16 de agosto de 2009

Locales

Locales. REPORTAJES: Jorge Aristegui, estirpe de jinete

La vida en el campo le fue dando algunas posibilidades. Su hermano, que después falleció, fue el principal impulsor en la adolescencia para que Jorge Aristegui se subiera a un reservado y comenzara a montar en las distintas jineteadas que se realizaban en las zonas rurales.
De a poco se fue convenciendo de sus condiciones y, apoyado por su familia, se decidió por abandonar el tambo, en el que trabajaba con su padre, para abocarse a las jineteadas. Su hermano, en compañía de Mayo Gogorza, lo anotaron para su primera monta.
Con este trabajo tuvo la posibilidad de recorrer el país como pocos y también estuvo en países como Uruguay y Brasil haciendo montas especiales. Jorge Aristegui es el dueño de una gran historia llena de éxitos que lo llevaron a posicionarse como el mejor en su disciplina.
“Todo empezó por mi infancia en el campo, donde vivía con mis padres. En aquellas épocas no tenías muchas cosas para hacer allá y me dedicaba bastante a todas las cuestiones relacionadas a la actividad agropecuaria. De chico iba todos los días a la escuela a caballo; además mi hermano montaba y viéndolo a él me dieron ganas de comenzar. El se encargó, sin que yo supiera, de anotarme en una jineteada y a partir de ese instante nunca más abandoné esta pasión”, comienza relatando uno de los mejores jinetes que dio el país, Jorge Aristegui en diálogo con LA VOZ.
- ¿Cómo le fue en la primera incursión en las jineteadas?
- Recuerdo que tenía 13 años y me tocó ganar en una rueda de petisos. Mi hermano y Mayo Gogorza fueron los que me anotaron. El triunfo me dio una motivación importante para continuar. Al principio lo tomaba más que nada como un entretenimiento que como algo profesional. Después monté un par de veces más los petisos y en Tandil en una jineteada me animé a montar y saqué un segundo premio que hizo que se me despertara la vocación por continuar montando.
- ¿Qué más hacía de joven?
- Trabajaba en el tambo con mi padre, pero era algo que lo hacía de compromiso y no quería continuar. Era algo muy sacrificado que me impedía poder hacer otras cosas que tal vez eran normales para la edad que tenía. Los domingos me gustaba ir a las jineteadas de novillos y me fui animando de a poco a ir montando los caballos que era algo diferente.
- ¿Qué se necesita para animarse a jinetear un caballo?
- Es diferente a cuando uno iba a caballo a la escuela. Esto es totalmente diferente y uno supongo que lo debe llevar en la sangre para poder animarse a subirse a un animal e intentar domarlo. Seguramente necesitás algo natural porque por más que uno quiera tal vez no lo pueda hacer.
- Su hermano fue uno de los grandes referentes, ¿qué otras personas lo ayudaron para formarse en esta actividad?
- Siempre trataba de imitar a Tucuta Schan que es una persona de Tandil que se radicó en Maipú. La vez que lo veía era mi ídolo, lo mismo sucedía con mi hermano ya que fue de quien tuve la posibilidad de aprender muchas cosas en esta profesión.
- ¿El resto de las cosas que aprendió fueron por la experiencia que usted mismo fue adquiriendo en cada fiesta?
- A medida que pasa el tiempo vas aprendiendo cosas. Sirve mucho para el aprendizaje el rodaje que vas teniendo en la profesión a medida que van pasando las jineteadas.
- ¿De las caídas también se aprenden cosas?
- Claro, porque uno va adquiriendo muchos conocimientos y formas que tiene el caballo de andar. Las caídas a uno siempre le dejan algo para seguir corrigiendo y evitar que se vuelva a repetir en el futuro.
- ¿Cuál fue el lugar en donde más cómodo se sintió jineteando?
- No quedan dudas que Jesús María fue el lugar en el cual estuve más cómodo. Cuando llegás y ves semejante estadio, con cuarenta mil personas, muchas veces los nervios te juegan una mala pasada. Cuando iban muchos espectadores era cuando mejor me sentía, porque me agrandaba ese tipo de situaciones.
- ¿Ir a festivales convocantes como son el de La Pastora o Jesús María, es una motivación extra para los jinetes?
- Estar en fiestas como las que nombraste es algo muy lindo. Además creo que en el caso de Jesús María es el mundial de las jineteadas y no vi un escenario tan lleno como ese y que cuente con la organización que tiene. En el plano local, tengo que mencionar a La Pastora como una fiesta muy importante que me permitió seguir trascendiendo luego de ganarla en varias oportunidades.
- ¿Cuál fue el estilo que utilizó para triunfar en esta profesión?
- Hay estilos bien diferenciados y cada uno trata de tener el propio. Cuando un jinete sube al caballo, uno ya se da cuenta del estilo porque son todas las posturas distintas y allí comenzás a ver como puede montar. Si uno lo observa es cierto pero hay formas que son o no del gusto del jurado que tiene mucho que ver. Es clave poder mantenerse porque los que califican se dan cuenta si vás apretado y si vos sos el que llevás al animal o si el caballo es quien domina al jinete. Es una disputa en la cual es necesario que el jinete se destaque arriba del animal y no que sea al revés.
- ¿Y su hermano en cuanto influyó a la hora de que usted formará su propio estilo?
- Trataba de copiar muchas cosas de mi hermano porque él tenía mucha experiencia en todo esto. Intenté no pegar ya que era lo que me decía constantemente y pude aprender a manejar el rebenque y fui creciendo. También buscaba aprender de los errores para que no se volvieran a repetir y así, lentamente, fui adquiriendo mi propio estilo.
- ¿En su camada también salieron buenos jinetes?
- Eramos un grupo en el cual había mucha capacidad para poder montar. Es feo hacer nombres porque uno se puede olvidar de alguno pero igualmente había muchas personas que realmente hacían muy bien las cosas. Nunca me sentí referente del resto y creo teníamos un vínculo muy fuerte. Cuando íbamos a competir, éramos rivales por más que nos uniera una amistad.
- ¿Arriba de un caballo alguna vez tuvo miedo por su vida?
- No. Incluso si tenés miedo te juega en contra y no debes montarlo. Hay distintos animales y ya sabemos algunas de sus habilidades y por tal motivo se toman los recaudos del caso. Uno ya sabe lo que el caballo puede llegar a hacer porque a muchos se los conoce.
- ¿Hubo algún caballo que le costo más que otros a la hora de jinetearlo?
- Había un animal de una persona de General Alvear y hace poco lo pude montar. Son caballos muy vuelteros y que son imposibles de andarlos; son animales que no los van a poder jinetear nunca. Son como el toro mecánico que se mueve para todos lados y nunca sabás para donde te va a salir; son realmente muy difíciles de llevarlos.
- ¿Observa algún joven que se asemeje a usted cuando era chico?
- Veo a chicos con mucho talento. Uno ve constantemente jóvenes que recién comienzan en las jineteadas y que tienen entre 18 y 22 años. Salieron recientemente y creo que van a andar muy bien debido a que se están formando correctamente. Igualmente hay que esperar un tiempo para saber si pueden quedar, debido a que en el camino muchos quedan relegados. Al principio algunos pintan muy bien, pero luego van abandonando por distintas circunstancias.

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