31 de mayo de 2013

Locales

Locales. RINCON TRADICIONALISTA: “…Yo tenía un facón con S que era de lima de acero…”

Dice en uno de sus versos José Hernández en el inmortal “Martín Fierro” o también “…saque ese que no yerra fuego…” siempre refiriéndose a su cuchillo, arma emblemática del gaucho considerada y con razón la extensión de su propio brazo, con la que comía, cuereaba, construía su rancho, marcaba el camino, carneaba y también cerraba una discusión, convirtiendo a ese pedazo de acero en un mito que se transporta hasta nuestros días , donde hasta el hombre no ligado íntimamente al campo desea poseerlo y compra o se hace realizar por plateros y cuchilleros especializados en la platería criolla y soguería fina verdaderas obras de arte, buscando en los posible obtener hojas de marca mayor (antiguas o con el sello de artesanos reconocidos) para confeccionarlos al mejor estilo criollo en el reducido espacio que hoy dejan coleccionistas y tradicionalistas para ubicarlas.

Y fue el duelo criollo, el que hizo más famoso al gaucho, por el excelente manejo de esa herramienta que el conocía como nadie, a tal punto de realizarse desafíos entre cuchilleros de nombre para demostrar su habilidad, que en muchos casos traspasaba los límites de los pagos que habitaban, por lo que quisiera transcribir aquí un relato verídico que cuenta Don Mario A. López Osornio en su libro “Esgrima Criolla” donde podrán constatar esas costumbres de antaño.

“…-Contaba un viejo paisano de Balcarce, que existió uno, cuya fama salto de rancho en rancho y sobrepaso los límites del pago, hasta llegar al Salto Argentino, donde también había otro hombre como aquel, capaz de enfrentar al más decidido esgrimista del cuchillo.

Ya sabemos que la confianza en si da valor y la admiración al valor, satisface tanto como el elogio estimulativo al artífice. Por ello sería, tal vez, que una tarde, el celoso sportman del norte, en compañía de cuatro o cinco amigos que le sirviesen de testigos, bajo a buscar a su rival del sur. Arribaron días mas tarde, a la esquina de la residencia y con atención preguntaron:

-diga señor ¿por aquí vive julano?

-si señores, les contesto el pulpero.

-pues amigo, en cuantito yegue, háganos el favor de avisarnos…

Y paso esa tarde y llego la noche blanca de luz de estrellas y fresca en el reposo de un día estival que les dio a los hombres el rezumo de serenidad de la tierra pampa para templar sus guitarras y cantar antes de echarse a dormir.

A la mañana siguiente muy de madrugada, un muchachito llegó corriendo y les dijo sofocadamente: manda a decir mi tata, que ahí llego la persona que ustedes buscaban…

-Ajah!- le contesto el interesado, agregando:

-decile que vamos pa’ aya…

Y los amigos que le acompañaban se miraron entre ellos pensativos ante la inminencia del fin perseguido, pensando en la forma en que habrían de desarrollarse los hechos. No dudaban del compañero, puesto que lo conocían sano, integro, seguro de su habilidad estupenda para manejar el cuchillo, pero calculaban en la suerte que habría de aparejársele. Poco después lo vieron ajustarse la faja y apretarse la bincha con la misma tranquilidad que un pelotari o un carrerista se prepara en un lance de sus gustos. Sabían además, que el mozo no deseaba matar, desde el momento que ningún odio lo animaba, pero sabían también, que era capaz de morir con tal de arrebatarle a su rival la aureola de nombradía que tenia.

- ¿Uste es julano no?

-Ansina es señor…

-Mucho gusto e tratarlo señor…Y le tendió su mano ancha de peón campesino.

-¿Tomamos una copa? Agregó cumplido.

Y…Como guste- le contestó, agregando intrigado: Y si no lo molesto ¿Podría saber pa’ que me andaba campiando?

-Como no….Pues en mi pago…me anoticie de que uste era hombre guapo ¿no? Y…como yo me creigo ansina…se me dio por probarlo…

El asombro desconcertó un tanto a su interlocutor, pero como era nativo, reacciono en forma, contestándole de inmediato:

-Y…si ansina es su antojo…cuando guste nomás…

El sol no se había remontado aun mucho sobre la línea del cenit, apenas dos lanzas sobre la tierra. Su color gualda parecía más amarillo que nunca. Las hojas de las plantas se acunaban levemente al soplo apacible de las brisas mañaneras. A cincuenta metros de la ramada bajo la cual bebieron una copa para “asentar los nervios”, dos hombres, rodeados de ocho o diez mirones, se descalzaban las espuelas para aliviarse los pies. Instantes más tarde, el choque de los aceros enervaba a los espectadores de una extraña voluptuosidad. Iniciaron la lucha con fáciles bailoteos, cosa de poderse divertir un rato antes de que el encono les encegueciera totalmente. Parecían gallos de riña, estudiándose golpe tras golpe, hasta encontrar la falla imperceptible que les abriese una brecha en la lid, de manera que les elevase en su jerarquía de diletantes en el manejo del cuchillo. Un momento más tarde, cuando el rubor comenzó a teñir sus mejillas retostadas por el sol y la luz reverberante de los campos, empezaron a enardecerse. Ya no estaban jugando ni pensando, mientras combatían, en la china al veril del alambrado, ni en la bendición de la madre vieja al darle los buenos días, ahora recordaban las nítidas visiones de cien encuentros similares a ese grabados en la memoria, para ver si hallaban en alguno de ellos la inspiración de un tajo que venciese al rival, al celoso competidor de la fama y de la gloria que imponía miradas de respeto y de admiración en la vida, que a tan elevado precio había que adquirirla.

Media hora estuvieron así peleando, tirando cuchilladas capaces de matar, jugándose la existencia en “puñaladas largas” o en “paradas” magistrales, obtenidas a expensas de movimientos elásticos de pumas embravecidos, sin llegar a lesionarse, hasta que sudorosos y excitantes, oyeron que uno de los espectadores, haciéndose eco de la voluntad colectiva, decía:

-¡Basta¡ ¡Basta¡ ¡Párense¡- Y, decidido, acababa de interponerse entre ambos contendientes, agregando:

-Párense que pa’ juicio e’ tuitos… esta carrera es puesta para los dos…Y ustedes… ¿Qué opinan?

-Y que pa’ mi también lo es…

-Lo mesmo digo yo… Contestaron alternativamente uno y otro de los combatientes, al instante de clavar las armas en el suelo y estrecharse en un abrazo, regocijados de hallarse representando cada cual, una fuerza igual a la de su enemigo, incapaz de anularse entre si y comprensibles de la nobleza de sus meritos y corazones.”

A pesar de haber existido también gauchos peleadores y pendencieros (tal vez menos que en la sociedad actual, que se mata porque si) y fueron perseguidos por leyes y Jueces de Paz que intentaban de alguna forma poner orden en la campaña de un país que se estaba formando, también pasaban estas cosas que acabo de relatar que hablaban a las claras de espíritus nobles y libres, donde la vida y la muerte era tomada casi en broma por estos personajes, al montar un potro, largarse de la maroma, “vistear a dedo tiznao”, o en definitiva hacerlo a filo de cuchillo…. una verdadera semblanza de nuestros gauchos.

Bueno amigos espero les haya gustado la nota, y ah! paisano, hágase una gauchada, dése una vuelta por la sala de Hemoterapia de “nuestro” Hospital y done sangre, el pago agradecido, hasta la próxima. rincontradicionalista@hotmail.com

Comentarios

0

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.

Cargando comentarios...

Subscribite para recibir todas nuestras novedades

data fiscal  © 2026 | La Voz de Tandil | Av. del Valle 1220 - Tandil