15 de junio de 2009

Deportes

Deportes. Puro olor a fútbol

Colaboración especial de Julio Varela

A los 2 minutos trabó una pelota, a los 5 retó a un jugador de su equipo porque no estaba en la posición correcta, a los 8 saltó a cabecear, a los 10...
A los 10 minutos de un partido por el fútbol senior, el campeonato de veteranos, este domingo que pasó, a la mañana, Aldo se desplomó en el piso de la cancha en la quinta de Barzola. Todos enmudecieron. Se acercaron a él.
-¿Qué te pasa, Aldo?
Aldo, que es Villar, miró más al cielo que a sus compañeros. Clavó la mirada en el infinito y dijo:
-Nada, estoy bien, estoy bien.
Al segundo sus ojos esquivaron las observaciones atónitas de los jugadores. Miraron vaya a saber dónde. Jadeó. Dicen que en el instante de la muerte, la vida de un hombre pasa con la velocidad de un rayo, como una película pasada en cámara ligera. Puede durar un minuto. Nadie lo sabe.
Supongamos que fue, justamente, un segmento de 60 segundos. Suficiente como para recorrer una vida de futbolista y comerciante de perfumes. El orden de los factores, en este casi, sí altera el producto. Aldo Villar fue ante todo y más que nada en el mundo, hombre de fútbol.
Debe haber recordado aquel arrorró en El Palenque, la primera pelota de tiento, el primer salto, la primera corrida, el primer grito. Pese a llevar el 10 en la espalda casi toda la vida, Aldo, hermano de Gerardo, que usaba la 8, no era el exquisito. Era todo a la vez y al mismo tiempo. Podía enganchar y salir jugando. Podía vociferar y pedirla donde nadie lo imaginaba. Prefería correr y desplazar a la gambeta y sin embargo no dejaba de ser un exquisito.
Por toda esta acumulación de virtudes, una síntesis del jugador, es que llegó a la selección de Tandil y fue campeón provincial en el 60, en la Copa Adrián Beccar Varela. Era el benjamín del combinado. Un tractor desde chico. Tuvo la oportunidad de cruzar el charco y conocer otros mundos a partir de lucir la camiseta de Rampla Junior de Montevideo donde todavía es leyenda la foto en la que lo abrazan sus compañeros uruguayos.
-Vos fijate en Aldo, vas a ver- le dijo Daniel Dorta a un incipiente cronista deportivo cuando veía por primera vez a Racing de Gardey, en 1974, y le preguntó al mediocampista cómo jugaba el equipo. El periodista se metió en el vestuario, Conti, el carnicero, era el técnico. Villar ya era ídolo en Gardey y en los vestuarios:
-Bueno, vamos eh!!!, escuchen!!!- le dijo al montón mientras botaba la pelota contra el piso.
Ahí, antes de salir a la cancha, el joven cronista, sabía que estaba ante alguien distinto. Caudillo. Presencia. Pura presencia. Fútbol. Respeto. Pasión.
Campeón y sub campeón en Racing de Gardey. Jugador de toda la cancha y técnico a la vez. Excesivamente apasionado. Ojo con una cargada, ¿está claro?
Desde el año 44 que Excursionistas no salía campeón. Aldo llevó a los picapedreros y bajo su batuta, en un mismo campeonato, jugó siete partidos con Santamarina, dos en el torneo, cinco finales. Le dio el título. Sonreía pero a cuentagotas cuando se enfrentaba a la prensa, prefería la distensión en momentos pequeños, no en muchedumbres. Era su táctica: estar serio para generar más y más.
Como generó en Ferro. Cómo olvidarlo. El mejor equipo que vio Tandil hasta la actualidad. Lo tenía a Perandones, Frascaroli, Varales, González. En el 77 y 78 sacó al tricolor de su sonmnoliento descanso sin éxitos. Hizo historia.
Vistió la camiseta de Independiente y también la de Santamarina. Técnico y jugador siempre constituyeron una fusión indisoluble. En el Senior era DT de los aurinegros pero se ponía en el banco, por las dudas. Ayer fue el día. Se lesionaron tres de golpe, no tenía recambio y entró, a poco de cumplir los 70 años de edad.
-Va a entrar el Brujo- señalaron algunos curiosos
El apodo se lo habían puesto los santamarinistas en tiempos que dirigía Arturo Petrillo, el Mago, y se armó una pica de aquellas donde los duendes esotéricos jugaban su partido.
Pero Aldo creía más en el fútbol que en otra cosa.
-Cuando me muera quiero que sea en la cancha, pero todavía hay tiempo, tiene que ser después de los 70- confesó alguna vez.
La vida tiene esas fintas. Aldo, de una vida prolija, el hombre que fundó una perfumería emblemática de la ciudad, el que sufrió los sinsabores de los vaivenes económicos, el que se levantó, se cayó y se levantó, ayer dijo basta antes de tiempo y en una cancha. Como él quería pero no el momento deseado.
Cuando sus ojos dieron la vuelta al fútbol, recordó El Palenque, olfateó el olor pretérito y nostálgico del aceite verde, escuchó su propio grito y la humedad del verde lo envolvió con el inconfundible aroma de la cancha. Al lado estaba la pelota, inerte, rindiendo tributo.

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