3 de marzo de 2021
El año pasado, cuando comenzaba la pandemia, Alejandra Silvina Silva fue alojada durante 4 meses en el refugio municipal "Martha Pelloni", donde el Estado contiene a mujeres víctimas de violencia de género. "Sufrí toda clase de discriminación por parte de la coordinadora Patricia Rizzardi", introdujo en una nota con LA VOZ.
Ojos vidriozos, voz quebrada. Esta mamá de 8 hijos, de entre 17 y 3 años, confiesa que en la casa comunal sufrió más que con su marido. Su testimonio va en línea con la denuncia de la auxiliar Cristina Antezana.
Rizzardi, hoy en el ojo de la tormenta por la vacunación vip, afronta otro flanco en su área, pese al operativo "desinfle" que ensayó su superior, Matilde Vidé, la que en los medios se encargó de apuntar su mira contra la trabajadora que acusó a la coordinadora, desestimando prima facie la veracidad de sus dichos.
Ahora, una mamá se abre a contar lo que "otras no se animan pero sufrieron como yo".
"Yo entré con un pico de depresión y no te tenían lástima. A veces tenía dolor de cintura y por mis hijos tenía que hacer tareas de limpieza, cocinaba los panes. El día que vino Martha Pelloni yo tenía una infección de muelas, y nos sacaron a todas (21 personas entre mamás y nenes) con un sandwich a una plaza. Para las 10 AM no tenía que haber nadie en la casa, yo tenía la cara hinchada, me la banque desde las 10 hasta las 17", introdujo.
"Rizzardi aplicaba maltratos psicológicos. Cuando se sentía el ruido de las llaves en la puerta, todos los nenes se sentaban alrededor de la mesa, calladitos, porque las auxiliares tenían orden de callarlos porque a la coordinadora no le gustaba el berrinche. A veces los nenes de otras madres no hacían caso y los míos sí, pero ligaban el reto igual", especificó la entrevistada.
Y añadió que "supuestamente mis hijos eran negros, hediondos, pata sucia, y yo tenía que lavarle las zapatillas cada 2 o 3 días".
"En mi ausencia hablaba, nunca me dijo de frente. Un día lave todas las zapatillas y a los nenes los saqué a la plaza de ojotas. Cuando vuelvo encontré toda la ropa de mis hijos tirados en la puerta de mi habitación. Cuando le pregunto a la auxiliar, me responde: 'lo tiró Pato'. Cuando había llovido y la ropa de los nenes ya estaba mojada. Yo me callaba porque no tenía otro lugar donde ir", subrayó Silva.
Cuando "ella entraba empezaba a los gritos, diciendo qué hace este juguete acá, este libro en este otro lado, la verdad que la pasé muy mal y no veía el momento de salir de ahí. Hasta que ellas me gestionaron un alquiler y me fui, pero después no pagaban ese alquiler y el dueño me reclamaba a mí, yo las llamaba a ellas y a veces no me contestaban. Entonces terminé volviendo a mi casa", expuso la mujer.
Silva se decidió a hablar por "las cosas injustas que yo pasé en ese lugar, el daño psicológico que tenía ahí adentro era peor que el del padre de mis hijos".
"Yo no quería salir del hogar a hacer un trámite porque si dejaba a los chicos solos ella los maltrataba, un nene de 2 años un día le rompió una plantita Malbon y mando a sacar los 'negros de acá'", puntualizó.
Luego dijo que "un día nos sacaron del hogar porque iban a arreglarlo. Nos llevaron a la casa del Deporte donde había todo tipo de bichos, arañas, mugre, cero higiene en plena cuarentena. Teníamos lavandina pero el lugar era inmenso para que limpie yo sola, con dolor de cintura".
Sobre la política del refugio en torno a los teléfonos celulares, contó que "al entrar hay que apagar los equipos y entregarlos. Un día descubrí que me leían los mensajes y decidí sacarle la batería, y se los entregué. Eso les molestó. El primer día de clase me olvidé de sacarle la batería y le pedí a Rizzardi que me lo dé, me trae la caja, y me pregunta para qué lo necesitaba, le respondo para sacarle la batería, y no me quería dar los teléfonos. Entonces empecé a no tenerles confianza".
También ratificó que se extendió la orden de no poner carne en las comidas de las personas alojadas en el lugar.
"En vez de ayudarme me hundían mál al pozo. Le diría al intendente que haga algo, que pongan a alguien que lo sienta de corazón, qué sepa como se siente una madre en el momento de depresión. Yo les tenía miedo, me querían hacer firmar cosas que yo no quería. La familia destrozada era lo mejor para ellas. Incluida Matilde. Las cosas que yo pasé quisiera que nunca las pase nadie", culminó Silva.
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