11 de octubre de 2010
Durante la semana pasada comenzó un juicio oral y público contra un hombre acusado de abusar de sus tres hijastros y sus tres hijos de sangre. Se habla de una aberrante historia que lleva una década y que los chicos pudieron relatar ahora, frente a los jueces.
La terrible historia de violencia y abusos en el seno de la familia comenzó a ventilarse cuando la mujer, ya separada de su pareja y padre biológico de sus tres últimos hijos, fue al centro de salud barrial y comentó a una profesional -quien declaró y ratificó frente a los jueces- lo que le había contado uno de sus chiquitos.
Es que una de las nenas, tras haber pasado el fin de semana con su padre dijo que no podía sentarse, que le dolía la cola. Allí, el hermanito contaría lo que era un cruento secreto a voces de los pibes. Su padre abusaba de ellos.
Con el primer indicio de los dichos de la mujer que pedía ayuda sin saber bien qué hacer, la asistente social derivó el caso a profesionales en la materia, quienes luego, con su intervención ayudarían a que los chicos revelaran las aberrantes historias y flagelos padecidos por el mismo hombre que, con el paso de las horas y los relatos crudamente detallados, pasaría a transformarse para el resto -no para estos pibes- en un verdadero monstruo.
La mujer, admitió frente al Tribunal formar parte de un hogar signado por la violencia, en la que los golpes eran moneda corriente no solo con los chicos sino para con ella, a quien la Justicia le sacaría sus dos hijas mayores en el 99, precisamente por el mismo flagelo que ahora. Estas lo padecieron cuando apenas tenías 9 y 7 años (hoy ya tienen 20 y 18).
A pesar de aquella situación, la mujer igualmente continuó con ese hombre (“no creía lo que pasaba, yo estaba enamorada, parecía un buen padre”, confió la mujer) que luego repetiría lo mismo con el tercero de sus hijastros y los tres chiquitos de su misma sangre.
Las vejaciones y depravaciones para con éstos cuatro últimos se intensificó una vez la pareja separada, cuando el imputado se los llevaba el fin de semana. Allí cometería un sinfín de atrocidades sexuales recordadas con cruel agudeza por las víctimas.
Tocamientos impúdicos, penetraciones, sexo oral y amenazas de por medio obligados a mantener sexo entre los mismos menores, formarían parte de escenas espeluznantes que si bien fueron detalladas en la sala de audiencia resultan irreproducibles públicamente.
ACUSACION
En su alegato, el fiscal Luis Piotti afirmó que quedó totalmente acreditado los hechos ventilados, a través de los informes médicos, psicológicos y, principalmente, por los testimonios de las seis víctimas, que resultaron espontáneos, naturales en cada uno de los respectivos relatos.
Analizando caso por caso, el fiscal reseñó los dichos de los seis chicos. Primeramente los tres más chiquitos (7,5 y 3 años), quienes a sus modos y sus formas dejaron en claro a través de lo expuesto vía Cámara Gesell las vejaciones, violaciones padecidas cuando se quedaban en la casa de su padre. Incluso, el fiscal subrayó sobre los trastornos que actualmente padecen las víctimas, detallando que uno de los chicos se viste de mujer, como lo obligaba su padre en aquellos abominables actos sexuales.
Propio de la edad que los tres criaturas tienen, el fiscal no dudó en sentenciar que los tres fueron presa de las perversiones de su padre, quien no sólo abusaba de las frágiles humanidades, sino que los “ilustraba” mirando películas pornográficas y a los chicos los hacía cumplir roles de mujer. Incluso, la pequeña de apenas tres años observó cómo su padre tenía sexo con quien por esos días de horror era su pareja.
Luego vendría el repaso de lo expuesto en la sala por los adolescentes, quienes frente a los jueces confesarían también prácticamente el mismo horror, las mismas vejaciones, violaciones, cuando eran más chicos por parte de su padrastro.
Así, el joven ahora de 16 años relataría con crudeza sus padecimientos cuando tenía 11 y que recién ahora, tras lo sufrido por sus hermanitos estuvo en condiciones de también contar.
Piotti resaltaría que lo sufrido por el joven resultó casi igual a sus hermanos más chicos. Aquello de tener que ejercer un rol de mujer y viceversa. Para el ministerio público, para este chico no hizo falta ni psicológico ni examen médico para confirmar lo que había sucedido con él, para dudar que no haya ocurrido lo que de seguro ocurrió.
También se tomaría de los relatos de las hermanas más grandes, quienes ya hace años están distanciadas de ese cruel entorno familiar, pero que ahora, debieron revivirlo en sus relatos para también confirmar que ellas, allá por el 99, habían sido abusadas como ahora sus hermanos, hasta que la justicia de Menores las sacó de aquel espantoso entorno para institucionalizarlas.
A la hora de la calificación, Piotti habló de cuádruple violación agravada, por los hechos reiterados sufridos por los tres chiquitos y el joven de 16 años. Asimismo planteó la corrupción agravada en concurso ideal, dado que fueron actos para generar una depravación. Exhibición de material pornográfico, doble abuso deshonesto agravado (contra las dos jóvenes), en concurso ideal con corrupción de menores. Pidiendo, en consecuencia, 19 años de prisión.
DEFENSA
A su turno, la defensa a cargo del doctor Carlos Kolbl, reconoció que se trataba de un caso altamente complejo y de fuerte contenido emocional, a partir de seis chicos que explicaron a lo largo del debate lo vivido por su representado, quien siguió la jornada del juicio escuchando las denuncias en su contra inmutable, desaprensivo de lo que allí se ventilaba.
Tomándose de un dato cierto, objetivo, Kolbl indicó que esta historia se inició en el Tribunal de Menores, por lo que se estaba debatiendo algo que comenzó a ocurrir hace una década, y subrayó que no había un rastro objetivo de una lesión física contras las víctimas. También acotó que resultaba curioso que esta caterva de confesiones de los menores se produjeron una vez separada la pareja.
Añadió que no se acreditó la violación, sino que entendía que, en todo caso, debía encuadrarse como abuso sexual agravado por la convivencia. Así y a pesar de todo, pidió la absolución y, subsidiariamente, que la pena a imponer no exceda del mínimo de la escala penal. El jueves, al mediodía, el Tribunal dará a conocer su veredicto.
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