23 de febrero de 2012

Nacionales

Nacionales. Responsabilidades

Por Ernesto Behrensen (DyN)


Cuarenta y nueve familias lloraron anoche a sus muertos. Personas que llegaban a la ciudad para trabajar como todos los días, resignadas a viajar mal, hacinadas, no se imaginaron lo que les ocurriría.
Otros cientos de familias agradecerán a Dios haber salido con vida y sólo con heridas del tercer accidente ferroviario más trágico de la historia argentina.
Pero ni unos ni los otros -ni tampoco el resto de la sociedad-, podrán irse a dormir sabiendo cuál fue la causa y la responsabilidades que caben por el accidente.
La verborragia del secretario de Transporte Juan Pablo Schiavi -incluso llegó a decir que "si pasaba ayer (por el miércoles) no era tan grave"- resultó insuficiente a la hora de echar luz.
Su soberbia al decir que no respondería preguntas pareció destinada a evitarse momentos incómodos más que una actitud responsable. No sea cosa que deba responder sobre las medidas que aplica su área para evitar el calamitoso modo en el que se viaja.
Por estas horas, las usinas oficiales pergeñarán estrategias discursivas para intentar esquivar la responsabilidad que le cabe a la Nación por el pésimo servicio de transporte que debe controlar. En ese marco, bucearán en argumentos que los libere de culpa y cargo y escudriñarán en la oposición y el periodismo en busca de un responsable.
Pero la gravedad del hecho, con 49 muertos, no deja lugar para elucubraciones mágicas. Difícil será responsabilizar a Pino Solanas como lo hicieron en su momento por vagones incendiados. O a los medios no afines al gobierno de agrandar y utilizar amañadamente una información. Tampoco se podrá achacar a Mauricio Macri responsabilidades.
Los trenes dependen de la Nación. Reciben miles de millones de pesos en materia de subsidios de la Nación. Desde la Nación se anunció infinidad de obras, compra de vagones, remodelaciones y soterramientos.
Pero lo cierto es que viajar en tren en el área metropolitana es una odiesa en la que la delincuencia, las fallas, las demoras y la muerte son cosas de todos los días.
Difícil le será a la Nación eludir su responsabilidad en la tragedia, que desnuda una criminal falta de controles.
Hoy el foco está puesto en los trenes por los 49 muertos. Pero en los próximos días, cuando los ecos se acallen, miles y miles de personas seguirán viajando como ganado y rezando para que ese milagro diario de llegar sano y salvo a destino se siga cumpliendo.

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