31 de enero de 2022
Esta semana una sensación de frustración se apoderó de organizaciones ambientalistas de todo el país y de referentes de la academia cuando la Ley de Humedales quedó excluida del temario de las sesiones extraordinarias del Congreso. La frustración se arrastra en el tiempo: se trata de una demanda que lleva más de diez años en la Argentina. En 2013 y 2016 proyectos de espíritu similar habían perdido estado parlamentario. Lo mismo sucedió a fines de 2021. La iniciativa --que entre otras cosas busca regular las actividades que se realizan en esos ecosistemas-- sólo podría salvarse de volver a foja cero si se ampliara el temario, explican fuentes legislativas. Para algunos de los que la defienden y militan, todo se truncó por un triple lobby ejercido por sectores de la agroganadería, la megaminería y la explotación inmobiliaria.
Qué pasó con la Ley de Humedales
"Todos tuvimos la sensación de que esta resolución fue la crónica de una muerte anunciada del proyecto, que estuvo guardado en un cajón del despacho de un diputado del oficialismo, José Aragón, en la Comisión de Agricultura y Ganadería", dice a Página/12 la geógrafa e investigadora Patricia Pintos, miembro de la Red Nacional de Humedales (ReNaHu).
En agosto de 2020 miles de personas cortaron el Puente Rosario-Victoria para manifestarse contra los incendios en el Delta del Paraná y exigir una norma que protegiera a los humedales. En noviembre del mismo año, la Comisión de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano de la Cámara de Diputados dio dictamen de mayoría sobre el proyecto de Ley de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental para el Uso Racional y Sostenible de los Humedales. Diez textos habían sido unificados. Al perder estado parlamentario la propuesta se encontraba en Agricultura y Ganadería. Debía ser tratada por otras dos comisiones: Intereses Marítimos, Fluviales, Pesqueros y Portuarios y Presupuesto y Hacienda.
"Desde que llegó a Agricultura intuimos que no había una voluntad de darle curso --continúa Pintos--. Fue una gran desilusión para todo el colectivo de organizaciones socioambientales y referentes del mundo académico que tanto habíamos apostado por la ley, sobre todo a partir de que el Gobierno la tomara como lema de campaña." "Sí a cuidar el planeta. Urgente la Ley de Humedales" fue uno de los mensajes del oficialismo en la previa de las legislativas.
Desde Rosario, Rodolfo Martínez, de la Multisectorial por la Ley de Humedales, expresa, en un tono parecido: "No nos quedaban muchas esperanzas luego de ver el tiempo transcurrido y no ver ningún manifiesto de Alberto Fernández o personajes de referencia dentro del Congreso. En su momento nos recibieron sólo dos diputados: Leonardo Grosso (Frente de Todos, titular de Ambiente) y Enrique Estévez (Partido Socialista). Si no se laburaba dentro de las demás fuerzas no íbamos a tener una ley". Martínez cuestiona al ministro de Ambiente, Juan Cabandié, por "salir a celebrar" en su cuenta de Twitter que en las extraordinarias estuviera incluido el tratamiento de proyectos ambientales de creación de áreas protegidas cuando a la par una importante y esperada norma se caía.
"Creemos que el debate se inició por las maniobras que hicimos de cortar el puente: fueron un faro para toda la región", sugiere Martínez. Y recuerda: "Todo ocurrió en un contexto de aislamiento. Mientras nos cuidábamos nos llegaban cenizas por la ventana, fotos de animales muertos, familias que defendían sus casas... teníamos que estar en la calle, decir 'basta' aunque fuera con los barbijos puestos. A partir de ese momento se dio una fisura en la sociedad. Fisura que todavía no ha alcanzado a legisladores y gobernantes".
Fuentes legislativas revelaron a este diario que lo que frenó el tratamiento de la ley fue un lobby "fuerte, invisible", no tan expuesto y específico como el que amenazó en su momento la aprobación de la Ley de Etiquetado Frontal. La única manera --muy remota-- de revertir el panorama es que el Ejecutivo amplíe el temario de las extraordinarias, para lo cual debería convocarse en conjunto a las tres comisiones por las que debía transitar el proyecto y obtener dictamen para su llegada al recinto. En caso de que esto no ocurra el 28 de febrero se produciría la caída definitiva del proyecto y debería iniciarse de nuevo todo el proceso. En tal caso otra posibilidad es que haya un cambio de giro a Senado, "un gesto de querer avanzar más fácil en caso de que se caiga lo avanzado en Diputados".
Qué es un humedal
Un humedal, explica Pintos, es "un tipo particular de ecosistema", que se caracteriza "por la presencia de un suelo fundamentalmente hídrico, no drenado" y que "se mantiene saturado de agua de manera temporal o permanente". Posee una fauna y una flora que le son propias. Constituyen un "patrimonio natural que vale la pena preservar en términos de calidad ambiental" por muchísimas razones: son reguladores de temperaturas, morigeran los efectos de las inundaciones, retienen excedentes hídricos, atenúan los efectos de sequías prolongadas. Tienen la capacidad de disminuir el portencial erosivo de las tormentas y de estabilizar las líneas de costa. También, una función depuradora, ya que contribuyen a mejorar la calidad del agua para el consumo y la producción. Fundamental: secuestran dióxido de carbono, responsable directo del calentamiento global.
"Tenemos la idea de que los humedales son los del Delta, pero en cada región del país existen humedales de diversas características. Tenemos las turberas en Tierra del Fuego, los mallines en la Patagonia, los salares de altura en el noroeste, los esteros del Iberá en la mesopotamia", enumera la geógrafa. La amenaza sobre estos ecosistemas proviene de distintos sectores. Entre ellos, la agricultura y la ganadería, el extractivismo urbano, la megaminería (por la extracción de litio en los salares). La lucha por una Ley de Humedales es federal, potente en distintas regiones de la Argentina.
Emilio Spataro, licenciado en Gestión Ambiental, es fundador de la organización Guardianes del Iberá. Cuenta: "Lo que ocurre en el nordeste argentino es similar a lo que ocurre en el resto de país. En las grandes ciudades, como Corrientes y Resistencia, y en el periurbano, hay una presión inmobiliaria de countries, nuevas urbanizaciones sobre humedales. Y en el ámbito rural se da el avance de modelos extractivistas, monocultivos, usos intensivos del suelo". Agrega que "en todo el nordeste, el único enfoque de conservación que tienen los gobiernos es el basado en áreas protegidas", como ocurre, por ejemplo, con los Esteros del Iberá. Ese enfoque "no garantiza el mantenimiento de los servicios ambientales que los ecosistemas brindan a las personas ni la conservación de la biodiversidad".
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