26 de octubre de 2008
Por Guillermo Liggerini
La saludable presencia en los pagos de Alfredo Pérez Esquivel y su acostumbradas abofeteadas de realidad dejaron en la semana una preocupante sensación, que fueron de la mano de otros diagnósticos severos sobre la realidad social. En el medio, desde la secretaría de Desarrollo Social se trazó su satisfactorio balance como los nuevos desafíos a emprender frente a los nuevos escenarios.
El premio Nobel de la Paz no hizo más que reiterar su cruda mirada frente a su lucha por los derechos humanos (sin dejar un mensaje esperanzador), que va más allá de un período determinado de la historia argentina, derechos que en la democracia contemporánea siguen sin atenderse, profundizando una brecha social inocultable.
En el pago chico, estas injusticias están a la orden del día, a pesar de los loables esfuerzos de aquellos que desde la esfera oficial o desde una ong realizan. Está claro que las respuestas deben llegar desde más allá de las fronteras serranas, aunque no por ello debe dejarse de exigir sobre lo que hasta aquí se hizo, especialmente de parte de aquellos encargados de manejar los recursos públicos.
DIAGNOSTICOS
Desde el Banco de Alimentos de Tandil, se indicó durante la semana que la demanda que presentan las instituciones a las que abastece, desde donde se da de comer a los sectores más necesitados de la ciudad, subió cerca de un “20 por ciento” este año.
Otro dato nada menor trascendió en estos días: una veintena de operarios de Metalúrgica Tandil fueron cesanteados ante la recesión que padece la industria, al son de reclamos constantes y sonantes de distintos sectores obreros que claman por mejoras salariales.
Desde la Tribu, como centro de referencia barrial, en tanto, también se trazó un diagnóstico semejante en su temática. Jóvenes en riesgo social, pibes con serios problemas de adicciones provenientes de una generación de desocupados. Hablan de otro Tandil, pero ya no sólo dividido por zonas o barreras urbanísticas, sino por horarios. Se afirma que caída la tarde, legiones de pibes ganan la calle sin más, ninguna contención y expectativa los cobija más que la subsistencia.
MIRADAS
Ante estos escenarios, la comuna, a través de su activa secretaría de Desarrollo Social, presentó su nueva publicación que hace precisamente a su intervención, los logros y los objetivos.
Sería injusto recaer con lo que hace o deja de hacer el municipio sobre aquel crudo panorama. Sería necio negar todo lo realizado. Empero restan cumplir con promesas concretas que incluso van a contramano de algunos indicios que por lo bajo se dejan entrever.
Se subraya como logro de la gestión que “ya nada será igual”, que “Tandil no tendrá más una política centralizada”. Que hay más de 80 talleres y propuestas en los centros comunitarios. Hoy la secretaría tiene 30 espacios físicos esparcidos por todo el territorio. Todo es cierto, como aquel insistente interrogante surgido desde algunos sectores que en verdad sólo se trata de asistencialismo con mejor marketing.
¿Cómo estaríamos si no hubieran estado todas las propuestas que se dieron?, se repregunta como respuesta desde la comuna. Se admite un crecimiento en la demanda social, pero los números no coinciden con aquellos esgrimidos por el Banco de Alimentos.
Se alude a un crecimiento de demanda de un sector informal que por la recesión se ha visto afectado, pero ello no implica un crecimiento sostenido de la pobreza, se refuta con sólidos argumentos.
Cada uno con sus recetas y sus realidades intentan explicar lo que sucede. Por lo pronto, sería interesante que como gesto que promueva la integración aquel objetivo de la participación ciudadana se transfiera en lo cotidiano.
En el prolijo como completo informe presentado desde el área social se sigue sosteniendo como casi un objetivo a mediano plazo la elección de consejeros barriales (también lo era en el 2003), sin embargo en la práctica no se nota aquel espíritu. Todo sigue definiéndose bajo pocas personas. Estos elegidos incluso siguen resolviendo sobre cuáles deberían ser las prioridades a atender en determinada problemática barrial.
Nadie puede negar la contundente intervención estatal para intentar dar respuestas a la demanda, pero si eso se reduce a la mera asistencia nunca alcanzará, sí para un determinado proyecto político a corto plazo (dicen por lo bajo que ya algunos sondeos reflejan cierta actitud clientelista en los entrevistados).
Desterrar esa desconfianza latente dependerá de los propios actores que impulsaron este Estado presente, activo y dinámico, que sigue ganándose, por ahora, más adeptos que detractores, para un escenario que ya nunca será como era entonces.
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