9 de junio de 2010

Policiales

Policiales. Piden 16 años de prisión contra el hombre acusado de violar de su hija

Jornadas pasadas se desarrolló un juicio que mañana tendrá su desenlace, con el veredicto del Tribunal acerca de los hechos ventilados durante la audiencia que busca esclarecer una sórdida, aberrante historia sufrida por una menor que por éstos días ya cumplió la mayoría de edad.
Siete años demandó a la Justicia llegar a este epílogo, tal vez por ello se entienda las particularidades de lo que deparó el debate, que no contó con el testimonio de la víctima, sólo se escucharon las declaraciones de terceros, de “oídas” argumentaría el Defensor del acusado, a estas alturas el único interesado en saber sobre su futuro procesal. Al resto de la familia de víctima y victimario ya no interesa lo que resuelvan los actores judiciales.
Así las cosas, el juicio se centró en los testimonios de aquellas personas que se toparon en la vida de la menor, una vez institucionalizada. Ellos serían los encargados de recordar lo que aquella niña contó una vez sacada de aquel infierno que resultaba su casa.
Los encargados y profesionales que trabajaban en el hogar de contención donde la niña estuvo por aquellos años se encargaron de relatar al Tribunal lo que escucharon y percibieron de parte de la niña hoy mujer, quien a pesar de su corta edad por esos días debió cumplir el rol de una madre ausente, rol que ejerció escalofriantemente en todas sus dimensiones, incluso el sexual.

LA ACUSACION

El fiscal Luis Piotti comenzó su alegato no eludiendo las particularidades del caso, habida cuenta de la ausencia del testimonio de la víctima. Pero preguntó al Tribunal hasta qué punto se puede basar en tecnicismos para hacer justicia.
Así, partió del supuesto caso que la víctima hubiera fallecido y así comenzaría a desentrañar los elementos de prueba que, a su entender, resultaban contundentes para condenar al padre abusador.
El ministerio público fiscal habló de las evidencias físicas denotadas por aquella niña, que tenía su himen desflorado de larga data, lo que daba cuenta de los abusos sufridos de mucho tiempo atrás a la intervención judicial.
Subrayó que el develamiento de la víctima se produjo cuando ingresó a la casa de contención, cuando se encontró con otra vida, otras personas a quien les confió sus vivencias. Sus relatos siempre fueron bajo una profunda angustia, uno de los tantos indicadores de los abusos sufridos, como el defecarse encima cuando ya tenía 13 años y su precocidad en temas sexuales, probado bajo la prueba incorporada en el expediente como los dibujos que supo hacer frente a la mujer a cargo de sus cuidados en el hogar de contención.
También el fiscal se tomó de los indicadores psicológicos inespecíficos, como los que resultó el cambio en el rendimiento escolar, con un notorio ausentismo y mal desempeño.
Tampoco se obvió mencionar los elementos aportados por los profesionales que intervinieron en el caso, que aludieron a los miedos, y el terror que le producía pensar en que su padre saliera en libertad y se lo cruzara en la calle, como en una oportunidad ocurrió y quedó paralizada.
Piotti hizo hincapié en lo que evidenciaba la vida intramuros de aquella casa, donde la violencia y abusos intrafamiliares eran denominador común. Todos los hijos del acusado quedaron institucionalizados, un grupo familiar desmembrado con una defunción de los roles.
De la prueba recolectada y esgrimida durante la audiencia de debate, para el fiscal surgió que el imputado abusó sexualmente de su hija al menos en diez oportunidades desde los 13 años -hoy 21 años de edad- entre el período de junio de 2002 y febrero de 2003 en el interior de la vivienda donde vivían.
El acusado, en razón de su mayoría de edad y aprovechando la preeminencia que ejercía sobre la menor por ser su progenitor y encargado de su educación y guarda, la accedía carnalmente los sábados y domingos en horas de la noche en la cama matrimonial, mediando para ello violencia, amenazas, abuso coactivo e intimidatoria de una relación de dependencia y autoridad y aprovechando la situación de convivencia preexistente con la menor víctima.
Los abusos lo cometía cuando los otros hermanos mayores de la niña no estaban en la casa, sí el hermanito menor, de apenas 7 años, quien también habría relatado algunas escenas que él vio cuando se hacía el dormido en la misma habitación.
Si bien durante la instrucción también se aludió a la comisión del delito de corrupción de menores, habida cuenta que la víctima supo denunciar que era abusada por otros mayores amigos del padre a cambio de dinero que luego tenía que dárselo a su padre, luego la acusación fue desestimada frente a la apelación que oportunamente presentó el defensor antes que arribara el juicio.
En definitiva, el fiscal debió adecuarse a la calificación legal a la que arribó al juicio, solicitando en su alegato a la pena de 16 años de prisión, por el delito de “Violaciones reiteradas agravadas”.

Defensa

El Defensor oficial, Diego Araujo, a su turno anticipó el pedido de absolución de su defendido, considerando que no quedaron probados los hechos ventilados. Argumentó que independientemente de la impresión que causare el hecho, se debía defender a todos por igual y hay que sostener todos los pasos procesales, para así arremeter que las fallas del proceso no se le debían achacar a su defendido.
Así, añadió que la acusación versó sobre una fundamentación aparente, la única prueba resultó la declaración de testigos que, a su entender, no tuvieron coincidencias en sus relatos. Versó sobre testigos de oídas, y no se pudo confrontar con la testigo principal, base del hecho en debate.
Ya finalizando la audiencia, el Tribunal concedió la palabra del padre acusado, quien habló de su inocencia. “Yo los crié, los eduqué, no estaría acá si hubiera hecho lo que me están acusando”, enfatizó.

Comentarios

0

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Cargando comentarios...

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | La Voz de Tandil | Av. del Valle 1220 - Tandil