19 de junio de 2009
Tras 10 años de espera, ayer la Justicia pudo realizar la audiencia oral y pública para esclarecer sobre la responsabilidad penal de un hombre acusado de abusar en reiteradas oportunidades de una menor de edad. La dilación respondió a la fuga de la comisaría Segunda que por aquellos años había concretado el imputado. Tras varios años, fue nuevamente detenido para que recién ayer fuera puesto frente al Tribunal.
Se trata de Martín Angel Favre, acusado de abuso sexual contra una menor de edad, por lo que fue detenido el 23 de marzo de 2001. Mientras permanecía alojado en la Seccional Segunda se fugó del calabozo donde aguardaba una definición procesal, hasta que siete años más tarde fue recapturado, en Río Gallegos, donde había reconstruido una nueva vida, con nueva familia incluida.
Más precisamente al acusado de le imputa el grave delito de abusos sexuales reiterados con acceso carnal agravado, por el cual resultara víctima una menor de edad que hoy ya cumplió los 21 años.
El aberrante caso ventilado versa sobre un patrón similar a que se condice a este tipo de delitos de instancia privada, en este caso resultando víctima una menor que por aquellos días tenía apenas 10 años. Recién al año siguiente, la niña pudo confesar lo padecido, primero a sus compañeras de escuela y luego, ante la insistencia, a su madre, quien en definitiva concretó la denuncia que derivó en la investigación y consecuente requisitoria a juicio.
Ya con 21 años, la mujer abusada de niña debió relatar ante el Tribunal (integrado por los jueces Guillermo Arecha, Pablo Galli y Carlos Pocorena) como hace 10 años atrás ante el fiscal que ahora, ayer, hacía las veces de ministerio público, doctor Gustavo Morey.
También hizo lo propio la madre de la víctima, como así también se incorporaron por lectura otras declaraciones que aportaban más pruebas para el fiscal. En tanto los peritos psicológicos intervinientes en la IPP también hicieron lo propio en la audiencia.
El acusado, en tanto, bajo el amparo de la defensora oficial (de la Defensoría N° 2 de Azul), doctora Adriana Angélica Hernández, escuchó en silencio los testimonios en su contra para luego, una vez escuchados los alegatos insistir ante los jueces que era inocente, que se trataba de una confabulación de la menor y su madre, tal lo había plasmado en el proceso de investigación.
TIEMPO DE ALEGATOS
Tras la mañana donde desfilaron los testigos dispuestos por las partes, por la tarde el fiscal de juicio argumentó las razones de su imputación, en lo que resultaría su alegato, fundado, básicamente, en la credibilidad del testimonio de la víctima.
Así, Morey reseñó que en el período del 18 de marzo de 1999 hasta julio de 2000, Favre accedió carnalmente a la menor vaginal y analmente. En efecto, el fiscal consideró acreditado que durante al menos seis días, en la cama, en el piso, en la fosa de un taller mecánico, como en otra vivienda y en una camioneta, el imputado abusó de la niña bajo amenaza que si contaba algo le podía suceder algo a ella como a su madre.
Para el fiscal, en consecuencia debía encuadrarse el delito bajo la calificación de abuso sexual con abuso carnal reiterados.
En el alegato acusatorio no se dejó de mencionar que a pesar de los años transcurridos la víctima mostró siempre la misma actitud, el mismo perfil a la hora de relatar su sufrimiento. "Nada ha cambiado" en su postura como en la versión de su historia supo inferir el fiscal en torno a lo que supo declarar ya hace 10 años y lo que ahora le tocó repetir frente al tribunal.
También se puso énfasis en lo expuesto por los peritos, de cuyos estudios se desprendió que la víctima no tuvo ni tiene capacidad de fabulación, como luego esgrimiría la defensa a partir del mismo testimonio del acusado.
"Los profesionales siempre hallaron una coherencia, coincidencia en el relato", esgrimió el fiscal en torno a los dichos de la víctima, que luego se condicen con lo expuesto por su madre y otros familiares. Especialmente cuando notaban que tras estar con el acusado, la menor se encerraba, lloraba y se quería bañar.
Se subrayó también que la propia psicóloga oficial descartó que una víctima trasmitiera las emociones que supo evidenciar cuando declaró. Resulta improbable sostener semejante historia si no padeció semejante tormento, se afirmó.
A la hora de los agravantes, el ministerio público tomó la pluralidad de los hechos, el lapso prolongado y frecuencia de los mismos. La corta edad de la víctima, la peligrosidad demostrada por el acusado, y la extensa fuga protagonizada por Favre, perjudicando claramente el proceso y los recursos del Estado.
En consecuencia, solicitó a los jueces que dictaran un veredicto condenatorio, y que purgue la pena de 16 años de prisión.
LA DEFENSA
La defensora oficial Adriana Angélica Hernández, por su parte, desestimó las acusaciones e intentó desterrar la larga lista de agravantes citados por el fiscal. Se tomó las palabras de su defendido para inferir que la víctima fábula y ello quedó demostrado en cambios del primer a la segunda declaración, en cuanto a imprecisiones sobre tiempo y lugar de los supuestos abusos. En consecuencia, pidió la absolución de Favre, quien cerrando el debate a la espera del veredicto (a ventilarse el jueves próximo a las 13), ratificó ante el Tribunal su inocencia, que todo versó sobre una confabulación de la menor con su madre.
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