4 de julio de 2010
Por Guillermo Liggerini
“Hay que tragar amargo y escupir dulce” suele decir el jefe comunal Miguel Lunghi cada vez que surgen versiones, comentarios y conjeturas sobre la relación del poder central y el municipio, a propósito de gestiones que ni más ni menos tienen que ver con obras para la ciudad.
En ese delicado equilibrio, de eso al fin de cuentas se trata gobernar, el lunghismo ha venido transitando su exitoso paso al frente de la comuna, entre las necesidades de la misma gestión y los deseos partidarios.
Ese trago amargo le generó al pediatra que trabaja de intendente y se ha recibido de político, despotricar en silencio con determinadas -si no todas- acciones que el gobierno central impulsa, especialmente a partir de su perfil centralista que no sabe ni contesta sobre el sueño de descentralización de recursos y utópicas autonomías. Pero a la vez se ha regodeado de las mieles de ese mismo estilo que desprecia para concretar obras que son indispensables para la ciudad, como así también para seguir creyendo en otros cuatro años más de gobierno.
Aquí y ahora, como ocurriera con el fondo sojero tras subirse a la cosechadora, ahora aceptó fondos de la Anses, hoy el área más rica como cuestionada por la oposición, de la cual el lunghismo se identifica.
Una vez más, recibirá fondos que se cuestionan a favor de comenzar a saldar una deuda que el municipio hasta ayer ninguneó, o para ser más benevolentes, cambió por otras prioridades.
REACCIONES
Resulta que ahora el radicalismo, cuando la demanda le sopapeaba la cara y ya no era un capricho político de unos pocos, como mecanismo de autodefensa se dijo discriminado. Más que decirlo hizo que otros lo digan, para así después hacerse el desentendido de los fantasmas que ellos mismos crearon.
Cuando la demanda no era tan ruidosa respondía que se prefirió, se eligieron, otras obras, por ejemplo las cloacas en la zona norte, tan millonaria como prioritaria entre las necesidad de la ciudad.
Ahora cuando aquella terminó y la demanda por viviendas no solo se mantuvo sino que se expuso con mayor hincapié (manifiesta incluso en los sondeos de opinión como prioridad a resolver), se retomó aquello del presunto ninguneo del poder central , hasta que dicha especulación se esfuma por la propia lógica institucional como política.
Allí, una vez consumada la buena nueva, se escuchará a Lunghi hablar de opinólogos y de los ruidos en la línea de comunicación, sin admitir, claro está, que dichos ruidos se fomentan de su propio séquito, o como mínimo poco se hace para ahuyentarlos.
La postura no es nueva. Cual africanos en el mundial, el radicalismo de tanto en tanto reparte vuvuzelas para hacer los ruidos necesarios para llamar la atención. Hasta aquí la ha salido bien. A ningún gobernador ni dirigente nacional le interesa estar hoy peleado con un intendente con semejante adhesión. Si al fin de cuentas, a la hora del recuento de votos mucha de esa adhesión lunghista también va de la mano de un corte que sume buena cantidad de votos al candidato del poder central.
A la vez, también le sirvió al lunghismo para dejar desairada -una vez más- a la oposición vernácula, que en medio del ensordecedor bullicio político presentó un proyecto para que con recursos municipales se construyan viviendas, para que horas más tarde los referentes del palo los dejen empantanados y ayuden al pediatra con fondos para financiar lo que desde aquí sostiene no puede hacer.
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