30 de agosto de 2009
Corría agosto de 1986 cuando un grupo de jóvenes decidió la creación de un movimiento para cooperar con la gente que más lo necesitaba. Uno de esos chicos era Nicolás Habarna que estaba comenzando a transitar sus primeros pasos como docente y preceptor en el colegio San José.
Un año más tarde cumplieron con su primera misión al norte de nuestro país. En ese momento se encontraron con realidades impesansadas, totalmente diferentes a lo que veían en nuestra ciudad.
El apoyo del padre Raúl Troncoso y Juan Tombolessi fue determinante para poder comenzar a plasmar este emprendimiento. Los hermanos del colegio San José también colaboraron con esos jóvenes que a finales de la década del ´80 se decidieron a ayudar a los seres que más lo precisaban.
Los principales responsables de esta agrupación son los chicos que, en sus comienzos, le pusieron el alma a este sueño. Las familias de los integrantes y gente que pasó por el movimiento fue muy importante para poder colaborar con cada proyecto que se fueron trazando.
Una historia sencilla, poco conocida, pero muy positiva con respecto al trabajo que se hace desde Pachacamac para cooperar en todo lo posible con la gente carenciada del país. Sin dudas que esto tiene que ser un orgullo para una ciudad que ve como todos los años un grupo de chicos viaja, silenciosamente, hacía el norte del país para fomentar la educación.
Nicolás Habarna fue uno de los pioneros de Pachacamac que comenzó con varios alumnos del Colegio San José. Hoy, dos décadas después de aquella formación, este docente sigue siendo uno de los pilares de la agrupación que tiene como objetivo ayudar al prójimo.
“Nosotros con Pachacamac comenzamos en agosto de 1986. En aquella época arrancamos con siete alumnos del colegio San José ya que estaba dando clases en esa institución. Pasaron ya más de veinte años y la idea era trabajar en cuestiones ligadas a ayudar a la gente que más lo necesitaba en escuelas rurales”, señala Nicolás Habarna uno de los pioneros del grupo Pachacamac.
- ¿Cuál era el objetivo de la creación de este grupo solidario?
- Nuestra idea era trabajar en la frontera del país en las distintas escuelas rurales y más específicamente en comunidades aborígenes. Con ese objetivo se formó el grupo y se fue modelando con el tiempo y la llegada de distintas personas.
- ¿El objetivo de ustedes fue apuntar siempre a la educación?
- Con el resto de los chicos siempre tratamos de construir escuelas para que los jóvenes tuvieran educación. Cuando fuimos a la provincia de Jujuy por primera vez nos dimos cuenta de los inconvenientes que tenían en su formación educativa.
- ¿ Su juventud fue clave para el trato con sus compañeros y los adolescentes que fue conociendo en cada viaje?
- Tenía 22 años y quedaba muy impactado al ver cosas que pensaba que no existían. Era muy duro ver a los chicos pelados por la contaminación del río o ver tan de cerca la desnutrición que era algo que pensábamos que sucedía en otros países y no en el nuestro.
- ¿Qué cosas lo sorprendieron de aquel primer viaje?
- Vimos cosas durísimas y tal vez fue algo que nos dio el destino. Eramos muy jóvenes y nos mandaron a una de las escuelas más lejanas y problemáticas de la zona. Los chicos vivían en una habitación e iban a esa misma escuela; nosotros no lo podíamos creer y muchas veces ocurre cuando vemos injusticias pero el grupo no lo aceptó y por tal motivo construyó una escuela.
- ¿Impacta, duelde esa realidad?
- Realmente ver chicos que dormían en el piso, con colchones ultrachatos; no tenían calefacción con temperaturas, en invierno, que eran bajo cero. Había solo una maestra con más de treinta alumnos que no tenían agua potable, no había luz. La verdad que fue algo que nos motivó a trabajar y ayudar a los que no tenían los recursos mínimos.
- ¿Cuál fue la reacción de esos chicos y la docente al verlos llegar al lugar para intentar ayudarlos?
- Ellos se escondían y les daba vergüenza que nosotros estuviéramos ahí. Esto pasó en 1987 y nosotros vinimos con muchas ideas para comprometerse con la causa y no resignarnos. En el cerro estuvimos once días y todos los días izábamos la bandera de un país que no se acuerda que hay chicos con hambre, frío y no tienen los medios para vivir en ese lugar. Esos chicos padecían el olvido y a la bandera hay que dignificarla haciendo cosas por la gente.
- ¿Esa situación los impulsó a la construcción de escuelas?
- Construimos una escuela hermosa que nos llevó años hacerla porque hacemos todo a pulmón, porque no tenemos ningún tipo de financiamiento. Lentamente fuimos cumpliendo con este sueño, realizamos habitaciones, aulas y tienen agua potable y electricidad.
- ¿Qué vieron en los ojos de esos chicos una vez que se terminó con esta obra?
- Esos chicos no tenían brillo en sus ojos al principio y por primera vez se prendió una lamparita, un foco en esa zona cuando se trabajó para comprar y armar todo este proyecto. Los dueños de esa alegría fueron chicos tandilenses que desinteresadamente cooperaron en este emprendimiento para dejar su huella. Cuando se finalizó con la obra, esos jóvenes estudiantes no lo podían creer y tenían una felicidad inmensa.
- ¿Qué sensaciones les quedaron a todos ustedes cuando terminaron con la construcción de la escuela?
- Fue algo maravilloso después de mucho tiempo de trabajo y esfuerzo. Es algo muy lindo lo que pudimos concretar porque esa escuela no tiene nada que envidiarle al resto debido a que tiene todas las comodidades necesarias. Esa fue la primera escuela que hicimos y continuamos en contacto porque le pusimos unos equipos de comunicaciones para estar al tanto de todo lo que sucedía.
- ¿ Que hicieron luego en beneficio del pueblo de esa zona?
- Al principio empezamos ayudando a doce familias pero finalmente cooperamos con ocho. A las cuales se le puso agua potable, energía y luz. Para llevar el agua potable tuvimos que hacer un canal, entre el cerro, de casi dos kilómetros. Nos levantábamos a las seis de la mañana y culminábamos cuando bajaba el sol.
- ¿Es muy difícil poder hacer una escuela en estas condiciones de vida y trabajo?
- A la primera escuela que hicimos le pusieron el nombre de la Agrupación. Después continuamos en otra escuelita de Jujuy, Alfarcito, y los chicos interactuaban a partir de los equipos de comunicación y se pasaban la tarea y otras cuestiones ligadas a lo escolar.
- ¿Cómo fue la experiencia de ayudar al prójimo en Salta?
- El padre Juan Tombolessi que me conocía de chico, ya que me bautizó, me pidió que fuéramos para colaborar con todas las necesidades que tenían en ese pueblo. Nos fuimos para allá y nos pidió construir una escuela en una zona selvática, con una comunidad aborigen. Estuvimos varios años trabajando. Fue algo muy gratificante para todos nosotros y realmente es una hermosa alegría cuando vez todo realizado.
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