15 de febrero de 2009

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. REPORTAJES: Jorge Bertucci, una vida ligada a la Justicia

Su intención, después de culminar con el secundario, era ser arquitecto a tal punto que estudió, en un primer momento, esa carrera. Sin embargo en su vida apareció una figura preponderante que lo terminó de convencer para que se inclinara por la abogacía.
Sus padres al principio no estaban muy de acuerdo en la postura de Jorge, aunque con el correr de los años, fueron aceptando la decisión que había tomado. Una vez recibido se inclinó por trabajar junto a su hermano en un estudio.
Sin embargo, tres años más tarde, se volcó por el Poder Judicial e ingresó a un lugar en el cual pasaría toda una vida ya que fueron 31 los años que se desempeñó en ese trabajo, cumpliendo la función de Fiscal.
En el medio formó una familia, está casado con Anna Giampetruzzi, y producto de ese amor nacieron María Eugenia, la mayor de tres hermanos, Andrés y Juan Pablo. La mujer se dedicó a la docencia, mientras que los varones siguieron con la profesión del padre y, desde hace algunos años, son abogados.
Muchas experiencias tuvo a lo largo de su trayectoria que lo tienen como una persona muy reconocida en la ciudad, a tal punto que en algunos momentos estaba presente en cuatro juicios que se llegaban a realizar en la ciudad por semana.
Algunos de los secretos que se necesitan para ser un buen fiscal es la voluntad para el trabajo y la honestidad. Sin dudas que este prestigioso emblema del Poder Judicial logró cumplirlos, a partir de su intensa búsqueda por la verdad para irse todas las noches a descansar con la conciencia tranquila de haber cumplido con su trabajo.
El reconocimiento por parte de la sociedad tandilense es uno de los hechos que el doctor Jorge Bertucci señala como de los más gratos que le ha dado la profesión. Con una gran cordialidad aceptó el diálogo con La Voz para repasar su historia y hablar de temas relacionados a la actualidad del Poder Judicial en la ciudad y otros sucesos que hacen a la realidad local.
“Todo comenzó cuando era joven, aunque empecé estudiando arquitectura. Después me hice examinar la vocación y salió para el lado de la sociología. En aquella época era una materia que estaba en pañales y yo me encontraba en Buenos Aires en un pensionado del padre Echeverry Boneo”, explica el ex fiscal.
- La decisión de estudiar abogacía, ¿fue sencilla o le costó más de la cuenta ya que se encontraba abocado a la carrera de arquitectura?
- La verdad que fue algo sencillo porque el padre Echeverry Boneo me aclaró mucho el panorama. Tal vez en mi familia, al principio, no estaban muy de acuerdo con mi postura debido a que ellos querían que me inclinara por la arquitectura.
- ¿Qué significó para su vida el aporte que le daba el padre Echeverry Boneo?
- Fue el que se encargó de decirme que tenía que estudiar abogacía, ya que él había visto mis estudios y me aconsejó que me inclinara por lo que terminó siendo mi gran vocación. Hoy en día el padre Echeverry Boneo está en proceso de santificación y creo que veía un poco más allá que todos nosotros.
- Su carrera se da en la Universidad Católica de Capital Federal, ¿cuáles son los recuerdos que guarda de aquella época?
- Fueron momentos muy lindos los que pasé en la Universidad Católica. En 1969 tuve la posibilidad de recibirme y, junto a mi hermano, empecé a ejercer la profesión. Al principio teníamos el estudio en la calle Pinto al 400, hasta que llegó la propuesta de entrar en el Juzgado para ocupar el puesto de fiscal.
- ¿De qué forma se da su llegada al Juzgado?
- Cuando me llegó esa oportunidad ya habían pasado tres años de ejercer la profesión y estaba en condiciones de hacerlo. Me ofrecieron ser fiscal para el Tribunal de Trabajo y lo acepté inmediatamente. Estuve 31 años en esta función y realmente fue algo muy positivo lo que me sucedió en todo ese tiempo.
- En su primer día como fiscal, ¿con qué cosas nuevas se encontró que lo sorprendieron?
- La verdad que tuve muchas dudas cuando ingresé y que no sabía como las resolvería. De a poco, a partir de la lectura en la biblioteca y los consejos que me daba mi hermano, pude ir solucionando cada situación que se me presentaba.
- ¿Qué beneficios y contras tenía el hecho de ser fiscal y abandonar su carrera particular?
- En mi caso no encontré ningún beneficio ni cosas negativas. Son dos situaciones distintas, ya que al ser fiscal uno cuenta con la tranquilidad de un sueldo fijo que ingresa todos los meses. En cambio, en la profesión, todo es distinto ya que uno depende del trabajo que le pueda ingresar para que de esa manera se vean los réditos económicos.
- ¿Fue difícil dar el paso de su carrera particular a ser fiscal?
- En mi caso no, porque empezamos a pulmón y me sentí muy contento en todo el tiempo que trabajé allí. Tuve la fortuna de tener como compañeros a grandes profesionales de los cuales aprendí muchas cosas.
- ¿Se quedó satisfecho de haber sido parte del Poder Judicial?
- Estoy totalmente agradecido a Dios de haber podido progresar en ese trabajo, como también la felicidad que me dieron mis hijos de incursionar en la abogacía. Ojalá que lo que aprendí se los pueda volcar a ellos para que les sirva en sus respectivas carreras.
- ¿Le hubiese gustado poder ejercer más tiempo su carrera como abogado?
- Eran cosas totalmente distintas, ya que al cobrar un sueldo del Etado me dedicaba exclusivamente a los expedientes en el Ministerio Público, que es la parte del Poder Judicial que estaba integrado por los fiscales, defensores y los asesores de menores y el jefe es el procurador General de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia.
- De los tres años en los que ejerció en su profesión, ¿qué cosas aprendió que le sirvieron para su rol de fiscal?
- Trabajé un tiempo con mi hermano pero él no me dio jamás un consejo sino que me envió a ver los expedientes para investigar y aprender. Mi hermano tenía una calidad jurídica impresionante y contaba con mucho apoyo de sus colegas, a tal punto que los ayudaba cuando lo necesitaban.
- ¿Le quedaron cosas para hacer durante el tiempo que se desempeñó como abogado?
- Fueron muy pocos años y tuve la posibilidad de hacer mi propia clientela, en los primeros pasos que estaba dando en esta profesión. Tenía un defecto, no sabía cobrar y por eso mi mujer tenía que hacerlo. Tal vez por la ética de la profesión no lo hacía.
- Hace cinco años que se jubiló, ¿cuál fue la evaluación que realizó después de tanto tiempo trabajando en el Poder Judicial?
- La verdad que fue algo muy positivo y no sentí para nada la jubilación ya que después no volví a pisar el lugar porque estaba muy cansado y saturado luego de más de treinta años en la profesión.

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