17 de agosto de 2008
Por Guillermo Liggerini
Desde éstas páginas se escribió acerca de los comentarios, versiones y especulaciones, que se escuchan en el séquito lunghista. Lo que se piensa, generalmente por lo bajo en el radicalismo: qué pasa después de Lunghi. Sobre las ambiciones legítimas como chances de sus máximos colaboradores. El hombre que hacía falta en el 2003 y fue por más en el 2007, no fue ajeno a aquella nota y tampoco ingenuo sobre lo que se especula tras sus espaldas. Tampoco ignora –menos sus colaboradores- las encuestas, por lo que el pediatra no dudó en afirmar a sus más cercanos en tono risueño, sin ánimo de aclarar demasiado, que hay Lunghi para el 2011, incluso ya tiene confeccionada la lista que debería presentarse en la elección legislativa previa (2009). ¿Cuánto de tajante serán aquellas afirmaciones en medio de la sorna? Sólo él y las vicisitudes del devenir político lo sabrán.
Él porque básicamente la hoy lejana candidatura dependerá del éxito del segundo mandato, pero especialmente su estado de ánimo, y en este aspecto resulta sumamente complejo esclarecerlo. Ayer, en medio del conflicto con el campo, más allá de la euforia combativa se lo notaba cansado puertas adentro del despacho, sin ganas de seguir lidiando desde el municipio por las futuras migajas k. Retomando, incluso, los primeros complejos que hablaban de un posible corte de recursos, precisamente por no ser un tibio y haberse plantado del lado del chacarero, léase del lado del enemigo.
Los días pasaron, y aquellas severas consecuencias que se presagiaban aún no se perciben. Las promesas incumplidas de la Nación la padecen todos los distritos, sin distinción. Pero la Provincia, en cambio, volvió a saldar sus compromisos. Otra vez Daniel Scioli y Miguel Lunghi se mostraron bien a gusto juntos.
En síntesis, en el actual escenario, volvió a quedar mejor parado el propio Lunghi con su radicalismo a cuestas, que aquellos referentes justicialistas serranos, que no saben aún cómo colocarse frente a lo que significa el desgaste (no la caída definitiva) del poder patagónico.
Ante este nueva fotografía del mosaico político, porqué no creer que tanto Scioli como el propio kirchnerismo, con escasos cuadros políticos detrás, en definitiva retomen las buenas migas con los jefes comunales del interior y logren sostenerse.
En consecuencia, no resultó extraño que el jefe comunal tomara nota de estos movimientos, inflara el pecho y volviera a encontrar un estado de ánimo óptimo que, incluso, lo lleve a desafiar a todo aquel que quiera escuchar, por ahora entre risas, que hay Lunghi para rato.
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