3 de mayo de 2009

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. REPORTAJES: Carmelo Ventos, un ejemplo de lucha y sacrificio empresarial

A lo largo de su vida se dedicó prácticamente con exclusividad a la producción de cuchillos. Inicialmente como empleado, luego fue socio propietario y finalmente se transformó el dueño de JU-CA.
Carmelo Ventos es una persona que cuenta con una historia muy rica que merece ser narrada. Sus vivencias, trabajos, experiencias laborales y el sacrificio para que hoy, a los 76 años, pueda sentirse con la tranquilidad de haber sorteado con éxito los obstáculos que se le fueron cruzando en su vida.
Con constancia y esfuerzo logró construir esta fábrica de cuchillos que se encuentra ubicada en la calle Doëring, entre Lisandro De La Torre y Figueroa. Su hijo, Sergio, es su socio aparte de ser un gran compañero en este emprendimiento familiar.
En su vida hizo de todo, integró la comisión del Jardín 906 y de la Escuela 58, junto a su esposa Lilia. De joven fue músico e integró varios grupos musicales. Con el dinero que recaudó en esa época pudo casarse un tiempo más tarde.
El pasado 17 de abril celebró con Lilia, su esposa, las Bodas de Oro. Con cincuenta años de casado, formó una familia que la componen sus hijos Luis, periodista, y Sergio, su inseparable socio en el arte de los cuchillos. La vida le entregó seis nietos, cinco de ellos heredaron la pasión del abuelo por Boca Juniors, mientras que el restante se hizo de River. Simón, Tato, Lola, Guadalupe, Facundo y Clemente son la luz que iluminan cada día a Carmelo Ventos y su señora, Lilia.
Por su trabajo se levanta muy temprano ya que la empresa familiar comienza el día a las 5 y lo culmina pasado el mediodía. El resto de la jornada la pasa en su casa, en compañía de su esposa, aunque también recorre bastante la ciudad por los pedidos o envíos que debe enviar a otras localidades.
En un alto en el trabajo, Carmelo Ventos se prepara para conversar con LA VOZ. Deja el taller por un momento, se traslada hacia su escritorio y comienza la charla. Antes, como fanático de Boca que es, muestra una fotografía con Carlos Bianchi y uno de sus nietos, tomada hace diez años cuando el equipo de La Ribera hacía sus primeros viajes de pretemporada a Tandil.
"Todo empezó por casualidad porque nosotros trabajamos en una fábrica en La Movediza y uno de mis compañeros me propuso armar algo junto a otros dos muchachos. Esto fue en 1959 y yo recién me había casado, estaba alquilando y tenía que luchar bastante para armar la familia", arrancó Don Carmelo Ventos.
- ¿Porqué se dedica de lleno a la fabricación de cuchillos?
- Nosotros nacimos en el campo y allí nos criamos. Sin querer, por distintas circunstancias llegamos a Tandil, y a los 12 años comencé a trabajar. Tal vez esperaba otra cosa pero comencé con esto y me gustó, luego pusimos la fábrica y hoy acá estamos con la alegría de haber cumplido con el objetivo que me propuse hace muchos años.
- ¿En algún momento pensó en dedicarse a otra cosa?
- Cuando volví de hacer el servicio militar tenía ganas de buscar algún otro trabajo que no estuviese ligado a los cuchillos. Después de estar esos quince meses en la milicia, empecé a buscar trabajo sin éxito. Fui hasta Metalúrgica para ver si me tomaban pero no me dieron la oportunidad, sino tal vez capaz que me jubilaba en ese lugar. En un momento me reuní con un ex compañero y, al enterarse que estaba desocupado, me dijo de comenzar en La Movediza. A la semana de esa charla, comencé a trabajar con ellos y estuve durante cuatro años. La vida me había marcado que lo mío sería la fabricación de cuchillos.
- ¿Quienes fueron las personas que colaboraron con usted para ayudarlo en este emprendimiento de comenzar con la fábrica de cuchillos?
- Mi suegro, el padre de mi esposa, fue fundamental ya que me ayudó en todo momento y me dio el apoyo necesario para encarar este proyecto. El fue como mi papá y realmente es el gran responsable de que tomara la decisión de encarar este emprendimiento. Me dio una inyección muy buena y en 1959 empezamos a trabajar después de esperar tres meses para que nos pusieran la luz.
- ¿Cuál fue el significado que tuvo el primer trabajo de cuchillos que realizó?
- El primer cuchillo que hicimos acá fue como una luz que nos mandó alguien de arriba. Fue algo muy lindo, aunque después tuvimos muchos problemas pero igualmente las primeras experiencias en la confección de cuchillos fueron algo maravilloso.
- ¿Inicialmente cuántas personas eran las que formaron parte de la empresa?
- Empezamos siendo cuatro y después logramos incorporar más personas, hasta que hicimos una sociedad más grande que contaba con seis socios y doce empleados. En aquel momento había casi veinte personas trabajando.
- ¿También formó sociedad con Raúl Tucán, qué representó trabajar a la par de un gran amigo?
- Después quedamos solos con él que ha sido un gran amigo que me dio la vida. Luchamos mucho trabajando a la par pero llegó un momento en el que decidió venderme su parte debido a que necesitaba el dinero para poder comprar una casa, ya que él alquilaba. Inicialmente lo traté de convencer y luché por eso durante varios meses, aunque finalmente luego de seis meses, adquirí su parte. Después de charlarlo con mi señora y viajar a Buenos Aires, acordamos de palabra la venta. Me dio cinco años y en ese tiempo lo pude saldar.
- En 1977 usted queda solo en la fábrica ya que se va su socio, ¿fue difícil poder continuar con la fábrica?
- Me quedé solo y trate de arreglarme como podía. Después vino una persona, a la cual no vale la pena mencionar, a comprarnos una producción y nosotros teníamos que aceptar debido a que no nos conocía nadie y era nuestra única salida. Le vendimos muchas cosas y a los dos años nos dijo que no podía adquirir más nuestros productos. Realmente fue una situación muy complicada y él nos pidió de entrar como socio gerente y tuvimos que aceptarlo. Nos empezó a pagar con la mercadería que nosotros habíamos hecho tiempo atrás.
- ¿Cómo pudo reponerse ante semejante situación?
- Pasaron cosas muy extrañas pero por distintas razones nos quedamos sin dinero y trabajo. Fuimos a Buenos Aires y no nos conocía nadie, en aquella época éramos JU-CA S.A. No podíamos encontrar alguien que nos comprara. Por suerte se nos cruzó en el camino una persona judía que se decidió por adquirir más de mil hojas. A partir de ese momento la historia cambió totalmente ya que los clientes comenzaron a aparecer en gran número y tuvimos la fortuna de lograr recuperarnos después de pasar una situación muy dura.

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