28 de febrero de 2010

Locales

Locales. PALPITAR: El peligroso costo del dejar hacer

Por Guillermo Liggerini

Se ha transitado otra semana densa en materia política, a estas alturas delicada, extremadamente peligrosa. Se está frente al acecho de demandas sociales de difícil resolución que -para colmo de males- a la fecha nadie está dispuesto a asumir por el costo que implicaría una definición.
Se alude concretamente a las ocupaciones y/o usurpaciones masivas que la ciudad ha soportado, con la gravedad que implica la desidia de una dirigencia que hasta aquí prefirió hacerse la distraída, hasta que la situación explota en sus propias narices.
Desde éstas líneas se insistió en la falta de previsibilidad que las autoridades demostraron frente a la compleja problemática. Así también se detalló sobre el debate intestino que hubo en la comuna a la hora de encarar la situación. Por estas horas pareció haber ganado aquella idea de dejar hacer. Como si la indiferencia a lo que a todas luces está desbordado sirviera como antídoto para disipar el acecho marginal.
Los hechos demuestran que aquella hipótesis está lejos de acallar las voces de los excluidos de todo, y por eso están dispuestos a jugarse a todo o nada, porque la nada ya la conocen (la muerte de Debora Cabral es la muestra del botón).
La anarquía en la que se han transformado escenarios como Movediza y Smata reviste un serio riesgo, que de no contenerlo y corregirlo, será la génesis de asentamientos que hasta ayer los tandilenses estaban distantemente acostumbrados a ver por la televisión.
Hoy la situación podría hasta incluso ser manejable, pero si no se interviene con celeridad y contundencia no será más que una invitación a la proliferación de conductas que no por desesperadas deben aceptarse. La inacción daría margen a legitimación.
Hasta aquí nadie quiere ponerle el cascabel al gato. Fiel en tiempos de crisis política, se judicializa problemáticas sociales, lo que a todas luces merece, necesita, respuestas políticas.
Los judiciales denotan fastidio e incomodidad. Hilando fino en las leyes se podrían resolver desalojos compulsivos. En definitiva y más allá de cumplimentar o no los requisitos que constituyen un delito penal están ocupando propiedades que no le pertenecen. Pero el remedio judicial sería peor que la enfermedad que la política no puede o no quiere curar. Si apenas por éstas horas ensaya diagnosticar.

ANARQUIA

Frente a la ausencia de autoridad, los marginales de todo se organizan bajo sus propias reglas. Ocupas se disputan y distribuyen terrenos y construcciones, para luego animarse incluso a exigir por servicios.
Para con el abandonado barrio Smata, hasta aquí la comuna trasladó la problemática al damnificado, el gremio y sus supuestos adjudicatarios. Sin embargo se estaría a punto de esclarecer que le resultaría muy difícil al gremio acreditar la titularidad de dominio (habrá más noticias para este boletín), y podría derivar a la peligrosa conclusión de que se está frente a tierra de nadie o, en el mejor de los casos, en tierras bajo la potestad del Instituto de la Vivienda. Ergo, una decisión política sería la encargada de develar el entuerto.
En ese delicado tránsito social la mayoría de los tandilenses siguen azorados las vicisitudes de un hasta ayer inexplorado escenario. Los contribuyentes no entienden, ni dirigieren cómo aquellos marginales hacen y deshacen sin que nadie ponga un coto, sin advertir que ellos aprendieron la lección. La dirigencia política, desde arriba hacia abajo, ha venido avalando, consintiendo la prepotencia y el manoseo al estado de derecho, porque es sabedora de sus imperdonables deudas sociales, precisamente la clave de lo que nos pasa, la esencia del problema.

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