25 de enero de 2009
Esta firma nació en 1972, con la denominación: “Wenceslao Fernández y Jorge Wenceslao Fernández”, padre e hijo, que comenzaban a transitar el mundo de los remates. Los inicios fueron en el antiguo corralón propiedad de Don Héctor Franchini, ubicado en Rodríguez 1051y luego, entre los años 1978 y 1980, se instalaron en su propio local situado Chacabuco 653.
Con el correr de los años, se mudaron para quedarse en el sitio en el cual están radicados en la actualidad, ya que pasaron a desarrollar sus actividades en el actual local de calle Irigoyen 1031.
La historia cuenta con un eje fundamental cuando, en 1992, Wenceslao Fernández (padre) se jubila y se retira de la actividad, quedando Jorge Wenceslao Fernández (hijo) al frente de la firma. El heredero, con mucha experiencia sobre sus espaldas, se encargó de continuar con el proceso de trabajo implementado por su progenitor.
Mientras que desde 2003, Jorge decide que, en homenaje a la memoria de su padre, la firma pase a denominarse “Wenceslao Remates”. Con mucha amabilidad, Jorge Wenceslao Fernández acepta la invitación de LA VOZ para repasar su trayectoria y la de la firma que el comanda.
“Mi padre arranca con todo, en la firma Varona y Fernández, tras la propuesta de Héctor Franchini que fue una persona que estuvo en la época de mayor auge en los remates. Esta persona le ofreció a mi padre y a Varona poder quedarse con el corralón que estaba ubicado en la calle Rodríguez al 1000”, empieza Jorge Wenceslao Fernández.
- Su padre y Varona arrancan con la firma, ¿usted cuando como se incorpora a la actividad?
- Trabajaba a modo de colaboración porque todavía estaba estudiando y lo hacía en mis ratos libres para poder ayudarlos a ellos. En 1972 siendo empleado efectivo de la firma, don Héctor Varona se retira porque se enferma y me ofrece la sociedad para que la haga junto a mi padre. Después de estudiarlo con la familia me incliné en aceptar este ofrecimiento. A partir de allí empezamos a transitar un mismo camino aunque recién me recibí de martillero un año más tarde.
- ¿Qué le significó todo el aporte y el apoyo que le brindó su padre para poder afianzarse en la vida y en esta actividad?
- Siempre digo que todo. Lo de martillar o rematar es algo muy personal porque cada santo tiene su librito. Mi padre me dejó algo que es impagable como la seriedad, trayectoria, un estilo y un nombre que en la ciudad está muy bien visto. Siempre trato de defender esto a muerte porque es algo que nos permitió perdurar en el tiempo como una de las pocas firmas martilleras que logró sobrevivir.
- Al principio no tenía el título, ¿podía hacer remates igual con la tutela de algún martillero?
- Se permitía rematar a algún empleado de las firmas bajo la tutela de un martillero. En cambio en la actualidad no se puede porque cambiaron las cuestiones. Desde 1973 me recibí, formamos la sociedad junto a mi padre y desde ahí siempre anotamos todos los remates que realizamos.
- ¿Cuáles son los recuerdos que tienen de cuando estaban en el antiguo local ubicado en Rodríguez 1051?
- En ese lugar estuvimos muchos años, hasta 1978 y nosotros alquilábamos en ese lugar pero no nos quisieron vender. Fueron años de mucho aprendizaje y que me sirvieron para poder empezar a sumar experiencia en esta actividad.
También estuvieron en Chacabuco 653, pero después ¿llegó el estacionamiento medido y complicó todo?
Nos llegó el estacionamiento medido y nos mató como consecuencia de la carga y descarga. Nosotros compramos ese lugar pero después se nos apareció otro ofrecimiento para comprar el lugar que tenemos actualmente en Irigoyen 1031. Tuvimos que hacer muchos esfuerzos para lograr adquirir el predio que tenemos en la actualidad que era propiedad de los hermanos Tangorra. Con mucho sacrificio de mi padre, más algunos aportes que pude brindar, logramos comprar el lugar.
- Con su trabajo vivió varias crisis económicas, de muy joven le tocó vivir la que sucedió en 1973, ¿cómo la vivió en aquella época?
- Fue un momento muy duro por la inflación que vivía Argentina. Sin embargo, a diferencia de otras actividades, en nuestro rubro cuando suceden estas cosas es cuando mejor nos va. En la década del ´80 también vivimos algo similar, después que la moneda se depreciara.
- La responsabilidad que tiene con esta firma es muy grande, ¿de qué forma la maneja para que la empresa pueda seguir en vigencia con el paso del tiempo?
- Mi familia siempre estuvo involucrada en la actividad y junto a Miguel Pagani que es el empleado de toda la vida, han sido factores muy valiosos para la consolidación de la firma. Mis hijos trabajaron conmigo bastante tiempo y mi mujer también siempre estuvo muy ligada al trabajo. El apoyo de la familia es fundamental para poder mantener esto.
- ¿Hay secretos para lograr la confianza del cliente?
- Lo que digo siempre, es trazarse una línea de conducta que la impuso mi padre y yo la continuo. Esta profesión da para salir para cualquier lado porque hay ofrecimiento de todo tipo y en esta se da mucho más. Acá hay consignas claras que el comprador y el vendedor las conocen claramente.
- Hoy son los únicos en el rubro, ¿eso tiene ventajas o desventajas?
- Es algo que me lo pregunto muchas veces, pero creo que tiene algunos beneficios. Siempre trato de estar al día, interiorizándome de valores, mercados y otras cuestiones. Hay cosas que en el remate a veces no funcionan y otras si pero para eso tengo que estar al tanto de todo, para no exponer algo que tal vez no funcione.
- ¿La ciudad está en condiciones de tener otro corralón de remates?
- Tandil da para que haya otro corralón debido a que es una ciudad que creció muchísimo. Trabajo desde los 15 años y hoy ya tengo 57 y estoy cansado de la monotonía que significa el remate.
- Después de tanto tiempo en los remates, ¿le cuesta más hoy en día subir a realizar un remate?
- No, tengo las mismas energías que tenía hasta hace algunos años pero por suerte tengo a un chico, Matías Sanferreiter, que anda muy bien y tiene ganas de aprender y me veo reflejado en él en mis comienzos. Es muy probable que a corto plazo la firma siga pero no creo que yo esté debido a que me saturo, pero tal vez el día que no esté lo extrañe. Tengo que seguir siendo martillero hasta los 65 años porque la ley así me lo obliga.
“Tenemos el respaldo de la gente”
Jorge Wenceslao Fernández es una persona muy reconocida en la ciudad, debido al trabajo que tiene desde hace mucho tiempo como consecuencia de la vocación que fue heredando de su padre.
A diferencia de lo que sucede en la mayoría de los negocios, en tiempos de crisis, en el ramo que se desempeña Fernández la tendencia es totalmente distinta aunque en estos primeros meses del año siempre las ventas merman.
En este fragmento de la entrevista sostuvo que “en el tema de remates, en los momentos de crisis se ven los mejores instantes para estos negocios. Es mi profesión y trabajo aunque lamentablemente cuando vivimos un una situación como la actual, la gente se vuelca a comprar todo lo usado”.
- Donde radica el mayor ofrecimiento, ¿a la hora de la compra o de poder vender algo?
- Hay mucho ofrecimiento de venta y es cuando nosotros más trabajo tenemos. Nuestras mejores épocas de venta son en tiempos de crisis, debido a que entra mucha mercadería y de muy buen nivel. Igualmente nosotros, desde hace cerca de un año, seleccionamos los artículos para darle una mayor calidad al remate.
- En los remates conoce gente de distintas clases sociales, ¿va desde la clase alta hasta la baja?
- Siempre digo que en los remates, van desde los empleados, jornaleros, administrativos pasando a abogados, escribanos o médicos. Esta situación se da por el tipo de remates que hacemos ya que contamos con un abánico de posibilidades muy importantes que le permite a cualquier persona acercarse y consultar sobre algunas cosas que creen convenientes poder adquirir.
¿En parte entonces los remates muchas veces sirven para que la gente pueda hacerse su casa?
- Nosotros sabemos de personas que se han hecho sus casas con artículos de remates que los fueron comprando aquí.
Es algo muy satisfactorio para uno, debido a que siempre tenemos que buscar la forma de exponer un buen material para que la gente se vaya contenta de lo que se expuso en el remate, aunque no siempre se puede dejar a todos felices.
- Con el fenómeno de la construcción en nuestra ciudad, ¿usted nota el crecimiento en su rubro en ciertos artículos ligados a esta actividad?
- La verdad que ha sido algo sorprendente ya que todo lo que entraba tenía una gran demanda y los precios eran muy altos. En cambio, desde hace un par de remates atrás, los valores han bajado un poco y se ajustan más a la realidad pero tuvimos un período en el cual por el furor que había en Tandil, todas aquellas cosas ligadas a la construcción que teníamos llegaron a precios sorprendentes.
- ¿Cuál es el mejor momento del año para los remates?
- De abril a octubre se ven los mejores momentos y en esos meses sabemos si el año fue positivo o negativo en cuanto a los remates.
- Estamos en medio de una crisis, ¿desde su trabajo la siente o cree que las personas están expectantes a lo que pueda suceder de aquí a un par de meses?
- En los remates hay períodos dentro del año que no son buenos y justamente en diciembre al igual que enero, se viven los peores momentos.
Nosotros estamos obligados a dar remates porque tenemos mercadería y tenemos que hacerlo; mientras que para fin de febrero, con la llegada de los estudiantes universitarios, la actividad comienza a aumentar.
- Su padre fue el promotor de la firma hace mucho tiempo, ¿como piensa que es vista por el tandilense esta empresa?
- Lo único que puedo decir al respecto es que tenemos el respaldo de la gente, debido a que es muy difícil llegar a lograr lo que pudimos obtener. Con nosotros el consignatario no va al remate y lo que se hace en los remates, es luego lo que se paga.
Ya no vemos consignatarios viendo en los remates cuanto hace su artículo. Nosotros cumplimos con la palabra que se brindó desde el primer día y siempre la tratamos de sostener.
“No es fácil presentarse ante tanta gente”
Desde muy joven comenzó con esta vocación, a partir de todo lo que le inculcó su padre que fue un reconocido personaje de la ciudad. Hoy, varias décadas más tarde, se anima a contar algunas de las cosas que tuvo que aprender para lograr insertarse en este rubro que es tan especial.
De la práctica pudo tomar conceptos muy importantes para volcarlos en cada uno de los remates que tuvo. En la actualidad, gracias a un libro de su padre, continúa llevando la cuenta de los remates que ha realizo la firma, ya que superó los 1.100.
“Uno se tiene que animar, eso es importante. No es fácil presentarse delante de tanta gente pero quizás en mi caso la historia fue más simple ya que tenía un grupo musical y estaba acostumbrado al escenario y era similar a subir a un banco para hacer un remate”, arranca explicando Jorge Wenceslao Fernández.
- ¿De que forma se puede definir un remate?
- Un remate es libre de oferta, ya que no hay ningún artículo de buen estado que se regale. Tal vez se podrá ver la forma del precio pero no se entrega de manera gratuita. Uno siempre sugiere la oferta inicial pero eso lo vas agarrando con la experiencia. Feria americana es cuando se vende algo a tal precio y sino no se vende.
- ¿Le costó comenzar y afrontar delante de la gente los remates?
- Siempre me acuerdo de los primeros tres o cuatro remates, en los cuales me temblaba todo del susto que tenía. Igualmente el apoyo de mi padre fue fundamental para lograr encontrar el rumbo necesario en esta profesión. Después que mi padre se retira, en 1993, comencé a agregarle pequeñas cosas que ya las tenía en mente.
- ¿Cuales son los recuerdos que tiene de aquel primer remate?
- Tenía muchos nervios y contaba con un martillo de plata, de pequeñas dimensiones, que me lo había prestado Héctor Franchini ya que me lo anticipó y cumplió con su promesa. Me acuerdo que rematé el primer lote y luego le devolví el martillo y esto fue algo que jamás me lo olvidaré en los años de profesión que tengo.
- Con la experiencia que fue tomando, ¿inmediatamente en un remate se puede dar cuenta quien tiene ganas de adquirir algo de la mercadería que usted tiene?
- Eso lo fui adquiriendo con el tiempo, debido a que con el solo hecho de la mirada te das cuenta. Estas cuestiones te las da la experiencia, como sucede cuando muchos me preguntan como hago para ver cuando me levantan la mirada para fijar algún precio. Siempre miro para todos lados y entiendo los gestos, los llamados y demás; esas cosas cuando se empieza muchas veces se dejan de lado pero con el tiempo se va aprendiendo.
- Luego de tantas vivencias, ¿Cuál es el hecho que más recuerda y que tal vez hoy le resulte simpático?
- Hay un hecho que me pasó hace mucho tiempo con alguien que hoy es un amigo. En aquella época me llevó una máquina de cortar pasto y era mi cuarto o quinto remate que hacía. Estábamos en el corralón y yo empiezo a rematarla y una persona, para mi del público, me pasa una oferta y mi empleado me dice que es quien había traído la subasta e inmediatamente paré el remate ya que en nuestra firma eso no se aceptaba. Hoy esa persona me llama para mi cumpleaños, vamos a cenar juntos y tengo una muy buena amistad, pero me tocó vivir una de las anécdotas que jamás olvidaré.
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