23 de agosto de 2009

Locales

Locales. REPORTAJES: Raúl Alberto Laffargue, vendedor de noticias y anécdotas

Llegó a Tandil siendo muy joven y empezó a trabajar como alambrador. Durante algunos años estuvo haciendo varios encargos para la familia Magnasco. Sin embargo, por esas cuestiones que tiene la vida, se cruzó con Alcira Paz con quien se casó poco después y fue su inseparable compañera.
Raúl Alberto Laffargue es el propietario de una historia muy interesante desde el lugar que se la analice. De una familia muy numerosa, con 20 hermanos fue amoldándose a una situación bastante atípica. Con mucho amor y cariño se fue formando dentro de una de las familias más populares de la localidad de Claraz.
Ya pasaron cuatro décadas desde sus comienzos como canillita en nuestra ciudad. Empezó vendiendo diarios en la esquina donde actualmente tiene su kiosco. De a poco se fue haciendo popular y en la actualidad es el único de aquellos trabajadores del papel que comenzaron de la mano de Roberto Berkunsky.
La compañía de su mujer en este camino fue muy importante. Con ella se fueron embarcando en distintos proyectos. Con sacrificio, entrega y una buena atención, lograron hacer del negocio un lugar constante de visitas para los tandilenses que no solamente se acercaban para comprar los periódicos o semanarios sino que iban por el trato de sus dueños con los clientes.
En todo momento se ve la buena atención que se le dedica al cliente y la amabilidad con la cual intenta vender los distintos diarios y revistas. Muchos son los vecinos o conocidos que pasan por el laburar para entablar dialogo con los propietarios, debido a que con los años han generado una muy buena relación con las personas que diariamente se acercan hasta el kiosco.
Con este trabajo pudo cosechar grandes amigos que se acercan constantemente para charlar, compartir un momento y debatir, entre otros temas, sobre el fútbol que es la gran pasión de “Beto” Laffargue. También fue clave el acompañamiento de su cuñada, Elvira Paz, quien colaboró con el kiosco durante más de veinte años.
Luego de pasar por varios trabajos, desde hace cuarenta años que cumple a la perfección con un oficio que requiere de constancia y sacrificio. Con el maté de por medio, en una fría tarde, en donde la lluvia comienza a amenazar, Laffargue recibe a LA VOZ en el Kiosco “El Reloj”.
“En este trabajo empezamos de muy jóvenes, de hecho mi mujer fue muy importante ayudándome y acompañándome en todo momento. Con mi cuñado comenzamos trabajando y otras personas que también pusieron un kiosco en distintos puntos de la ciudad”, arranca comentando “Beto” Laffargue.
- ¿Había llegado a Tandil con la intención de ser alambrador?
- Mi oficio era el de alambrador porque venía de una familia de campo en Claraz y todos nos dedicábamos a lo mismo. Mi llegada a Tandil se da porque tuvimos que trasladarnos para hacer un trabajo a la familia Magnasco y después me instale acá. Vine para el lado de Fultón, en donde jugué un tiempo en el equipo de fútbol de primera división.
- ¿También tuvo una experiencia con el turf antes de llegar a Tandil?
- Era muy joven cuando me desempeñaba como jockey y fue una experiencia muy linda. Duró aproximadamente dos años, estuve corriendo en Santa Fe, Puerto Madryn, Bahía Blanca y otras ciudades.
- ¿Cuando conoce a su esposa su vida comenzó a dar un giro radical?
- Ella fue la que me dijo que dejara el campo y me viniera para la ciudad. Enseguida me contactó con sus hermanos que ya vendían diarios para que me dieran una mano y pudiera empezar a trabajar en eso. Acepté el ofrecimiento y comencé a dar los primeros pasos en algo que era totalmente nuevo para mí.
- ¿Cómo era empezar a trabajar en un rubro en el cual jamás había incursionado?
- Eran épocas realmente muy distintas y fuimos varios los que comenzamos al mismo tiempo poniendo un kiosco de diario y revistas. En varios puntos de la ciudad abrieron estos kioscos y, como éramos pocos, trabajábamos muy bien. En mi caso arranque en la misma esquina en la que estoy en la actualidad, Santamarina y Marconi, pero no había el movimiento que se ve en estos momentos.
- ¿El kiosco siempre funcionó en Santamarina y Marconi?
- Cuando estaba en El Reloj la gente muchas veces se lo llevaba por delante y después los militares decidieron sacarlo. Siempre vendía en esa esquina, armaba el fuego y me ponía a vender. Vi muchos accidentes en esa esquina porque lo abría muy temprano para tratar de hacer una buena venta. Con mi esposa siempre abrimos temprano e intentamos tenerlo bien equipado.
- ¿Qué empezó vendiendo en sus primeras épocas?
- Al principio vendía el diario El Eco y Actividades. Teníamos otro país y llegué a vender entre 300 y 400 ejemplares de la revista “El Gráfico” pero contábamos con una Argentina más rica y la gente tenía dinero. Después con el tiempo las cosas fueron cambiando y obviamente que las ventas han ido disminuyendo.
- ¿Al principio vendía en la calle?
- Estaba en la calle vendiendo diarios hasta que surgió la oportunidad de abrir el kiosco. En la avenida me paraba y vendía los diarios. La verdad que fueron momentos muy lindos por los que me tocó pasar. En 1969 comencé con este trabajo y luego de varios años me casé. Pude hacerme la casa, pagar la fiesta e irme de viaje de luna de miel a Córdoba.
- ¿Pudo formar su propia familia y logró vivir tranquilamente con el trabajo?
- Este trabajo, al que le debo mucho a mi señora Alcira Paz, me permitió poder casarme, hacer la casa y vivir dignamente. Se vivía más tranquilo y no había tanta desigualdad, como pasa ahora, entre las clases sociales.
- ¿Cómo hizo para montar el kiosco?
- Berkunsky trajo los kioscos de afuera y nos dio muchas posibilidades para pagarlo. Fue una experiencia inolvidable porque uno guarda los mejores recuerdos, como toda cosa que recién se empieza. Con mi esposa le fuimos dando la forma al kiosco para tenerlo bien completo y que la gente pudiera disfrutar de todo el material que estaba a la venta. Roberto (Berkunsky) nos ayudó muchísimo porque fue el que nos guío en este emprendimiento.
- ¿Qué diferencias le encontró a este oficio con otros que usted tuvo?
- Es muy sacrificada esta actividad pero nosotros lo hacemos porque nos gusta lo que hacemos. No tenés horarios y hay que cumplir con las agencias que nos distribuyen las distintas revistas y diarios. Ahora no vendó lo mismo que en mis primeras épocas.
- ¿Se mantiene el oficio o los que empiezan lo toman como un trabajo más?
- Hay muy buenos chicos pero los momentos son distintos. Nunca tuve un problema con el resto de los colegas y siempre me llevé muy bien con el resto de los muchachos que trabajan en los kioscos de diarios y revistas.

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