que se padecen y por padecer nada sencillos resultarán para un gobierno que está agotando su artillería discursiva con la unilateral excusa de pasar la responsabilidad al poder central. Hasta dónde servirá como respuesta la victimización política frente a la indiferencia de quien tiene la billetera, solo los días por venir lo revelarán.
En tanto la demanda vecinal crece, como la mismísima incertidumbre política que el nuevo lunghismo ha sabido concebir.
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