3 de septiembre de 2010
por Ernesto R. Sangineto
En notas anteriores he hablado extensamente sobre tipos de cuchillos, su historia en nuestro país, marcas de hojas famosas y preferencia de nuestros gauchos a lo largo de la aparición de este personaje que nos ocupa en la pampa argentina. Modos y costumbres para su uso, la esgrima criolla en los famosos duelos a cuchillo de gauchos y orilleros, y también como citaré hoy, ciertos códigos o supersticiones por así decirlo que rodearon a este místico objeto de corte que para muchos fue y es la extensión del brazo de nuestro hombre de campo.
Entre esos “códigos” respecto del empleo y manipulación del cuchillo una de las costumbres más arraigadas, vigente hoy es la que un cuchillo no debe regalarse, ya que su obsequio provocaría inexorablemente una pelea o el rompimiento de la amistad entre el que obsequia y el obsequiado. Por esta razón cuando un criollo regala un cuchillo, preciado presente entre nosotros, en realidad “vende” por algunas monedas por insignificantes que sean al beneficiario el que paga de muy buen grado eludiendo de esta manera la posibilidad o el peligro de una futura pelea.
Esta tradición es bien recibida entre los aficionados a la tenencia de estas piezas no solo por el valor de las mismas sino por el sabido culto que hace el gaucho por la amistad.
Si el beneficiario es una dama, un cuchillo pequeño y delicado, un cuchillo criollo de pequeñas dimensiones y finamente cincelado en plata, o un respetable cuchillo de cocina de buen acero y marca serán apreciados he igualmente demandado el correspondiente pago para evitar posibles males aún tratándose de nuestra esposa o suegra.
Soñar con cuchillo era presagio de desgracia futura.
Entregar un cuchillo con el cabo dirigido hacia la persona que lo recibe indica cortesía y amistad.
Entregarlo con la punta hacia el otro, sugiere desprecio o desafío.
Cuando un gaucho se “desgraciaba” durante una pelea, dejar el muerto cara arriba en el apuro de la huida era un seguro augurio del rápido esclarecimiento del crimen.
Matar con daga sin cruz (sin guardamano) significaba el deseo de que el muerto no obtuviese el descanso eterno.
Un cuchillo “perdido” aquel que se deja por olvido en algún rincón cajón, etc., y si no es utilizado durante algún tiempo al hallarlo tiempo después quedaría reservado solo para trabajar en soga por ser considerado blando, se trataba de explicar que el oxido adherido a la hoja perdería su temple. Contrariamente algunas creencias dictan que los cuchillos deben guardarse por algún tiempo pues el acero “mejora” o se añeja con el tiempo adquiriendo mejores características, todo esto obviamente no tiene un sustento técnico o científico valedero.
Otra idea arraigada sobre el posible mejoramiento de una hoja, es la que contempla su introducción en la tierra por un periodo, lo que contribuiría a la “curación” del acero. Esta concepción podría tener una cuota de realidad tratándose de una hoja recién templada sobre la que acción combinada del a humedad de la tierra y sus componentes minerales podrían tener una acción adicional al temple al “terminar” una conversión accesoria a la transformación sufrida por el acero al realizársele el temple tradicional.
El cuchillo fue utilizado como “detector” para lo cual se lo clavaba en el suelo en tanto el gaucho acercaba su oído a la hoja distinguiendo, según sus vibraciones, el acercamiento de un malón, del pesado caminar de una carreta, del galope de un jinete del tránsito de animales, etc., etc. El cuchillo clavado en el piso junto con otro objeto que le sirviera de referencia le permitía al gaucho obtener “enfilaciones” para orientarse o para detectar el movimiento de seres u objetos a grandes distancias.
Otra costumbre según datan relatos de la época el criollo al entrar a una pulpería clavaba su cuchillo en el mostrador en pública demostración de que su visita no pretendía crear peleas declinando el uso de su arma intención que en más de una oportunidad no pudo ser cumplida por su dueño, tan dramáticas y cambiantes eran las circunstancias en aquellos lugares tan pintorescos que frecuento nuestro gaucho.
En la foto que acompaña la nota vemos un soberbio cuchillo picazo grabado y cincelado en plata y oro con hoja antigua damasquinada perteneciente al reconocido y premiado tradicionalista local Héctor “Cacho” Gentil, un cuchillo picazo con cabo de hueso y plata con el cuño del platero local Juan López de Armentia con hoja “Arbolito” importada de Alemania y un cuchillo caronero también encabado en hueso y plata con el cuño del mismo platero cuya hoja fue obtenida de la bayoneta de un fusil de origen inglés “Tower” del año 1806 aproximadamente (Invasiones Inglesas) estos dos últimos de mi propiedad.
Bueno amigos espero le haya gustado la nota, será hasta la próxima.
Correo de lectores abierto.
Pd:Un saludo y felicitación a la Agrupación Criollos del Tandil en su 25? Aniversario que lo festejarán en las instalaciones de la Universidad Barrial de Villa Aguirre este sábado 4 de septiembre con un asado criollo y familiar.
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