24 de junio de 2021
Aquella medida tan impactante, que debió tomarse por
cuestiones estrictamente sanitarias, y que evitó, seguramente, el desastre
humanitario que hemos visto en diferentes países, donde la cantidad de enfermos
y de muertes desbordó los más sólidos sistema de salud, generó un daño
económico sin precedentes: dejó sin ingresos, en cuestión de horas, a
muchísimas empresas de distintos sectores de la economía que no fueron
considerados "esenciales", y también afectó gravemente a muchas otras que, aun
siendo "esenciales", han visto desplomarse sus ventas por la contracción
generalizada del nivel de actividad.
Sin ingresos, resulta imposible afrontar los gastos. Para
evitar la aplicación masiva de un instituto receptado por la Ley de Contrato de
Trabajo, el DNU 329/2020 del 31 de marzo del año pasado prohibió los despidos y
suspensiones sin justa causa o por falta y disminución de trabajo o fuerza
mayor, con el objetivo de preservar los puestos laborales en aras de mantener la
paz social. Dicho decreto, que tenía una extensión de 60 días, se ha ido
prorrogando hasta el presente.
En ese contexto, la mayoría de las empresas estaban
fuertemente golpeadas por las medidas de aislamiento y se encuentran
imposibilitadas de suspender o despedir personal. Bajo el eslogan de "Estado
Presente", algunos sectores han recibido, como una medida de auxilio insuficiente
y por pocos meses, algún programa como el ATP o el REPRO II, que han otorgado un
monto de cerca de la quinta parte del sueldo de cada empleado, pudiendo ser
apenas superior en algunas actividades, pero siempre inferiores a la mitad del
sueldo.
Transcurridos quince meses de restricciones de mayor o menor
gravedad, se mantiene la prohibición de despedir o suspender personal por falta
o disminución de trabajo debido a fuerza mayor, como una pandemia de
proporciones inéditas en la historia reciente, con el loable fin de mantener
los puestos laborales, pero ¿quién sostiene a esas fuentes de trabajo? ¿Es el
"Estado Presente"? ¿O son las empresas las que las sostienen, que en
cumplimiento de dicha prohibición y teniendo en miras el fin social del
trabajo, conservan la nómina de empleados, aun acumulando deudas comerciales,
impositivas y previsionales? Porque, es necesario decirlo para que nadie se
engañe, los programas como el ATP y el REPRO II no resuelven el problema,
quienes cumplen con el pago de sueldos son las empresas, no el Estado, y lo
hacen no solo resignando el beneficio que toda actividad económica busca y que hace
mucho ya no tiene, sino acrecentando sus deudas. Ya lo recordaron los hoteleros
la semana pasada: resulta imposible afrontar todos los pagos, las empresas
privilegian los salarios y se endeudan con el resto. No se trata de rebeldía,
se trata de imposibilidad por falta de trabajo.
Basta con recorrer esta ciudad, o cualquier otra, para
espantarse con la cantidad de persianas bajas, con locales de escasos clientes,
con actividades de funcionamiento intermitente e imprevisto (gimnasios,
natatorios, cines, teatros, escuelas, transportes escolares?) y otras directamente
sin funcionamiento (hoteles, agencias de viaje, salas de juego, salones de
fiesta, recitales, entre otras). En 2020 el PBI ha caído un 9,9%. En el peor
año de nuestra historia económica, el 2002, la caída fue del 10,9%. Nótese con
este sencillo indicador la magnitud del problema.
Y en medio de este terrible panorama, la AFIP ha decidido
ejercer presión sobre los contribuyentes. El traspié de hace apenas unos días,
con la pretensión de cobro retroactivo a monotributistas que pagaron en tiempo
y forma lo que correspondía, es un claro ejemplo: la indignación generalizada
fue tan grande que el propio Presidente de la Nación tuvo que ocuparse con
urgencia del tema para dar un paso atrás.
Pero esa es solo una muestra de la falta de contacto con la
realidad y de la ausencia de empatía con sectores tan golpeados por la pandemia
y por las medidas de restricciones que el propio gobierno adoptó. Pues por
estos días la AFIP comenzó a intimar a diferentes empresas para que en pocas
horas cancelen sus deudas impositivas bajo amenaza de juicios y embargos en sus
cuentas bancarias. Es importante aclarar que las deudas que se pretenden
ejecutar son autodeclaradas, es decir, las propias empresas informaron los
montos que deben pagar, los que no han pagado por imposibilidad, por darle
prioridad al pago de salarios. ¿Será que se pretende, desde el Fisco, que se
dejen de pagar sueldos para pagar impuestos? ¿Será que el objetivo que se
proclama de mantener la paz social es solo una declaración? ¿O de qué otra forma
pueden las empresas pagar sus deudas? ¿Ejecutando a su vez a sus clientes
deudores, para que así el efecto dominó termine por cerrar las empresas que hasta
ahora han sobrevivido al desastre económico? ¿No querrá el Estado quedarse con
las empresas?
Menudo problema tendrían para gestionarlas?
La preocupación entre empresarios es creciente. Sería bueno
que los políticos tomen nota del error, que reflexionen y reviertan la postura,
para que esa preocupación no se traslade a los empleados, y pueda mantenerse así
la tan declamada paz social.
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