26 de abril de 2009

Espectáculos y sociales

Espectáculos y sociales. REPORTAJES: Juan Carlos Catalano, una vida de teatro

De chico ya era una persona inquieta que le gustaba interiorizarse en todos los temas. Se formó en Capital Federal y después de realizar sus estudios primarios y secundarios, intentó estudiar medicina pero no lo pudo hacer y se terminó inclinando por las ciencias veterinarias.
Al mismo tiempo que estudiaba y trabajaba, se dedicaba a su otra pasión: el teatro. La música fue otro de los amores que tuvo Juan Carlos Catalano y seguramente cuando tenga más tiempo libre volverá a incursionar en esa actividad.
Hace muy poco tiempo, en marzo, el reconocido actor, director y autor teatral recibió una distinción por su trayectoria entregada por el Instituto Nacional del Teatro. Sin dudas que es una personalidad que a lo largo de su vida fue muy distinguido por todo lo que realizó por el teatro.
En la década del ´70 empezó a viajar semanalmente desde Buenos Aires para dar clases en Tandil. Aquí tenía un pequeño grupo de alumnos a los cuales les daba clases de teatro. A medida que los jóvenes se continuaban acercando, surgió la posibilidad de crear una facultad para que los estudiantes pudieran seguir sumando conocimientos en este rubro.
Durante su juventud hizo de todo. Nació y se formó en Villa Tranquila, en todo momento lucho para poder adecuarse a una situación muy dura que vivió por las crisis que se daba constantemente en el país. Trabajó de varias cosas y al mismo tiempo estudiaba para intentar tener un mejor futuro.
Le resta muy poco tiempo para culminar con su período como máxima autoridad de la Facultad de Arte de la Universidad Nacional del Centro y después de más de cincuenta años trabajando, ya piensa en el retiro definitivo para disfrutar de otras pasiones. La familia y la música, quizás a partir del año próximo, sean las prioridades en la vida de este hombre que nació en Capital Federal pero que se siente un tandilense más por todo lo que vivió en nuestra ciudad. Aquí se caso, formó una familia y tuvo dos hijos.
En un breve descanso que se toma en medio de un día con mucho trabajo, Juan Carlos Catalano atendió a LA VOZ para repasar su trayectoria y todas las cosas que hizo aquí y en Buenos Aires. En su despacho, ubicado en el tercer piso de la Universidad, en su sede de Pinto y Chacabuco, el multifacético Catalano con mucha amabilidad se presta al diálogo.
"Vine a parar con mis huesos a Tandil en 1970. En aquel momento vine con un equipo de trabajo de la UBA para fundar la cátedra de fisiología en la Facultad de Ciencias Veterinarias. Era joven, tenía 30 años y dábamos clases referidas a los temas que más conocíamos", comienza explicando sobre su llegada a Tandil.
- ¿Cómo se dan sus primeros viajes a Tandil teniendo en cuenta que usted en Capital Federal tenía su trabajo y familia?
- Venía a dar clases y luego a tomar exámenes. A partir de 1973 empecé a venir todo el año ya que me dieron la posibilidad de radicarme definitivamente y a partir de ese momento me quedé para siempre en esta ciudad.
- ¿ Finalmente del grupo cuántos se quedaron a vivir en Tandil?
- Había un grupo muy interesante y todos eran muy capaces. El que más continuidad tuvo fui yo porque me quedé acá y seguí trabajando, luego que la Facultad de Buenos Aires me despidiera. El resto de las personas que venía conmigo no optó por la ciudad y prefirió continuar con lo que estaba haciendo.
- ¿Cuáles fueron las cosas que lo atraparon de la ciudad para quedarse definitivamente?
- Lo que me impresionó de Tandil, aparte de sus paisajes y silencios, fue la tranquilidad que tenía esta ciudad. La cantidad de gente inquieta me llamó mucho la atención. Por lo general el 5% de la población tiene algunas inquietudes pero aquí eso era superior. Muchos colegas de Buenos Aires se sorprendían por mi decisión de quedarme aquí. Me sentía muy contenido y los alumnos me trataban de una manera increíble.
- ¿ De joven se inclinó por veterinarias, qué lo llevó a estudiar esa carrera?
- Es una historia realmente muy larga. Nací en Villa Tranquila, en Carupa, en una villa miseria que era un ejemplo de solidaridad muy intensa. Iba al secundario y en algunas fiestas que se desarrollaban en la época me daba cuenta de las diferencias sociales que había entre nosotros, la gente de la villa, y los chicos de mi edad que eran de San Fernando, una localidad que estaba cerca de donde vivía. Fui músico y tenía talento para las bellas artes, a tal punto que las maestras cuando terminé la escuela se lo comunicaron a mi padre. Cuando me recibí de perito mercantil ingresé en económicas pero en la contabilidad no anduve bien y pensé en otras opciones. En el secundario me fue muy bien con la biología y opté, inicialmente, por la medicina pero era muy complicado por la gran cantidad de materias que debía rendir para entrar.
- ¿El panorama venía medio complicado hasta que finalmente ingresó a la carrera de Veterinarias?
- Para colmo en el medio me tocó ir al servicio militar y retrasó todos los tiempos. Cuando salí comencé a trabajar para la Municipalidad de San Fernando, en un sector muy vinculado a Veterinarias. Constantemente estaba junto a veterinarios y a partir de ahí me empezó a gustar y decidí estudiarla. La pude hacer en cinco años mientras me hacía tiempo para trabajar. Después, por las cosas que tiene la vida, tuve que abandonar la música para darle la prioridad al teatro.
- ¿Qué experiencias tuvo como veterinario?
- Me tocó trabajar bastante en Buenos Aires, allí tuve varias y muy lindas experiencias que fueron muy importantes en mi vida. Era jefe de Servicios de Cardiología de los Hipódromos de San Isidro y Palermo, aunque en forma conjunta hacía algo de teatro.

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