17 de febrero de 2010

Policiales

Policiales. Piden seis años y ocho meses de prisión por asaltar a una familia

Ayer, en el Tribunal Criminal Nコ 1, comenzó el juicio por la causa caratulada Robo calificado por el uso de arma de fuego cuya aptitud para el disparo no se acredito en concurso ideal con privación ilegal de la libertad agravada", del cual resulta imputado Mario Andrés Alvarez (33), alias “chino”.
Precisamente Alvarez ayer estaba en el banquillo de los acusados junto a su defensor, Diego Araujo, quien intentó desacreditar las pruebas. Más precisamente el nudo probatorio del ministerio público fiscal, a cargo del doctor Luis Piotti, resultó el reconocimiento en rueda de personas que las víctimas hicieron para con el acusado, sindicándolo como uno de los dos sujetos que irrumpieron en su casa y robaron a punta de pistola.
Por aquel reconocimiento y no otros elementos de prueba, entonces, el chino Alvarez estaba una vez más frente a un Tribunal. Ya purgó una condena anterior por un hecho de similares características, lo que le valdría al fiscal a tomarlo como agravante a la pena a pedir por la reincidencia, cuestión que también buscó rebatir el defensor.
Puntualmente a las 9, el Tribunal conformado por los jueces Pablo Galli, Guillermo Arecha y Gustavo Echevarría, se daría el inicio del primer debate del año en la sala de audiencias por el asalto perpetrado el 13 de noviembre de 2008, cuando siendo aproximadamente las 7, dos sujetos portando armas de fuego, ingresaron al domicilio sito en calle Cabral Nコ 971 y previo reducir a sus moradores a quienes apuntaban con el arma de fuego mientras los mantenían privados de su libertad, se apoderaron ilegítimamente de 1550 pesos, un teléfono celular marca blackberry, un reloj de oro marca rolex, una cámara de fotos digital marca "Olympus", una chequera del Banco Provincia , un celular marca Nokia 5200, un celular motorola V3, un celular marca Nokia, anillos y cadenas varias de oro y plata, campera de gamuza talle 52, un Mp3 y Mp4, un cuchillo con cabo de alpaca, todo propiedad de Miguel Angel Baroldi. Previo a retirarse del lugar, los sujetos encerraron con llave en la cocina a las víctimas.

RELATOS
A la hora de escuchar los testimonios, declaró el matrimonio asaltado y uno de sus hijos, como así también un tercer testigo incorporado en la causa, quien supo declarar en su oportunidad que vio a dos sujetos salir de la casa asaltada y subir a un auto cuando él estacionaba el suyo apenas unos metros de la propiedad violada, más precisamente frente a la fábrica donde él trabaja.
Acompañado desde las butacas destinadas al público por una quincena de personas ligadas al entorno familiar, Alvarez escuchó los relatos de las víctimas sobre lo que padecieron y, puntualmente, atendió cuando éstos ratificaron que él era a quien reconocían como uno de los hombres que aquel día asaltaron en su casa.
Baroldi relató cómo sucedieron los hechos aquella mañana. Mientras su mujer, Karina Tripiana, preparaba a sus dos hijos para llevarlos a la escuela, él salió al patio y se topó con los dos intrusos, armados, y con sus rostros descubiertos (tenían las capuchas en la mano por lo que se especula que fueron sorprendidos por el propio Baroldi.
Ya una vez dentro, uno de los delincuentes se quedó con él y Alvarez (según su reconocimiento) fue en busca de la mujer y los chicos, con quienes los llevaría a realizar las respectivas recorridas por la propiedad en busca del botín pretendido.
Baroldi recordó que en medio del requerimiento a punta de pistola de dinero los delincuentes le exigían la entrega de unos 100 mil pesos, dado que sabían de todos su movimientos porque “un amigo lo había vendido”. En efecto, la víctima dio cuenta que guardaba una cantidad importante de dinero.
Tripiana luego haría lo propio, coincidiendo en cómo sucedieron los hechos y que precisamente Alvarez fue quien se quedó con ella y sus hijos hasta tanto se alzaban con el botín.
Más luego llegaría el turno de uno de los hijos, pero el menor no supo reconocer al asaltante ni en las diligencias de la pesquisa ni en la audiencia.
Finalmente el vecino que vio al par de sujetos salir de la casa fue indagado por las partes y si bien reconoció cierto temor por aquellos días a la hora de prestar testimonio finalmente lo hizo. No pudo brindar certezas sobre el reconocimiento para con el imputado, empero en la audiencia, al verlo, dijo que le parecía que era uno de los dos hombres que aquella mañana cruzó en su auto.
LA ACUSACION
Así las cosas, a la hora de arribar a los alegatos, para el fiscal se ratificó que Alvarez resulta uno de los responsables de los hechos en cuestión.
Como elementos de la acusación se detalló el reconocimiento del acusado en la exhibición de álbumen de fotografias de personas con causas en trámite y que fuera indicativo para realizar posteriormente la rueda de reconocimiento de personas, que las dos víctimas mayores del hecho lo reconocieron sin lugar a dudas como uno de los autores del mismo. Así también se tomó nota del nuevo aditamento que el vecino testigo finalmente aportó en el debate.
También se añadió la propia declaración del imputado en la instrucción, quien dijo que a la fecha del hecho trabajaba en una obra en construcción cumpliendo un horario de 7.30 a 18, circunstancia ésta que fuera ratificada por los testigos mencionados por el mismo, pero que no resulta incompatible con la realización del hecho, atento que según lo manifiestan las víctimas, ambos sujetos ingresaron a la vivienda a las 7, y se retiraron antes de las 7.30.
Sobre la calificación legal que el fiscal entiende corresponde otorgar al hecho se detalló el “Robo calificado por el uso de arma de fuego cuya aptitud para el disparo no se acredito”. Piotti finalmente desistió de la primera acusación que añadía la privación ilegal de la libertad agravada, habida cuenta que según los relatos de las propias víctimas, no ameritaba dicha calificación. Consecuentemente bajó la expectativa de pena a solicitar, exponiendo entonces el pedido de condena a seis años y ocho meses de prisión.

Defensa
Al turno del alegato del defensor Araujo, el funcionario consideró que la acusación se inscribe todo en base a un error, un yerro, de parte de las víctimas a la hora de sindicar como responsable a su defendido.
Puso en duda la validez de los testimonios a la hora de describir a las personas que ingresaron a la casa a asaltarlos. Asimismo, no dejó de subrayar el aporte de los testigos de parte, que detallaron sobre los horarios que Alvarez tenía en el trabajo y la respectiva rutina diaria.
“No pudo haber estado en dos lugares al mismo tiempo”, insistió el defensor, habida cuenta que el acusado y todo su entorno aluden que a la hora de cometido el hecho él estaba trabajando en una obra en construcción.
También dejó sentado que la conducta previa y posterior al hecho de su defendido no se condice con la de alguien que haya cometido semejante delito. Recordando que se presentó espontáneamente a la comisaría cuando supo que lo estaban buscando. Tampoco obvió mencionar que en los allanamientos realizados en su casa nada encontraron, elemento alguno que lo relacionen con el hecho en cuestión.
Consecuentemente, Araujo pidió que frente al beneficio de la duda el Tribunal debía absolver a su defendido. Si el tribunal dictaba lo contrario, pidió que se imponga la pena mínima contemplada en el código que no supera los tres años y seis meses de prisión.
Consultado si el acusado quería declarar, Alvarez aceptó el convite del Tribunal, para insistir en su inocencia, que tras la pena ya purgada había prendido la lección y que sólo es un hombre de trabajo, sin dejar de reconocer lo mal que la pasó la familia Baroldi, pero que no entendía porqué lo reconocieron a él, cuando no tuvo nada que ver con el hecho.
El martes venidero, al mediodía, será el Tribunal quien desentrañe el conflicto que las partes plantearon en el debate, principalmente si los reconocimientos resultan suficientes para condenar, en este caso a Alvarez.

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