14 de noviembre de 2008
Finalmente ayer cerró la instancia de la presentación de la prueba testimonial que había sido convocada en torno al juicio que se lleva adelante en torno al caso Rolando Sotes, joven que protagonizó incidentes en el interior de la Seccional Segunda y de los cuales resultaron imputados los policías Juan Andrés Yeffal y Reinaldo Fernández por apremios ilegales y vejaciones.
Tal lo anunciado en ediciones pasadas, finalmente en los alegatos se despejó las especulaciones en torno a la situación procesal del oficial de servicio Fernández. Para el ministerio público fiscal, como los letrados que se presentan como particular damnificados, no surgió indicio alguno que sopesara como prueba en su contra, por lo que se desistió de la acusación, levantándose así la acusación. A propósito, se pidió que se motorice una nueva investigación para determinar qué otro policía intervino en las agresiones.
Sí en cambio el fiscal Gustavo Agustín Echevarría consideró acreditada la participación y autoría de los hechos ventilados de parte del capitán Juan Andrés Yeffal, pidiendo en consecuencia la pena de dos años y cuatro meses de prisión de prisión de ejecución en suspenso.
Para el ministerio público fiscal, los hechos deben encuadrarse dentro de los delitos por apremios ilegales y vejaciones, sumándole una nueva acusación: falsedad ideológica.
La acusación en cuestión resulta a consecuencia del sumario que por aquel incidente en la comisaría confeccionó el propio Yeffal, quien caratuló las actuaciones como auto lesiones e intento de fuga de Rolando Sotes.
En su alegato, el fiscal no hizo más que ratificar los lineamientos planteados una vez iniciado el debate, acerca de cómo se sucedieron los hechos a partir de que Sotes se encontraba en un estado irascible en el patio de la comisaría y apareció el cuerpo de Infantería para aprenderlo, en esa escena, irrumpió Yeffal y ya Sotes inmovilizado y esposado en el suelo, le propinó al menos un par de puntapié.
Para sostener la acusación, se basó en la prueba incorporada por lectura como la clave del caso: las declaraciones testimoniales de los ex detenidos como la de un efectivo policial que cumplía funciones, quienes coincidieron en una misma fotografía a la hora de describir los incidentes y los apremios del capitán.
Echevarría se tomó su tiempo para hacer sopesar la credibilidad de aquellos testimonios, considerando que sus gestos corporales como su espontaneidad permitían darle total certeza de los dichos en cuestión.
A la vez, desestimó cualquier atisbo de un complot al considerar que ninguno de ellos se conocía entre sí, venían de delitos cometidos en distintas situaciones y regiones y recién contaron el suceso a seis meses del hecho, como desprendimiento de la causa por el suicidio del joven Sotes, expediente aún abierto.
No obvió citar como prueba la reconstrucción del hecho, que permitió acreditar que las ubicaciones de los detenidos como el policía permitieron visualizar la imagen que ellos declararon.
Citó al autor Malatesta para ahondar en su teoría sobre la credibilidad de los testigos y su desestimación para creer en una posible enemistad o animo de revancha. “No pudo haber acuerdo o confabulación con tantos detalles coincidentes”, afirmó el fiscal.
Consideró también, que de haber un supuesto ánimo de perjudicar el policía, podían haberlo involucrado en la muerte de Sotes, y no lo hicieron.
También se tomó de los golpes evidenciados en los respectivos diagnósticos de los profesionales y en la propia autopsia, especialmente en las excoriaciones de los hombros, donde resultarían imposible de tenerlos por una caída y raspón propio del forcejeo con los efectivos en el patio.
Echevarría reconoció haber iniciado la audiencia con cierto prejuicios para con el policía Gallardo, considerando los enconos que podían haber tenido por las sanciones que le aplicó Yeffal. Empero, afirmó que una vez escuchado su testimonio despejó toda duda y entendió que resultaba creíble en sus apreciaciones.
LA DEFENSA
Tras horas de alocuciones, llegó el turno del defensor oficial Diego Araujo, que también se tomó un tiempo más que notorio para exponer sus objeciones frente a la acusación y reiterar su pedido de absolución para su defendido.
Araujo insistió en la hipótesis de inocencia y, especialmente, en la versión de una historia complotada para perjudicar el capitán.
El letrado criticó primero el cambio de acusación, violando a su entender el principio de congruencia, cuestiones que luego fueron retrucadas por el propio fiscal.
Reseñó los propios considerandos del juez de Garantías interviniente, quien en su momento planteó dudas sobre el caso a resolverse en el juicio. Para Araujo, esas dudas persisten y no revisten credibilidad los dichos de las declaraciones testimoniales, “los únicos elementos de prueba” subrayó.
Insistió en que se trataron de declaraciones mendaces, que incurrieron en contradicciones fragantes que merecen la apertura de causas por falsos testimonios, incluyendo a los ex detenidos como el policía declarante.
Tampoco obvió mencionar que, a su criterio, incluso al menos uno de los deponentes contó una versión apuntada desde fuera del juicio, en clara alusión al abogado varias veces sindicado por Yeffal y otros uniformados: el doctor Claudio Castaño.
Cuestionó también que los ex detenidos pudieron ver todos la misma secuencia, por sus ubicaciones en la celda al momento de suceder el hecho en cuestión.
Tras descartar puntillosamente una y cada una de las pruebas contra su defendido, Araujo solicitó la absolución de Yeffal y, de considerarlo culpable, pidió que el juez contemple la pena mínima que establece el código.
Sin más, el magistrado dejó hablar a Yeffal (ver página 3), para luego citar para el martes 18 a las 11, tiempo de dar a conocer su veredicto.
Particular damnificado
El doctor Cesar Sivo, a su turno, coincidió en todos los términos con el fiscal, aunque profundizó con más vehemencia y verborragia acerca de la situación de los hechos, el rol de la policía y las consecuencias para con Sotes.
Especialmente hizo hincapié en la acusación por falsedad ideológica, considerando que el sumario fue “armado”, una “trampa policial” para cubrirse, “literatura policial”, afirmó.
Sivo no obvió citar los antecedentes que figuraban en el legajo por agresiones y lesiones que constaban en la documentación citada por abuso de autoridad.
Tras una notable exposición seguida atentamente incluso por sus pares, el abogado solicitó la pena de tres años de prisión y seis de inhabilitación para ejercer el cargo de policía. No sin antes solicitar el juez Pocorena copia de las declaraciones de los médicos intervinientes (Fernández Soto y Vicente) para realizar una presentación en el Colegio ante sus intervenciones en el caso.
Y un día Yeffal rompió el silencio
Finalizado el tiempo de los profusos alegatos el juez concedió el derecho que le asiste al acusado, en este caso Yeffal, dado que Fernández ante su beneficiosa situación de llamó a silencio.
El capitán acusado, en tanto, se tomó sus minutos para leer lo que traduce su versión de los hechos, una historia complotada en su contra entre testigos confabulados y sustentados por ideólogos letrados en pos de perjudicarlo.
“Quiero expresar que como auxiliar de la justicia, por mi honor, por representar el brazo armado de la ley y por el respeto a las instituciones constituidas, me he sometido a este juicio ante este honorable tribunal con la firme convicción de mi inocencia y en pos de llegar a la verdad”, comenzó un Yeffal contundente en sus palabras.
Reseñó que en su “amplia trayectoria profesional de policía de la provincia de Buenos Aires, en estos 28 años de servicio siempre he bregado por el fiel desempeño de la función atendiendo a lo que derecho se refiere. Tal es así que cono lo ha expresado mi abogado defensor, he recibido muchos reconocimientos de distintas instituciones del quehacer social, como así también soy diploma de honor del Ministerio de Seguridad de la Provincia, premio a mi labor por esclarecer homicidios, robos calificados, etcétera, sin utilizar para ello ningún tipo de coerciones”.
Así fue que llegó al párrafo más crítico, afirmando que “he observado en este juicio la manipulación de la profesión de abogado que en sus claros desvíos de los fines de justicia, la cual se plasma en la inducción directa a sus clientes, para ordenar testimonios falsos y efectuar una campaña de propaganda en los diarios públicos para mancillar el buen nombre y honor, tanto de los funcionarios como de las instituciones, con el fin único de obtener una reparación del Estado, para obtener sus honorarios”.
“Más grave aún”, entendió, cuando a su entender se utilizaron estas acciones en nombre de los derechos humanos para embarcarse en causa de este tipo.
Doctor Yeki y mister Hyde
Furiosos ante semejante descargo del policía, no se hizo esperar la respuesta mediática de los abogados que se hicieron cargo de las acusaciones. El doctor César Sivo, admitió sentirse “encolerizado” y por muchas razones, primero “obviamente porque todas esas apreciaciones no tienen el mínimo sustento, son de una falsedad, de una gravedad y causan un agravio en nosotros que es muy fácil de advertir”.
Por otro lado, entendió sobre “el derecho de defensa” pero “no puedo entender que se pueda decir cualquier cosa y en este caso atacar el honor de los profesionales que estamos cumpliendo nuestra tarea, y que la hemos cumplido como siempre: con dignidad, respecto, honrando la profesión y por supuesto haciendo lo mejor para la administración de justicia”. “De hecho”, aclaró, “retiramos una de las acusaciones”.
El abogado reseñó que en el alegato marcó “bien firme mi posición en el sentido de que entendemos que la policía ejerce el monopolio de la violencia, pero lo que planteamos es justamente cuándo es el límite del ejercicio de esa violencia y cuando pasa a ser un abuso de un funcionario que merece ser sancionado. Fuimos muy cuidadosos hasta en eso. No cargamos contra la institución policial, simplemente entendemos que hubo un caso de abuso y pedimos la sanción que entendemos que corresponde”.
Agregó al respecto que a “los testigos ni lo conocíamos, los vimos recién ahora en el juicio, entonces pensar eso es tan absurdo, pero especialmente tan agraviante al ejercicio profesional que me sorprendió que el mismo juez no lo reprendiera o lo pusiera en orden”.
Sivo finalmente consideró que esto sirvió “para mostrar la otra cara de Yeffal. Ya no este buen policía diligente sino aquel que cuando no hay dique que lo contenga libera este tipo de cosas. Si se permite decir estas cosas de los abogados que precisamente abogamos por intereses de terceros no me quiero imaginar lo que puede suceder o podía suceder con una persona privada de su libertad que le había generado algún problema dentro de su dependencia. Es la muestra más acabada de doctor Yeki y mister Hyde, la otra cara del imputado que se presentaba como un buen funcionario policial, ocupado, diligente y preocupado por sus detenidos”.
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