17 de diciembre de 2010
Hoy: Enrique O. Montenegro
Entre los personajes que integran este “Quien es quien” de la presente columna, en la cual ya he entrevistado a con el correr del tiempo a más de setenta personas, ligadas íntimamente al tradicionalismo del Tandil, que por su trayectoria, labor a favor de nuestras tradiciones gauchas más profundas y fundamentalmente que a través de los años, han mostrado una manifiesta hombría de bien, no podía faltar la figura de Don Enrique Omar Montenegro.
Este paisano, que, aunque habitante de la ciudad no abandona su amor por los caballos y las pilchas gauchas, me vuelve a demostrar, que hoy no es necesario estar ocupando un puesto en alguna estancia para sentirse campero y realizar tareas o destrezas que reivindiquen a nuestro héroe autóctono.
Mi entrevistado de hoy nació en Tandil el 2 de noviembre de 1941, y está casado con su simpática y seguidora señora (camarógrafa oficial) Marta O. Rodríguez, matrimonio del cual han nacido Patricia, Enrique y Diego, seguidor este último de los pasos de su padre, a más de ser un excelente soguero, labor que me es lucida con el obvio orgullo de su progenitor en cabezadas y riendas que Enrique exhibe en una buena colección de pilchas, que hablan por si solas de la pasión y conocimiento que pone su poseedor en estilos y formas.
Es hijo de Don Hipólito Luis Montenegro y Delia Garcés, almacenero y panadero él con reparto propio en carros y villalonga, lo que hizo que Enrique tuviera desde muy temprana edad contacto muy estrecho con los caballos, como para empezar a conocerlos y amarlos como corresponde y al poseer su familia una quinta que perteneciera a los Brivio, donde se encontraba la antigua feria ganadera en lo que son hoy las calles 25 de mayo y Moreno, tener allí siete ejemplares que como dije antes fueron “los de aprender” comenzando con un petiso que fue su primer montado y del cual aún hoy guarda fotografías que lo atestiguan.
La estrecha y sentida amistad que mantiene con Néstor Alen, actual presidente de la agrupación tradicionalista “Criollos del Tandil “, que naciera desde muy pequeño lo acerco desde jovencito (13 o 14 años) a las pruebas de destreza como son las carreras de sortija, de rienda y los desfiles en donde en su relato se le aparecen nombres de viejos paisanos que hoy ya no están como Picó, Acevedo o Díaz encargados en esos años de organizar las fiestas criollas en donde se corrían las diversas carreras. En calles como Saavedra en las cercanías de la Iglesia de Ntra. Sra.de Luján, aún sin asfaltar (Saavedra y Marconi) cosa impensada hoy, considerando el avance de esos barrios al igual que los recorridos en carreta, tirada por una yunta de bueyes, al festejar las festividades de la virgen que recorrían gran parte de la ciudad, seguidos por la procesión de feligreses y gente de a caballo, yunta que fuera encerrada y mantenida en lo que fue llamado el “Monte de las Romerías”, en el espacio que hoy ocupan las calles Belgrano, Santamarina, 25 de mayo y 11 de septiembre, a todos estos pasos en el avance y crecimiento de la ciudad, acompañó nuestro personaje de hoy, sin abandonar nunca sus principios, pasión y gusto por la tradición. Carnicero, colectivero durante 37 años, jugador de taba y de bochas, paseó su emprendado en varios de sus picasos, pelo que según él lo apasiona, en desfiles tradicionalistas en la Capital Federal, Luján, Ayacucho, Lobería, Dolores, Cnel Vidal, Tapalqué, y ni que decir en los locales como Vela, Gardey o la fiesta del Hombre de Campo aquí en la ciudad donde también a obtenido premiación en los concursos de emprendados, luciendo su recado de pasadores cortos de plata, de los difíciles ya de encontrar, ya que es de un solo sello, o sea, cabezada, bozal y riendas, bastos, estribos, espuelas y rebenque confeccionados por el mismo artesano (toda una joyita).
Fue durante muchos años revisor de cuentas, junto al recordado Ramón Molina, de la agrupación a la que pertenece desde su fundación (Criollos del Tandil) y por lo que se ve tiene la sana intención de seguir en esta huella, que se ha marcado y que lleva con toda autoridad, conducta de hombre derecho y una eterna sonrisa que lo acompaña siempre en el saludo como buen gaucho que es.
Bueno amigos un abrazo y hasta la próxima.
Correo de Lectores abierto.
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