26 de agosto de 2008
Al festejar un nuevo aniversario de la muerte del padre de la patria el Gral. José de San Martín y como es sabido que este formó sus ejércitos libertadores con hombres de campo, arrieros y criollos que dieron a esta tierra su sangre y sacrificio en pos de lograr safar del yugo español primero y luego el de las otras naciones imperialistas, que al igual que hoy ambicionaban hacerse de los recursos que esta tierra disponía en cantidades ilimitadas, formaron los cuadros guerreros de los denomina- dos después gauchi-soldados, que emplearon en las batallas las pilchas que disponían y mejor adaptadas al medio donde se desempeñaban.
Los gauchos del noroeste argentino, los salteños especialmente usaban y aún lucen una silla de altos borrenes muy similar a la primitiva silla española que se adaptaba perfectamente a la marcha de los caballos, que era de trote por lo quebrado del terreno que no permitía galopar con comodidad, paso que apreciamos en el caballo de paso peruano que al decir de los que los poseen tienen un aire de marcha inigualable a pesar de “pasuquear”.
Los traslados de las ciudades del norte, desde el Alto Perú hasta Buenos Aires exigían largos días de marcha, lo que obviamente requería una silla por demás cómoda (tres meses para la distancia entre Salta y Buenos Aires).
Don Martín Miguel de Güemes armó un ejército de jinetes “los infernales” como se les dio en llamar que en su guerra de guerrillas combatían con al invasor en la frontera norte del país utilizaban este apero en sus montados que se construía en madera la silla retobada y cosida con tientos de potro con las cabezadas en forma de arco reforzadas con planchuelas de hierro en tanto que la parte posterior lleva forma de peineta del tipo español (similar al malabrigo correntino). La silla se apoya sobre un pelero grueso de lana y los jergones (una o dos mantas de lana) y una carona de vaca o yaguareté con el pelo a la vista.
Los estribos son tallados en madera de tala prendidos con estribera de lonja se los suele denominar “trompa de chancho”.
Lleva una cincha de tientos retorcidos y una encimera ancha de lonja, sobre el recado coloca tres pellones (cueros de oveja o cabra) y un sobrepellón o sobrepuesto como decimos aquí de badana o “perico ligero” si es de gran lujo. Finalmente se ajusta un pegual formado por la encimera y la cincha unidos por el correón y la correa. Para el trabajo campero se utiliza un cabresto corto en trenza “de cinco” chata denominada “cimbao”.
Otras dos prendas distintivas son la “lonja cogotera” y el lazo que son de una calidad exquisita y para terminar los guardamontes que cumplen una función central en la geografía de la provincia. Colgados desde la cabezada se los ajusta con tientos que se afirman en la encimera. Como es de imaginarse los guardamontes de trabajo son más pequeños y cómodos que los domingueros que se lucen en la ciudad en desfiles y presentaciones puesto que su función principal es la de proteger el cuerpo y sobretodo las piernas del jinetes en los ásperos montes de tala y los espinos de “binal” tan propios de la zona que producen feas y dolorosas heridas en el trabajo con hacienda.
En la ilustración que acompaña la nota vemos un lujoso apero salteño perteneciente a Don Amadeo Lastra de principios de siglo XX. Carona de suela con grandes punteras recubiertas en plata al igual que los arzones, carona de yaguareté con ribetes de plata y como sobrepuesto un “perico ligero”, pegual de cuero crudo y cincha en ramales con tiento retorcido, punzón de talabartería Mattaldi, estribos trompa de chancho con aplicaciones en plata.
Buenos amigos espero les haya gustado la nota les saludo y hasta la próxima.
Comentarios
0Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales.
Iniciá sesión para dejar tu comentario
Iniciar sesiónCargando comentarios...
Denunciar comentario