27 de agosto de 2010

Locales

Locales. Ramón, Ramón, qué grande sos...

Medio centenar de vecinos se agolparon en el centro de fomento de Villa Italia Norte para sostener las bandera de la resistencia frente a los cambios propuestos por el Ejecutivo.
La humilde sede barrial de Bereterbide al 900, levantada con el esfuerzo de los propios vecinos que ayer dijeron no conocer mucho sobre el Tandil soñado profesado por la gestión, se copó de vecinos, muchos de ellos que ni siquiera conocían la casa de planchones y techo de madera y chapa. Vestida para la ocasión con banderas que rezaban sobre el derecho de elegir su médico, a pesar de su condición social. De no ser discriminados a partir de una decisión unilateral, inconsulta. Pero hasta aquí llegaron, sentenciaron, con el médico de -casi- toda la vida, no.
Con este clima tenso pero respetuoso, el secretario de Salud Luciano Grasso, y la directora de Atención Primaria, Sandra Fraifer, llegaron a la cita pautada para dar sus razones, escuchar las razones de los otros y, entre todos, razonar la mejor salida de un escenario.
La versión oficial -oficialista- intentó en vano seducir a un auditorio convencido de que se trataba de un capricho, de una decisión que fácilmente podría retrotraerse con buena voluntad política, habida cuenta de la fuerte resistencia y conmovedora manifestación de afecto para con un médico anclado en el sentir vecinal de Villa Italia, Ramón Iborra.
Ni el “cambio de figuritas” y presunta flexibilidad lunghista a la hora de las rotaciones primeramente anunciadas y finalmente ahora replanteadas, ni el refuerzo de más personal conformó a los demandantes porque el centro neurálgico de su clamor, el corazón de su movilización estaba estrechamente ligado a la relación médico paciente para con un profesional que, a estas alturas e independientemente de su futuro mediato, deberá sentirse orgulloso por un prestigio que no sólo se gana con un diploma colgado en la pared.

LA RAZON LUNGHISTA
Sobre la postura radical, Grasso y Fraifer retomaron lo que vinieron repitiendo en cada espacio mediático posible. Sobre la necesidad de optimizar el servicio de Atención Primaria, de la disparidad evidenciada entre la demanda de un centro de salud a otro, de los inconvenientes puntuales detectados en determinados equipos de trabajo e incluso alguna que otra queja de los propios vecinospacientes.
Todo ello fue escuchado nuevamente por la vecindad movilizada, pero también sus preguntas se repitieron: por qué cambiar lo que está bien. Por qué no mejoran lo que tengan que mejorar, pero no aquí (Villa Italia), donde las cosas -según consta en los contundentes relatos e historias de los manifestantes- funcionan de la mejor manera.
Grasso y Fraifer hablaron sobre su responsabilidad. La de gobernar para todos y no para un grupo. Se señaló que la medida “responde a cuestiones organizativas, de recursos humanos, el régimen laboral y horario", y otras yerbas.
En la necesidad de contar con la solidaridad de éstos vecinos para con otros pares que también merecen una mejor atención. Aunque allí la respuesta no se hizo esperar: “¿y cuándo serán solidarios con nosotros?”, para así arremeter sobre esta delicada pero profunda sensación de vecinos que no se sienten parte del Tandil soñado. “Ese Tandil es de Del Valle para allá”, señalando en dirección al Lago del Fuerte, “acá si quiere salimos a recorrer y verán sobre nuestras carencias, no nos saquen lo mejor que tenemos, nuestros médicos”, casi imploraba un abuelo con tantos años como calle, para rememorar con notable sentimiento sobre cómo se fundó la salita de salud con el esfuerzo de los propios vecinos y cómo siempre los acompañó Iborra en sus pesares de salud cada vez que lo demandaron.
LAS RAZONES DE LOS OTROS
Luego afloraron los sentimientos de los reclamantes. Relatos concretos, contundentes sobre la relación médico-paciente, que incluso mereció el reconocimiento de la propia Fraifer, quien dijo que como médica, que un colega tuviera semejante reconocimiento le resultaba conmovedor.
“Hace 16 años que me atiendo con el doctor Ramón y si lo trasladan voy a tener muchos problemas porque él conoce cuál es mi enfermedad y el tratamiento que debo seguir”, repitió uno de los vecinos. “Si Ramón se va a las Tunitas, yo me voy a ir atender a allá”, exageró otra mujer en una abrumadora demostración de fidelidad. Frases como “me salvó la vida” o “me detectó el tumor que otros no”, se sucedieron sin solución de continuidad para con funcionarios que, a esas alturas, se convencían de la inviabilidad de cambiar la historia pergeñada, al menos en la noche de anoche.
Así, la asamblea llegaba a su desenlace sin visos de una solución rápida. Las posturas intransigentes y el respetuoso diálogo anoche sólo había servido para decirse las cosas en la cara, aunque quedó flotando la sensación de que las fuertes convicciones con que dijo ingresar a la reunión el funcionario lunghista se habían nutrido de las convicciones de los otros, de esos vecinos que se resisten no sólo a un cambio de nombres, sino que está en juego una relación humana intransferible, difícil de reemplazar.
Casi tímidamente, Grasso y Fraifer si miraron a los ojos y dejaron entrever que buscarán otra alternativa. La propia directora de salud balbuceó que lo vivido anoche en carne propia al menos merecía un nuevo replanteo. Hoy a las 11, en el municipio, se conocerá si la resistencia vecinal logró torcer una historia oficialista que parecía irrefutable.

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