28 de abril de 2015

Locales

Locales. Presos por callejeros

Carta de lectores



Con motivo del “Día del animal” quiero expresar mi preocupación y dolor ante la indiferencia humana que se convierte en maltrato con los animales. Todos los animales, deben ser tratados con el respeto y el amor que se merecen. Repudio todo tipo de acción contra ellos, que no sea digna. Pero en esta oportunidad hablaré de los perros. Y de los perros de Tandil.
Es una linda mañana de otoño en Tandil. Sol radiante, no hace frío y el paisaje regala su bonhomía verde y amplia sobre la ruta. Pero mi destino, es el predio de Bromatología donde están presos los perritos rescatados de la calle. Y ahí, se acaba la placidez del momento. “Hay 30” me dice el cuidador. En estos días, entró “éste” porque mordió a un policía y con él, trajeron a otros tres porque andaban juntos. Creo que con esta historia, no es necesario agregar mucho más. Piense que su vecino cometa un delito y a Ud. y a su familia los lleven presos porque viven cerca.
El “mordedor” besaba mi mano desde su minúscula celda fría, gris, donde el sol, no tiene posibilidades de ingresar. Después encontré a los tres “sospechosos por cercanía”. Tres perros de poca edad, hermosos, que me miraban con esa ingenuidad de no entender por qué estaban ahí.
Recorrí los caniles y repetí la historia de otras visitas. Ladridos y saltos que piden auxilio. Mis manos húmedas de lengüetazos y besos emocionados, quisieran perforar el alambrado para acariciar esas cabecitas desesperadas por salir. Miradas nubladas de tristeza y soledad. Algunos quietos, acurrucados en el fondo del canil con una actitud de desánimo, apenas levantan sus ojos y me observan con un atisbo de esperanza.
Estaba “el Cabezón”, un perro de gran tamaño que lleva meses ahí, cerca de él, otro perro “que lo trajo una chica porque era del novio y la dejó”. Y así, se van llenando los caniles ¡30! de animalitos que sólo han cometido el error de nacer en una familia que no sabe del respeto a la vida.
Salí pensando, que un perro vive alrededor de 15 años, ¿qué porcentaje de su vida le están robando en esas celdas indignas? Tienen comida y agua (en algunos caniles, había recipiente de plástico más grande, en otras, no) pero les falta amor y ¡libertad! Hay un hastío de días y días y días que les envejece la mirada, les entumece las patas, les opaca el pelaje, les acorta la vida…
Hay que tener coraje para ir a verlos. Uno sale de ahí con el alma dolida, con un nudo en la garganta y una impotencia bruta que cuesta desahogar.
Ya sabemos que las autoridades municipales no responden. Hemos visto en los medios locales a integrantes de varias instituciones proteccionistas, denunciando, reclamando y nada cambia.
Iniciativa para la adopción de los perros de Bromatología, se ocupa específicamente de sacar perros del predio. Pero la gente no responde. Muy pocos ofrecen tránsito. Y poco nos dura la alegría cuando nos enteramos de que sacaron a uno, porque inmediatamente, entra otro.
Miro los callejeros, con su andar ciudadano, algunos sin destino fijo, otros, con la suerte de pertenecer a algún portón, o a algún porche. Unos, buscando qué habrá en las bolsas de residuos, otros, conocedores de la hora en que aparece un resto de comida en la vereda. No tienen una familia que los albergue, pero al menos, la amplitud de la calle les pertenece, pueden buscar o evadir al sol, reciben la caricia pasajera de algún vecino. Con su pobreza a cuestas, los veo libres y ruego que nadie los denuncie. Cuando enferman o sufren algún accidente, se hacen presentes agrupaciones como Mascotandil, Huellitas serranas, Patitas perdidas, Caminantes caninos Agrupación por animales felices y muchas otras que trabajan con amor, con respeto, con todo el esfuerzo físico y económico que se necesita en estas ocasiones.
Pero para los que están presos en el predio de Bromatología, no hay amor que mitigue su soledad. Esa soledad que se filtra entre las rejas y anida en su celda fría de cemento. Esa soledad que se acuesta sobre la dura madera que hace las veces de colchón. No hay nada blando donde apoyarse, no hay una manta, no hay un viejo trapo de piso, no hay un pedazo de tierra con pasto. Y mucho menos, una mano amiga donde frotar su cuerpo. No hay nada que se parezca al abrigo y mucho menos que se parezca al afecto. Pareciera que el entorno tiene la dureza y el frío del corazón y de la mano que deciden que ahí estén. Robándoles la libertad. Condenándolos al tedio. Mostrándoles una inmensidad verde que les quitan.
Entiendo que si la gente denuncia, deben ir por ellos. Pero ninguno se merece el lugar asignado. ¿No tiene el “Tandil soñado” un espacio más amplio y más habitable para estas criaturas víctimas inocentes del abandono, de la desidia humana?
No es simple, pero sí posible. Los medios locales informan sobre discusiones, oposiciones, denuncias entre autoridades e Instituciones proteccionistas pero todo queda ahí. No hay resoluciones. Si así fuera, los caniles serían la medida transitoria sólo por unos días y no el presidio que los encierra como si fuesen malhechores, facinerosos. Todo el mal que han hecho, es haber sido callejeros. Y no por elección.
Día del animal. Habrá muchas mascotas felices amparadas en el amor de su familia. Y habrá muchos otros, que sufrirán su día, como uno más de los que se suceden en la penosa vida que el hombre les ha dado…
Sr. Director, agradezco la posibilidad de poder compartir esto con la ciudadanía a través de su prestigioso medio, con la esperanza de que alguien más se interese por estos animales y se atreva a ir a verlos y se sume a la campaña de búsqueda de tránsitos. O tal vez, alguien esté pensando en tener una mascota y ahora sabe que allí, hay muchos que esperan ser adoptados. Nadie se arrepentirá de liberar a un perro. Todos sabemos del amor y el agradecimiento con que responden.
Ojalá, algún día pueda escribirle diciéndole que los caniles tienen las puertas abiertas.
Cordialmente
Norma Rodríguez
DNI 12059174

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