23 de octubre de 2011
Aunque cueste aceptarlo, los conflictos en la pareja son naturales y hasta inevitables. Forman parte de nuestras vidas y convivencia y se producen por diferentes causas, muchas de ellas ajenas a nuestra voluntad. Ante esta realidad es preciso reconocer los diferentes grados de conflicto por lo que podemos atravesar. Muchas veces estos se ven agravados en su complejidad por nuestra dificultad en saber cómo actuar. Lo que comenzó con un simple desacuerdo se puede trasformar en una batalla campal.
Generalmente enfrentamos los conflictos con nuestros propios recursos. Traemos un bagaje de conocimiento de nuestra familia de origen al que echamos mano cuando el problema surge. No siempre lo que traemos en nuestra “mochila de experiencias familiares” nos es útil, a veces ni siquiera tiene sentido. Si a esto le sumamos el aporte de la otra parte, que al igual que nosotros está convencida de su punto de vista y la forma cómo solucionar el diferendo, el conflicto se complica aún más.
Algunas pautas nos pueden ayudar a la hora de enfrentarlos juntos:
Ataquemos el motivo del conflicto, no a la persona
En medio de una discusión acalorada es sumamente fácil que una de las partes -sino las dos-, olviden el tema y comiencen el ataque al otro. Generalmente aparecen viejas cuestiones no resueltas que afloran y agravan la situación.
Es posible que se empleen términos y expresiones desafortunadas, que hacen que la persona se sienta atacada y ofendida. Ésta, al sentirse embestida, normalmente devuelve la agresión con más virulencia.
No acumulemos malestar ni rencor hacia el otro
La famosa expresión: “El tiempo lo cura todo” es inapropiada en muchas situaciones de la vida y en especial en cuanto a los conflictos conyugales. Estos no se resuelven solos o por arte de magia, sino que se agravan con el paso del tiempo. Acumular ira pueden llevarnos a reaccionar mal empeorando la situación, que luego lamentaremos por mucho tiempo. Es imprescindible resolver “cada día su propio mal”, de lo contrario continuaremos peleando sin saber por qué lo hacemos.
No dejemos de buscar y recibir la ayuda de otros
Ya sea por temor o vergüenza, muchas veces no aceptamos que necesitamos de alguien que nos oriente en este tramo de nuestra vida conyugal. En muchas ocasiones la ayuda profesional para entender lo que nos está pasando, superar el conflicto y salir fortalecidos, se hace imprescindible. En cuanto al hombre, pedir ayuda no disminuye su hombría sino por el contrario, muestra su intensión de crecer, desarrollar su potencialidad y hacer feliz a su pareja; en cuanto a la mujer, su sensibilidad e interés contribuirán a afianzar la relación y a madurar como persona. Ambos crecerán juntos…
David Casaretto
Consultor psicológico
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